Los medios están desorbitados, no han podido establecerse en el escenario de las nuevas tecnologías, de los nuevos hábitos de los consumidores, de nuevas generaciones con exigencias y estilos informativos diferentes.

 

 

 

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En los últimos meses he asistido a varios debates sobre el futuro del periodismo organizados por los propios periodistas, he tenido oportunidad de platicar con varios de ellos y he escuchado a otros más que se “atreven” a hablar del tema al aire. Y me queda claro una cosa: los medios están desorbitados, no han podido establecerse en el escenario de las nuevas tecnologías, de los nuevos hábitos de los consumidores, de nuevas generaciones con exigencias y estilos informativos diferentes. Lo mismo podía decir de las políticas de comunicación de gobiernos y empresas, pero en esta ocasión quisiera enfocarme al de los medios de comunicación.

Para echarle una mirada al periodismo mexicano identifico cuatro orbitas diferentes: el de los empresarios de medios, el de las tecnologías, el de los periodistas y el de los consumidores.

En primer lugar, los empresarios y dueños de los medios de comunicación están en el dilema de cómo sostener la viabilidad de su negocio de origen, al tiempo de que las demás órbitas están presionando hacia algo distinto a lo tradicional. Me explico: los medios tenían bien definida su ámbito de acción, la radio hacia radio porque tenía su concesión y sólo hacía eso, al igual que la televisión y la prensa escrita. No se tenían que preocupar por ampliar su producción a otras modalidades porque no se los permitía la ley, no había tecnologías que pudieran diversificarse y porque la competencia era limitada y cada quien tenía su reino.

Hoy se ven obligados a cambiar su modelo de negocio e incursionar en terrenos que no son los suyos. La radio ahora hace televisión, la prensa escrita también, la televisión tiene que lidiar con una amplia competencia, y todos, absolutamente todos, tienen que estar en internet; pero el internet obliga a incursionar en nuevas actividades tanto de producción, tecnologías y contenidos para ser competitivos.

Aquí empieza el problema, muchos medios no saben producir para internet. Sus ventanas en la web no son más que contenedores de su producción original, las radio hacen clips de radio, la televisión clips de video y la prensa escrita sólo acomoda texto y foto fija. Descuidando algo que tiene que ver con los consumidores: la exigencia de información actualizada y fácil de ver en dispositivos móviles.

¿Y qué tiene que ver esto para los empresarios? Pues que los presupuestos publicitarios se direccionan cada vez más hacia las plataformas digitales y en internet no puedes engañar a un cliente, todo se mide con exactitud, puedes saber qué páginas web se ven y cuáles no, cuántos las ven, qué temas observan y cuánto tiempo duran conectados, etc. En otras palabras, si no tienen una buena página web, no se vende y, si no vende, no es negocio.

Esto se cruza con una segunda órbita: la de la tecnología. Los medios tienen el reto de producir cada vez más para enfrentar la era digital tanto en radio como en televisión. Donde antes se transmitía una sola señal, ahora es posible transmitir tres o cuatro más. Donde antes sólo se podía transmitir voz o video, ahora se puede hacer una conjunción de servicios por medio de un solo cable. Para esto los medios requieren actualizar y modernizar su equipo técnico.

El ancho de banda de transmisión de voz, datos y video se amplía y poco a poco se va resolviendo los temas de conectividad, a pesar de los problemas cotidianos que en México tenemos para la telefonía móvil.

Por otro lado, los consumidores tienen acceso a nuevas tecnologías y equipos que almacenan y reproducen muchos contenidos que son producidos por todo mundo; contenidos que gustan más que los que realizan los propios medios formales. El consumo ahora se ve condicionado a su oferta en internet porque es ahí, en los dispositivos móviles, donde más se van a reproducir esos contenidos (considerando que todavía existe una gran cantidad de personas que siguen utilizando los medios tradicionales).

El reto es que los medios tienen que actualizar equipos y formatos para estar en la jugada de los cambios tecnológicos.

El otro ángulo de los medios es el de los periodistas. Para empezar, la autocrítica no se les da y cuando se les critica se desgarran las vestiduras y se sienten ofendidos, sobre todo los locutores de medios electrónicos. En México, hay varios tipos de periodismos que conviven entre sí y en muchos casos se odian entre sí. Está el periodismo honesto, bien intencionado y que procura no trasgredir su propio marco ético y rigor periodístico. Estos no quieren ver a sus compañeros de al lado, que entienden el periodismo de otra manera.

Existe el periodismo que tiene una evidente influencia ideológica, que diluye su profesión con su militancia o sus obsesiones, o que retoma causas sociales y políticas para acercarse más a los esquemas de la victimización.

Está, también, el periodismo que atiende, retoma y vela por los intereses económicos y políticos; que le importa más quedar bien con el poderoso que entender al poderoso y ponerlo en contexto para bien del rigor periodístico y sus lectores. Cada vez es más común ver los mismos párrafos (con las mismas faltas de ortografía) en varias columnas a la vez. De pena.

Todos estos periodismos están ahí, son auspiciados por los empresarios de los medios y apapachados por muchos, son útiles para todos, para los grandes y los pequeños intereses, para los más radicales de izquierda y de derecha, para los desprotegidos que buscan un apoyo mediático. Todos son redituables económicamente y atraen público.

El problema es que una gran mayoría de los consumidores no sabe distinguir entre una nota “limpia” y una que está aderezada por algún interés y eso crea una gran confusión. El periodismo pierde credibilidad cuando mezcla todas estas cosas.

Si el gremio no cuida al gremio y no distingue entre reporteros y provocadores, entre columnistas y escribanos, entre pregoneros y locutores o entre la noticia y la opinión, los ciudadanos seguirán poniendo a todos en la misma canasta y creo que no es justo.

Hoy más que nunca los medios necesitan a los periodistas y a los especialistas para ordenar y generar los contenidos que requieren las nuevas tecnologías y los nuevos públicos.

Por el lado de los consumidores, estos ya no consumen lo que les den, sino lo que quieren ver, a la hora que lo quieren ver y en cualquier lugar donde se encuentren. Por lo que el menú tiene que ser amplio y a la carta. Si tenemos una Laura Bozzo en televisión o suplementos de coches, de relojes, de cocina, de tatuajes, es porque hay públicos que desea consumirlo.

Pero el principal valor de los consumidores es su tiempo libre y sus hábitos. Los jóvenes están pegados a sus celulares y videojuegos y las personas más grandes están frente a un televisor, no importa qué haya en la programación: están ahí por costumbre. Televisa tendría rating hasta si sólo transmite barras de colores.

La competencia obliga a todos los medios a entender más a sus públicos y ofrecerle lo mejor a quien busca lo mejor, lo trivial a quien busca lo trivial, lo obsceno a quien quiere lo obsceno, pero mezclar todo tiene sus consecuencias de credibilidad y seriedad.

En fin, los medios tienen el reto de acomodar en su justa dimensión las cuatros órbitas que hablaba al principio y que puedan mantenerse de manera regular en un ambiente cada vez más cambiante e inestable. Este es precisamente el momento para que los medios y el periodismo debatan y definan cual es la mejor fórmula para restablecerse en la órbita que más beneficie al sector y al público.

 

 

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