El mesianismo es un modelo de comunicación política cuyas estrategias centrales derivan de asimilar y sacarle provecho a las enseñanzas y creencias religiosas; es también un formato de política pública y un estilo de gobernar basado la supresión del razonamiento y la sumisión cuasi medieval de la conciencia ciudadana.

Los actores y gobiernos mesiánicos, utilizan los siguientes elementos característicos para posicionarse como la parte “buena” y “noble” de la política; aparentar ser los intachables “defensores y protectores del pueblo” y adjudicarse el rol de “pulcros justicieros” en un mundo dominado por el pecado (la corrupción). 

Fe. Si la fe mueve montañas, resolver los problemas públicos depende de no de un buen gobierno sino de tener fe. La pandemia puede ser domada solo con reliquias, prodigios, y oraciones (conferencias de prensa para informar al pueblo) eso es lo que hace falta; no medidas, decisiones ni acciones oportunas y eficaces; sino conservar la devoción y confianza del pueblo, repetir la dosis hasta el cansancio de que todo está bien y vamos muy bien. 

Es muy simple, si las cosas salen bien, es porque la gente cree en el gobierno; si salen mal es porque falto fe. Quien cuestiona o critica al gobierno esta faltando a los principios divinos de la doctrina; los milagros funcionan para quien cree. No creer en los mesiánicos significa que estamos del lado del pecado (la corrupción) y los demonios (conservadores neoliberales). 

Esperanza. El mesianismo toma el papel de un padre bondadoso, proveedor, guía y protector de un pueblo inocente, indefenso y explotado al que puede resolverle todo en la vida; tiene a la mano una fuente inagotable de recursos; el pueblo solo debe esperar pacientemente que llegue el milagro que cambie su vida. 

El gobierno mesiánico pide paciencia eterna, resignación, los resultados llegarán, se verán, no caigamos en la tentación del demonio que nos pide exigir cuentas, cerremos los ojos a la torpeza, la ineptitud y la mediocridad. 

Siempre habrá una rifa, una tarjeta, una refinería o el retorno de la bonanza petrolera como augurio de los tiempos mejores, saldremos delante de la pandemia sin perder una sola empresa, con pleno empleo y un peso fortalecido. 

La pandemia ha demostrado que la viabilidad de México depende más del azar, un evento fortuito, milagroso, de designios que escapan a la comprensión -sobre todo- de lo que la sociedad pueda hacer por sí misma. Cientos de organismos y dependencias públicos no hacen falta; finalmente el presupuesto se ejerce al antojo de una sola voluntad en la que hay que depositar toda la esperanza.  

Generosidad y Caridad. El gobierno mesiánico se etiqueta asimismo como la representación única del pueblo; el alza del crimen; la violencia familiar, los indicadores de salud, seguridad, desarrollo, ingreso, empleo, crecimiento, educación esas falacias fueron inventadas por sus satánicos adversarios. 

Toda una batería de comunicación se enfoca en resaltar el sacrificio de los servidores públicos de todos los niveles. Metáforas y sermones, una nueva ciencia hacen falta para que no pase inadvertido su desvelo y dedicación (sin duda hay que reconocerlo) pero lo importante para el mesianismo es resaltar y conservar el halo de caridad (créditos), es decir la máxima bondad, el desprendimiento, inmolación y devoción. 

Humildad. Un disfraz de sencillez y simpleza siempre confunden; las vestiduras de mal gusto, la postura desgarbada; el caminar lento y taimado; el lenguaje simplista; las frases populistas y populares; el ritmo lento y asincrónico al hablar; son el marco para aparentar inocencia, pobreza, un ser inofensivo y reflejar la templanza (vida sin lujos, sin derroche y sin excesos), la castidad (incorrupto e inmaculado, no sometido a los intereses de siempre) y la diligencia (se levanta muy temprano a trabajar). 

Sin embargo, el extremismo y fundamentalismo de estas virtudes también reflejan envidias, recelos y resentimientos personales que se asoman en el discurso y actitudes mesiánicos y que se ajustan al desquite popular asignando etiquetas de “mafiosillos”, “fifis” y “riquillos”. 

En resumen y siguiendo el método matemático EPN; más muertos, más enfermos, más contagiados, son pocos o ya faltan menos. Para el mesianismo, el pueblo virtuoso es aquel que debe renunciar a la inteligencia; ser contemplativo, pasivo, sumiso y devoto; creer ciegamente en los datos del gobierno y defenderlo de sus detractores (incluida la prensa). 

No olvides la virtud del Perdón; venimos a este valle de lágrimas a sufrir; si pierdes tu salud, tu empleo o tu empresa ya estaba escrito, no culpes al gobierno; si te asaltan pon la otra cartera, si te matan, resucita y deja que te maten otra vez, si te violan; bueno, eso ya es cada quien.

La pandemia vino de fuera y es una expresión del neoliberalismo, el camino a la salvación ya llegó; (ya liberó a los criminales por razones humanitarias) buscará su crucifixión (consulta popular); después se hará el milagro de su reelección en el 2024 y se sentará a la derecha de los héroes nacionales (por eso los usa en su logo). 

Esos no son pecados de soberbia, gula, ni lujuria, sino la mercadotecnia política al servicio del pueblo. 

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