Vale la pena desarrollar una visión realista de la inseguridad en la Ciudad Arrecife, la zona que está en continua construcción.

 

 

El estigma más persistente de la periferia es su inseguridad. La imagen del paisaje postapocalíptico de la orilla de la Zona Conurbada del Valle de México es uno de los clichés de nuestros días –casi a nivel internacional–, un legado de los años ochenta, cuando la Ciudad de México, una de las primeras megalópolis del mundo, parecía la visión profética de un futuro que pocos querían. Y parte de esa imagen hollywoodense es la violencia.

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Entonces, demarcaciones completas como Ciudad Nezahualcóyotl, Iztapalapa y Ecatepec han sido estigmatizadas como zonas de mala muerte. Pese a muchas predicciones, sucedió lo contrario. Durante un recorrido de 51 días que hice alrededor de la Zona Conurbada del Valle de México, no fui asaltado ni una vez. Tampoco vi a otros siendo asaltados. En mi honesta opinión, ser atropellado en la caótica infraestructura de la periferia es el mayor peligro que el peatón podría enfrentar todo el tiempo antes que ser asaltado.

Cabe mencionar que las zonas policiacas de mayor incidencia delictiva tienden a ser más céntricas, como las zonas alrededor de Tacuba, Tepito y Tacubaya –o las colonias entre Ciudad Nezahualcóyotl en el Estado de México, e Iztapalapa, en el Distrito Federal.

Pero naturalmente hay zonas peligrosas en la Ciudad Arrecife, aunque no tantas como los paisajes que inspiraron la película Elysium, con Matt Damon. Vale la pena desarrollar una visión realista de la inseguridad en la Ciudad Arrecife –la parte de la ciudad que está en continua construcción por la periferia.

Al momento de iniciar mi recorrido, los barrios que me dieron miedo eran los que estaban sin pavimentar y con chozas en obra negra. Por su apariencia tan pobre e improvisada conformaban mucho la imagen de postapocalipsis que me había formado. Sin embargo, con el tiempo y la interacción con los habitantes de esas áreas me di cuenta que estos barrios se veían así porque los colonos no tenían mucho tiempo radicando allí. En el fondo eran gente que estaba buscando construir una nueva vida, y casa, en una zona de la periferia. Por lo mismo estaban en una dinámica en alguna forma bastante positiva, de construcción del ascenso social. Naturalmente hubo problemas de inseguridad, principalmente porque las casas semiconstruidas, sin ventanas, sin piso, con algunas paredes que aún faltan, por sí son inseguras. Por lo mismo, tener un perro guardián es casi indispensable para los colonos. Pero a pesar de su apariencia, estos barrios resultaron no ser tan peligrosos.

Las colonias que por reputación y vibra son realmente peligrosas resultaron ser más viejas. Allí, cuando los procesos de construcción y la actividad económica que genera se han consolidado, hay mayor potencial para que se maleen. Entonces las colonias que percibí como peligrosas, como Cuchillo del Sol, en Neza; La Presa, en Ecatepec, y Urbanistas, en Tlalnepantla, ya tienen un aspecto más terminado, con casas de dos o tres pisos, pavimentación y servicios públicos, y una edad arriba de los 30 años. Creo que se necesitan varias generaciones perdidas para llegar a una cultura familiar netamente delincuencial.

Otro aspecto en la inseguridad de las colonias es su forma. Las que son un embudo, con una sola entrada, se prestan al control por grupos delictivos, porque se tiene un mayor control de la entrada. Vigilando la entrada también se sabe exactamente quiénes entran y la llegada de la policía. Una ubicación típica de colonias de la orilla de la Zona Conurbada del Valle de México es que están construidas en valles que suben los cerros, terminando en las laderas empinadas de los cerros.

Por la topografía, las calles son angostas, con muchas vueltas; hay muchas escaleras peatonales y otros obstáculos para el tránsito. Las unidades de la policía son vulnerables en estas condiciones, especialmente cuando no cuentan con el apoyo de los vecinos. Al mismo tiempo, a veces los vecinos consideran a la misma policía como organizaciones delictivas, por casos de extorsión y colusión con la criminalidad que ha habido entre los oficiales. Entonces, en gran parte de la periferia la policía realmente no es tan bienvenida. La falta de ley tampoco ayuda a frenar la inseguridad.

Finalmente, esta misma falta de ley puede promover los linchamientos, que además de dar salida directa a las frustraciones de las comunidades, pueden tener un carácter admonitorio: aquí linchamos, no te metas. Un habitante de San Francisco Tecozpa me contó del linchamiento de dos policías en el pueblo cuando intentaron extorsionar a unos jóvenes cuando estaban tomando cerveza en la calle; fueron acribillados con sus propias armas. Mi fuente cerró su observación señalando que desde entonces no han tenido muchos problemas con los policías. Cabe mencionar que hasta hoy en San Francisco Tecozpa puedes tomar una cerveza en la vía pública. Pero el linchamiento, por su naturaleza, también es una forma de inseguridad.

Todos estos elementos contribuyen a la percepción de inseguridad sobre la orilla de la Zona Conurbada del Valle de México. Realmente lo sorprendente es la falta de planeación urbana, la falta de oportunidades económicas y la administración de justicia disfuncional en México. La gente que viene a colonizar estas zonas, lo hace con el propósito de construir una mejor vida por la derecha, aunque sea en condiciones difíciles. Son muy decentes. La denostación de estas zonas no les va a hacer más seguros; sólo más aislados.

 

Adenda: Ya tengo cinco semanas intentando conseguir que Telmex haga el cambio de domicilio del servicio de Internet y teléfono, algo que parece ser muy difícil para ellos. Lo pensaría muy bien antes de dejar el megaproyecto del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México en las manos del mismo grupo empresarial. Podría resultar que en lugar de un aeropuerto de altura en el sitio del lago de Texcoco entreguen el parque acuático más caro en la historia de la humanidad.

 

 

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