En octubre, Sinaloa alcanzó una ocupación hotelera de 80%, un nivel que no había visto desde 2011, cuando la ciudad enfrentó una escalada en los niveles de violencia e inseguridad por el narcotráfico. Este destino busca recuperar terrero en materia de industria turística. ¿Su estrategia? Reforzar la seguridad y atraer el turismo deportivo y de convenciones. 

 

 

Una tarde de enero de 2011, el canadiense Mike Di Lorenzo de Penticton caminaba por las calles de Mazatlán, Sinaloa, cuando una bala pérdida impactó en su pierna. La noticia recorrió las páginas de varios medios de comunicación en Estados Unidos y Canadá. No sólo su vida corrió peligro en ese instante, sino también el turismo de la llamada ‘Perla del Pacífico’.

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Este suceso detonó la emisión de alertas de viaje para que los ciudadanos estadounidenses y canadienses extremaran precauciones en sus viajes a Sinaloa y, específicamente, a Mazatlán. El temor no era infundado a los ojos de los extranjeros. Tan sólo en el primer mes de ese año, Sinaloa reportó 236 homicidios y un total 379 lesiones relacionadas con actos violentos, de acuerdo con datos del observatorio Semáforo delictivo

Estas cifras impactaron en la confianza de los empresarios de cruceros provenientes de Estados Unidos, quienes decidieron no venir a Mazatlán en 2011, lo que representó un gran golpe para la economía del estado. En 2007 y 2010, Mazatlán reportaba en promedio 25 llegadas de cruceros al año, pero la violencia que se generó hizo que esa cifra se redujera a 11 en 2011.

Hoy, el sol parece volver a brillar para el destino turístico más importante del estado del norte. La apuesta del gobierno de Sinaloa se centra en impulsar el turismo de negocios a través de una estrategia conjunta con las aerolíneas, así como la organización de actividades deportivas y de esparcimiento.

“El gobierno sinaloense reconoce la importancia de este tipo de turismo (de negocios y convenciones), dado que ofrece mucho más que sólo el producto de sol y playa, además que deja una mayor derrama porque el turista consume fuera de los hoteles”, asegura en entrevista el secretario de Turismo de Sinaloa, Francisco Manuel Córdova.

Pero la violencia aún puede nublar la apuesta del gobierno estatal. La incertidumbre de los inversionistas por la inseguridad es un tema que se mantiene pendiente en la agenda. Si no llega más inversión, se detendrá la necesaria construcción de infraestructura turística.

 

Turismo vs. violencia

El Hotel Miramar fue el escenario de la detención de Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán, el narcotraficante más buscado de México. Desde ese día, cientos de turistas visualizan este aspecto como un atractivo turístico más de Mazatlán.

Pese a este hecho curioso, la apuesta en Turismo que ha emprendido el estado de Sinaloa tiene la misión de dejar en el pasado la historia de violencia que lo rodea. Sinaloa estuvo 10% arriba en materia de turismo en 2013 en comparación al año anterior, con casi 2.5 millones de turistas.

La Secretaría de Turismo de Sinaloa espera que en 2014 lleguen 3 millones de visitantes, 2 millones a Mazatlán y el resto al norte y centro de la entidad.

El secretario de la dependencia,  Francisco Córdova Celaya, prevé una derrama económica superior a los 25,000 millones de pesos para 2014, por lo que el turismo se convirtió en la actividad primordial para la generación de empleos, inversiones y flujos de divisas, superando a la agricultura.

 

Tormenta en el horizonte

Córdova Celaya detalla que los principales retos en turismo son los nuevos brotes de violencia, una menor afluencia de turistas por una crisis económica global y la propagación de un virus, como la influenza o el ébola.

La violencia siempre será una variable importante a tomar en cuenta para la menor afluencia de turistas, debido a que sus efectos de mediano y corto plazos son la disminución de la ocupación hotelera y, en el largo plazo, provoca que no se generen grandes anuncios de inversión, comenta Manuel Valencia, académico del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey.

La percepción de inseguridad que se presenta desde hace seis años es un factor en la decisión de las familias al planear sus vacaciones, reconoce Valencia, pero aclara que la violencia y el narcotráfico no pueden ser utilizados como una justificación para una menor afluencia de turistas tanto nacionales y extranjeros. A su juicio, existen cuestiones más importantes, como la falta de esfuerzos entre sector privado y público para impulsar al turismo.

“El principal problema del turismo en México es que no hay una estrategia de unidad entre las aerolíneas, los hoteleros y los industriales turísticos.  Además, los políticos tienen una corta visión sobre una verdadera estrategia, por lo que hay falta de orden y de seguimiento a proyectos, como la Escalera Náutica, en la que Mazatlán está contemplada”, explica Valencia a Forbes México.

Los problema de planeación para grandes inversiones turísticas, la falta de unidad en el sector turístico y la violencia son variables que están presentes, sin embargo es la inseguridad la que cobró más fuerza en los últimos años en destinos turísticos como Acapulco y  Mazatlán. En estas plazas, los gobiernos estatales ponen sus mayores esfuerzos debido a que su economía depende de la derrama de los visitantes.

Hoy todos esperan que estos esfuerzos den fruto para que no se repita otro caso como el de Mike Di Lorenzo de Penticton, en 2011, que alejó al turismo de Mazatlán por años.

 

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