Tras ganar las elecciones con un 41.5%, el principal reto que tendrá por delante será fortalecer lazos con la oposición liberal, debido al panorama político y económico al que se afrontará durante su mandato.

 

Reuters

BERLIN – La canciller alemana, Angela Merkel, afronta el intimidante desafío de persuadir a sus rivales de centroizquierda para que la ayuden a mantenerse en el poder después de que los conservadores obtuvieran su mejor resultado electoral en más de dos décadas pero se quedaran a pasos de la mayoría absoluta.

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Incluso sus contrincantes políticos reconocieron que la canciller fue la gran ganadora de las primeras elecciones alemanas desde que comenzara la crisis de la eurozona en 2010, que propulsó a la hija de un pastor de la ex Alemania oriental al puesto de líder dominante en Europa.

El rostro radiante de Merkel acaparaba las portadas de los periódicos, que alabaron el lunes el resultado como una victoria personal.

“Es SU triunfo (…) no fueron los impuestos, la justicia o el euro los que fueron decisivos, sino la cuestión ¿en quién confían los ciudadanos para actuar con calma y control en la cancillería?”, escribió Nikolaus Blome en el periódico de gran tirada Bild.

El bloque conservador de Merkel logró el 41.5% de los votos, su resultado más contundente desde 1990, a apenas cinco escaños de la primera mayoría absoluta en el Bundestag en más de medio siglo.

El euro avanzó y los bonos gubernamentales subieron el lunes temprano, mientras los inversores anticipaban una continuidad en las causas políticas de Berlín de buscar recortes de déficit y reformas económicas a cambio del apoyo financiero a los más débiles de la eurozona.

Los socialdemócratas del SPD, con los que Merkel gobernó en una “gran coalición” exitosa en su primer mandato de 2005 a 2009, acabaron segundos con un 25.7% de los votos, una leve mejora frente a su peor resultado de posguerra en 2009.

“Tenemos el mandato de encabezar el Gobierno bajo Angela Merkel para los próximos años”, dijo el ministro de Medio Ambiente Peter Altmaier, estrecho aliado de Merkel, en televisión.

“Lo que es importante es que consigamos una mayoría estable”, dijo, añadiendo que el SPD y sus aliados Verdes necesitaban tiempo para digerir los resultados de su “dolorosa derrota” antes de embarcarse en conversaciones exploratorias de coalición.

Los Verdes se aseguraron un 8.4%, una caída abrupta frente a los resultados del 2009. El único otro partido en el Bundestag será la Izquierda radical, que obtuvo un 8.6% de los sufragios, después de que el actual socio de coalición de Merkel, los Liberales Demócratas del FDP, no obtuvieran el 5% mínimo para entrar en el Parlamento.

Merkel, de 59 años, parecía reconocer la dificultad del desafío que tenía por delante cuando fue consultada el domingo por la noche si tenía previsto contactar con otros partidos.

“Quizás no encontremos a nadie que quiera hacer algo con nosotros”, dijo tras el revés a sus aliados liberales.

 

“Muy, muy difícil”

Tras salir mal de la anterior coalición, el SPD será reacio a formar un acuerdo con Merkel en esta ocasión a menos que ella pague un alto precio en términos de puestos de gabinete y políticas.

Durante la campaña, el partido de centroizquierda abogó por un salario nacional mínimo y una subida de impuestos a los ricos, medidas ambas a las que se opone Merkel. El SPD puede también exigir el Ministerio de Finanzas, expulsando al respetado Wolfgang Schäuble, de 71 años.

“Dados los temas que nosotros esbozamos y en los que se centró la CDU (los democristianos de Merkel) durante la campaña (…) una gran coalición es muy, muy difícil”, dijo la vicepresidenta del SPD, Manuela Schwesig, a RBB-Inforadio.

El presidente del SPD, Sigmar Gabriel, no descartó categóricamente hablar con Merkel, pero señaló que su partido, que perdió millones de seguidores durante la última “gran coalición”, no se sometería. Ha convocado una reunión de la dirección del SPD el viernes para hablar de opciones.

Si el SPD decide entrar en negociaciones de coalición con Merkel, los expertos predicen que podría durar meses y ser la más difícil en la era de la posguerra.

Eso podría postergar decisiones europeas sobre la unión bancaria y un mayor apoyo fiscal a Grecia y, posiblemente, a Portugal.

“Hay mayores diferencias que en 2005”, dijo un destacado colaborador de Merkel bajo condición de anonimato. “Si se contempla el programa del SPD, está bastante más a la izquierda que entonces”, añadió.

Aun así, los sondeos muestran que la opinión pública alemana, inclinada al consenso, daría la bienvenida a una alianza entre izquierda y derecha, al igual que los socios europeos de Berlín, que esperan que el SPD pueda suavizar el enfoque antiausteridad de Merkel hacia los miembros de la eurozona en dificultades.

Si el SPD rechaza entrar en las conversaciones, Merkel podría recurrir a los Verdes, pero la destacada diputada de los Verdes Renate Kuenast dijo que no veía posible una coalición.

Los aliados de Merkel del FDP experimentaron una agria decepción al sufrir una humillante salida del Bundestag y será la primera vez que estarán ausentes de la cámara desde la Segunda Guerra Mundial.

El partido Alternativa por Alemania (AfD), un nuevo partido euroescéptico que amenazaba con arruinar la victoria de Merkel en el Parlamento por primera vez, se quedó a corta distancia del 5% necesario para conseguir representación.

El resultado deja a Merkel como una de las pocas dirigentes europeas que sobrevive a la crisis de deuda. La canciller ha visto cómo 19 de sus compañeros de la Unión Europea perdieron el cargo desde principios de 2010.

Pero Merkel afronta importantes desafíos en un nuevo mandato, desde abandonar su complejo cambio de la energía nuclear a la renovable hasta proponer un enfoque para la eurozona.

La canciller ha presidido una fuerte recuperación de la economía alemana y una drástica reducción del desempleo, pero los economistas están preocupados de que Alemania pueda perder empuje sin reforzar iniciativas para hacer frente a la incipiente crisis demográfica.

“El mayor riesgo a mediano plazo para Alemania puede ser la falta de reformas”, dijeron analistas de Citigroup en una nota. “Aparte de la necesaria reforma energética, Alemania sigue teniendo un mercado laboral bastante rígido, una baja productividad del sector servicios e importantes desafíos demográficos”, agregaron.

 

 

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