Eduardo Medina Mora decidió tirar la toalla y abandonar su cargo de ministro de la Suprema Corte. Estaba sujeto, desde hace meses, a diversas presiones y en particular por las indagatorias de la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda en su contra.

Sus compañeros lo dejaron solo, desde que se dieron a conocer cuentas bancarias en el extranjero con operaciones dudosas, y el contexto político no resultaba favorable para alguien identificado con Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, tres presidentes para los que trabajó con eficacia, desde el CISEN para pasar por la SSP, la PGR y las embajadas de Reino Unido y Estados Unidos.

Quizá evaluó que sería tan extenuante, como inútil, el tratar de esquivar los embates en su contra, si no contaba con la mínima solidaridad de sus pares.

Su soledad, sin embargo, es la de todo un poder que no ha encontrado, y es probable que ya no lo haga, la habilidad para establecer fronteras y proteger a la propia Constitución de cambios que pueden debilitarla.

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La caída de Medina Mora pega en los cimientos de los cuerpos colegiados y en particular en la independencia institucional que requieren para funcionar bien.

La designación de los ministros es un tema político, y no hay que espantarse de ello, pero en el establecimiento de periodos de encargo que no pueden variar es dónde se sustenta la independencia.

Esto se rompe con la salida de Medina Mora y va implicar, por necesidad, un cambio en el equilibrio interno y eso se reflejará en las resoluciones del Pleno.

La jugada del ex ministro es riesgosa, ya que abre las posibilidades de persecuciones en su contra y se coloca en una posición de debilidad ante las acusaciones que puede enfrentar en el corto plazo.

Su carta de renuncia, al ser escueta y sin explicaciones, abre el abanico de las especulaciones y pierde la mano en la narrativa de su retiro cuando no había cumplido ni un tercio del periodo para el que lo designó el Senado en 2015.

Medina Mora conoce, como pocos, a nuestro sistema político. Sabe de sus herramientas y de las posibilidades que existen en momentos de dificultades y de crisis. En su trayectoria administrativa sorteó no pocos obstáculos.

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Veremos, en las próximas semanas, hasta dónde llegan las investigaciones y solo así se podrán plantear escenarios con claridad, y en los que jugarán un papel importante quienes fueron sus apoyos y aliados, por actuación o por omisión.

Sospecho, sin embargo, que la batalla más importante de la vida pública del ex ministro la tendrá que librar casi en solitario, ateniéndose a sus propios recursos, aunque ello signifique un daño que lo trascienda.

 

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