Si pensamos que tener una vida fácil debilita el carácter, Megan es una clara excepción. A su corta edad, la hija de Larry Ellison, fundador del gigante del software Oracle, y productora de cine, da fe de que la pasión y un ojo educado bastan para conquistar Hollywood. Aunque, dicho sea de paso… la fortuna familiar nunca estorba.

 

Por Rodrigo Pérez Rembao

 

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Existe un rumor sobre Megan Ellison o, mejor dicho, sobre la indulgencia de su padre. Se dice que al cumplir 20 años recibió de la chequera de papá 200 millones de dólares (mdd). Otros dicen que la cantidad fue diez veces mayor. Como quiera que haya sido, el dinero para esta joven de 27 años no es color verde ni tiene la textura del papel, sino la del celuloide. Hija del multimillonario Larry Ellison, fundador de Oracle, Megan es una de las producto­ras de cine más prominentes de la escena hollywoodense.

Su compañía se llama Annapurna Pic­tures, un nombre proveniente de una de las cordilleras del Himalaya que ella mis­ma caminó tras desertar de la Universidad de California a los 20 años. Y aunque esto pudiera parecer un síntoma común en la juventud de Beverly Hills, la realidad es que Ellison es diferente. Digamos que tiene un ojo especial para encontrar proyectos que, de no ser por ella, tal vez nunca verían la luz.

Empezó su trayectoria como produc­tora ejecutiva en 2010 de la mano de los hermanos Coen con el largometraje True Grit, un western desviado de los clási­cos de Paul Newman. En esta cinta, una pequeña y joven mujer busca venganza por la muerte de su padre y se encuen­tra envuelta entre maleantes del Lejano Oeste para terminar con una bala en las entrañas. En definitiva, no parecía una apuesta segura en esta época de musica­les, superhéroes y cintas infantiles, pero lo cierto es que Annapurna Pictures no se caracteriza por tomar proyectos seguros.

Tras el éxito obtenido con los Coen se involucró en películas aún más controver­tidas. Zero Dark Thirty (Kathryn Bigelow, 2012), por ejemplo, no sólo relata la caída de Osama Bin Laden, sino que plantea que fue una mujer quien encontró al hom­bre más buscado del planeta. Her (Spike Jonze, 2013), con Joaquín Phoenix, trata sobre las relaciones afectivas entre un hombre y un sistema operativo, incluyen­do encuentros sexuales de tipo cibernéti­co. El total de la inversión en ambas pelí­culas fue de 70 mdd y las dos estuvieron nominadas para baftas, Globos de Oro y el Premio Oscar.

Mención aparte merece Springbreakers (2012), cinta emblema de Harmony Cori­ne, que retrata de manera cruda y esca­lofriante la realidad del existencialismo adolescente estadounidense. La película incluye a cuatro actrices de Disney recicla­das en preparatorianas reales en medio de un paraíso desvirtuado. La palabra valentía no alcanza para describir lo que director, reparto y productores, necesitaron para li­berar una película con tales características. Basta decir que cada top 10 del año pasado la incluye entre las mejores películas de 2013, incluyendo The New York Times.

¿Será que Megan tiene el poder del Rey Midas? Algo debe ayudarle a su trayec­toria vitalicia como ciudadana califor­niana, pues le ha permitido codearse con Katheryn Bigelow, Spike Jonze y Paul Thomas Anderson, entre otros. Con este último, por cierto, realizó The Master, un drama paralelo a los orígenes de la cienciología con actuaciones estelares de Joaquin Phoenix y el difunto Philip Sey­mour Hoffman. Éste tal vez sea el único largometraje en su haber que no fue un éxito de taquilla; sin embargo, supuso al­gunas de las mejores críticas de la carrera para los actores y el director.

En cuanto a su personalidad se sabe poco. Megan es más bien introvertida y evita dar entrevistas. Para entenderla me­jor tal vez sólo haya que ver las películas en las que se ha involucrado: todas son in­teligentes, discretas en cuanto a publicidad y mercadeo, pero llenas de personalidad e intención sociopolítica. El rol de esta joven productora en el cine estadounidense se revela como fundamental: en menos de cuatro años ya está alcanzando la meta de 200 mdd invertidos en proyectos de arte a los que les ha ido bien en taquilla. Llama la atención que la cantidad coincide con la que supuestamente le dio su padre al llegar a las dos décadas de vida.

Ellison se arriesga, no cabe duda, aunque hoy su buen gusto podría estar en entredicho: Annapurna Pictures está en la preproducción de Terminator Genisis (Alan Taylor, 2015) y Terminator VI, pro­yectos que parecen distantes con respecto a sus elecciones anteriores. A la par de estas megaproducciones está Foxcatcher (Bennett Miller, 2014), historia basada en hechos reales, en la que un multimi­llonario esquizofrénico (encarnado por un irreconocible Steve Carell) mata sin motivo aparente a un medallista olímpico en lucha grecorromana.

¿Qué sigue en el futuro de la heredera de Oracle? Es difícil predecirlo. Aún no cumple 30 años y ya supera en ganancias y reconocimiento a muchas producto­ras bien establecidas. Sin embargo, ni el dinero ni el reconocimiento son lo que ella busca. Ambas las tiene desde que nació. ¿Será por eso que tiende a alejarse de la luz para empujar proyectos desde la sombra? Lo que sea que inspire a Megan, no hay duda de que podría cambiar la historia del cine.

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