El uso de contenidos en la red parece no apelar a la razón. Hoy, discernir la veracidad y utilidad de la gran cantidad de información que viaja en internet se torna algo automático.

 

Jean Baudrillard fue un filósofo y sociólogo francés crítico de la cultura en general y estudioso del posmodernismo. Autor de diversos libros, se dio a la tarea de analizar el impacto de la tecnología en el arte y la comunicación, analizar el concepto de imagen, consumo y objeto, y estudiar el nuevo rol de los medios de comunicación masiva. Todo esto derivado del paradigma tecnológico que dio lugar a cambios significativos en el mundo.

Ante opiniones, estudios, análisis y libros acerca de la tecnología, los nuevos escenarios de convivencia que nos ofrece la tecnología y su influencia en un mundo globalizado, vale la pena revisar el punto de vista de un filósofo que fue testigo de la evolución paulatina de la humanidad ante la aparición de la tecnología.

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Una visión fatalista pero realista

“La intervención de la tecnología y la aparición de un mundo virtual y paralelo le quitan sentido a la vida, pues ya no hay nada por descubrir, todo está dicho.” Esta afirmación de Baudrillard, fatalista pero realista, es una reacción, de cierta forma natural, de quien vivió la transición de la modernidad a la posmodernidad en el arte y la comunicación.

Cuando todo es alcanzable y visto al mínimo detalle, todo parece estar dicho. El autor observaba cómo nos hemos perdido ante la virtualidad, donde la imagen, sin esencia alguna, torna cualquier conducta en un acto meramente imitativo – mimético–. Como crítico de la imagen, la significación y el símbolo, afirmaba: “La tecnología no da cabida a la emoción, y ante la cantidad de estímulos se elimina la razón, actuando de una manera puramente impulsiva.”

 

La virtualidad es mimética

El uso de contenidos en la red parece no apelar a la razón; la generación y réplica de información parece algo natural, sin serlo del todo. Según Joshua Grene, en su artículo “Deep Pragmatism”, nuestra forma de aprendizaje puede compararse de manera metafórica con una cámara fotográfica: se puede decidir si usarla en forma manual o en forma automática. Nuestro cerebro funciona de manera similar: la forma manual es razonada, y la automática, como su nombre lo dice, es una respuesta instantánea, sin pasar por el filtro de la razón.

Para Baudrillard, la réplica de información parece ser un proceso en que el razonamiento se hace ausente. Hoy, como en los siglos pasados, las prácticas de imitación prevalecen; sin embargo, la gran diferencia es su multiplicación casi enferma producto del alcance de internet. Entonces actuamos como el resto: replicamos todo y nos comportamos igual. Discernir la veracidad y utilidad de esa gran cantidad de información que viaja en la red se torna automática. Cancelamos el modo manual, como si la información ya estuviera previamente seleccionada, comparada y razonada.

De cara al uso de los medios de comunicación masiva, el proceso de comunicación se invierte, y éstos se reacomodan al paso de nuevas costumbres y de una cultura redefinida por la tecnología. Lo que antes sucedía en los medios de comunicación masiva ahora sucede en las redes sociales. La información no tiene fronteras y la nota de ocho columnas pierde vigencia con 140 caracteres, al tiempo que se produce una noticia.

Más allá de las nuevas estructuras generadas por el cambio tecnológico, el principal cuestionamiento del filósofo francés apela al uso que le damos a la información. Nuestro sentido de análisis y de apreciación. Nuestro instinto de curiosidad de ir un poco más allá de lo que la red: razón o réplica.

 

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Semántik

 

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