Al tiempo que la economía no crece, un sector pasa por días de gloria: el blindaje de autos. Así, mientras el discurso oficial presume que “aquí no pasa nada”, los reportes de la  industria hablan de un crecimiento que incluso responde a un interés de la clase media por estar protegida. Como sea, ésta es una historia que involucra 100 mdd.

 

Por Enrique Jiménez

 

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Cuatro muertos y 11 heridos fue el saldo de 2,500 balas que silbaban por el aire tratando de atinarle a Minerva Bautista. La entonces secretaria de Seguridad Pública de Michoacán sobrevivió a la lluvia de plomo que la sorprendió en abril de 2010. Lo que la salvó de milagro fue el blindaje de su camioneta, listo para frenar el paso de los envíos de un fusil Barrett .50.

Hoy, todas las esferas del Estado mexi­cano (a nivel municipal, estatal y federal) son clientes frecuentes de la industria del blindaje, dice el empresario colombiano José Eduardo Llanos Valderrama, presidente de la Asociación Mexicana de Blindadores de Automoto­res (AMBA), quien aterriza esta tendencia en el contexto actual: “(El gobierno) compra 30% de los autos blindados que se venden en el país. La inseguridad es una industria con un crecimiento superior a la economía.”

En ese entorno, apunta, en 2013 se rompió un ré­cord al blindar 3,000 autos y camionetas.  “Y este año seguirán las mismas cifras del blindaje.”

Llanos Valderrama revela que el valor de mercado de la industria del blindaje asciende a 100 millones de dólares (mdd). “Hace 16 años se blindaban los grandes industriales, los corporativos y el gobierno; ahora se abrió el mercado para la clase media. En México, el blindaje ya no es exclusivo de la gente adinerada, sino para un ciudadano con un negocio en una zona conflictiva de la ciudad.”

 

¿A algunos de sus clientes les han volado su automóvil o les han puesto una bomba?

Sí, han sufrido atentados. El principal ejemplo es el de la secretaria de Segu­ridad Pública de Michoacán. A su automóvil le dieron más de 600 impactos.

 

¿Cuántos tiros puede soportar un automóvil?

Los automóviles están diseñados para so­portar tres o cuatro tiros en una determina­da área. El caso de los 600 tiros sobrepasó cualquier norma y el carro aguantó.

 

¿Eso no ha pasado ni en Colombia?

No. También tuvimos un caso en Tijua­na, de un político, y todos salieron bien librados.

 

¿Los políticos son el blanco perfecto de la delincuencia?

No podríamos decir que los políticos, pero actualmente hay políticos, jueces, procu­radores que están afectando los interés económicos de grupos muy poderosos.

Brasil fábrica cerca de 12,000 vehí­culos al año, lo que lo convierte en el reino del blindaje; le sigue Venezuela, por las condiciones de violencia, ya que manufactu­ra 3,500 autos blindados al año. En Colombia se venden 2,500.

En México, las noticias en diferentes estados, donde los cárteles se disputan el control, son parte de la justificación para que las empresas y los ciudadanos invier­tan en su protección, dice Alberto Rivera, presidente de la Asociación Mexicana de Seguridad Privada, Información, Rastreo e Inteligencia Aplicada (AMSIRIA).

Santiago Jiménez, vicepresidente de la Asociación Nacional de Empresas de Rastreo y Protección Vehicular (ANERPV), coincide en que al crecer los índices de in­seguridad en México se disparó la demanda de productos y servicios para salvaguardar el patrimonio y la vida misma.

Gerardo Gutiérrez Candiani, presiden­te del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), dijo el pasado 30 de mayo que es fundamental que el progreso y la justicia no se vean menoscabados por la corrupción, truncados por la inseguridad, frustrados por la delincuencia y la impunidad.

Todo el sistema de prevención de seguri­dad es necesario en México y el mundo, porque ya nadie se puede darse el lujo de no ver, filmar o proteger su empresa, a su familia y su propia persona, expresa Llanos Valderrama. “El combate al narcotráfico generó más violencia secundaria”, considera el empre­sario.

Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), el costo de la inseguridad en países como México sobrepasa 15% del PIB.

“Preocupa que 71% de los asaltos se considere extremadamente violento, inclu­yendo el secuestro como parte del modus operandi de las bandas organizadas, muchas de las cuales tienen claros vínculos con los cárteles de la droga que controlan grandes extensiones de territorio como Los Zetas y La Familia Michoacana”, revela el organis­mo multilateral.

La Cámara Americana de Comercio (AmCham), el organismo al que están afiliadas las compañías de origen estadou­nidense, informó que las empresas con operaciones en México se sienten menos seguras este año, a diferencia de 2013.

“A pesar de que los empresarios ponen su confianza en las autoridades federales, la realidad es que este año es menos seguro que 2013”, advierte Tom Gillen, presidente del Comité de Seguridad de AmCham.

La sexta edición del Sondeo de Seguridad Empresarial en México, elaborado por la AmCham, arroja que las ciudades que más les preocupan son Nuevo Laredo, Matamo­ros, Tampico y Reynosa, en Tamaulipas.

Los ayuntamientos donde reina el mie­do son Apodaca y Monterrey, en Nuevo León; Ecatepec y Tlalnepantla, en el Esta­do de México; Morelia y Lázaro Cárdenas, en Michoacán; Guadalajara, en Jalisco; Coatzacoalcos, en Veracruz, así como la delegación Cuauhtémoc y la colonia Gue­rrero en la Ciudad de México.

Tom Gillen explica que los principales incidentes a los que se enfrentan y que afec­tan a las empresas en México son el robo, la extorsión virtual, las agresiones o amenazas contra los empleados, así como el ataque a la cadena de suministros.

Para revertir esos delitos, las compañías destinan 4% de su presupuesto anual en medidas de seguridad.

El Estado de México, Jalisco y Nuevo León son las entidades que más demandan sistemas de videovigilancia, alarmas y cercas eléctricas, dice Alberto Rivera, de AMSIRIA.

Mario Espinosa, presidente de la Asociación Mexicana de Empresas de Seguridad Privada (AMESP), señala que en los últimos 12 años ha crecido cuatro veces la industria de seguridad privada, a tal grado que emplea a 450,000 elementos.

“El principal cliente son los grandes corporativos. Sólo en seguridad por habi­tante en México se pagan 350 pesos al mes”, menciona Alberto Rivera, quien no duda: “Estamos metidos hasta la cocina.”

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