El problema es que la capacidad del dólar para servir como moneda de reserva mundial se está agotando.

 

El lunes abordamos en este espacio el tema de la enorme y aun creciente demanda de oro por parte de China. Esta, que es la segunda economía mundial, tiene un apetito insaciable por el metal precioso que la ha llevado a convertirse ya en el máximo consumidor en todo el planeta, por encima del histórico demandante número uno: India.

Esta noticia que a la mayoría de los medios les pasa de largo, es de la mayor importancia. Y es que aún en la actualidad mucha gente no sabe que las monedas de los países, incluso las consideradas “fuertes” como el dólar, el euro o el yen y hasta el peso mexicano, hace más de 40 años que no están respaldadas en oro.

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De hecho se suele decir que ahora están respaldadas en la fortaleza de la economía de un país, y en su credibilidad.

No obstante, el problema que esconden diciendo esto es que justo las economías de naciones vistas todavía como potencias, como Estados Unidos, Reino Unido, Japón, etc. están en condiciones muy endebles, y por tanto la confianza en ellos y sus monedas tiende a disminuir.

El pecado original de esa debilidad económica en el mundo entero, incluido México, está en haber abandonado el patrón oro en los años ‘70 del siglo pasado. Antes de ese abandono, Estados Unidos se había comprometido a entregar a los bancos centrales que lo solicitaran, oro a un tipo de cambio de 35 dólares por onza troy, pero debido a sus desbalances en las cuentas con el exterior, el entonces presidente Nixon tuvo que decidir entre devaluar al dólar, o abandonar el patrón oro. Nixon se dejó seducir por el canto de la sirena de Milton Friedman y optó por la segunda opción.

Como quiera, lo cierto es que lo hicieron por una razón obvia: ya no tenían oro suficiente para pagar sus deudas. Estados Unidos quebró de hecho, incumplió sus pagos en oro y desde entonces, unilateralmente decidió que nos “saldaría” ya solo con dinero de papel –sus propios dólares, que es lo que ahora acumulamos como reservas internacionales.

El problema es que la capacidad del dólar para servir como moneda de reserva mundial se está agotando, por culpa primero que nada, de que los están imprimiendo sin fin, y luego, porque para poder hacerlo emiten deuda que crece de forma exponencial. Algo insostenible.

Cualquiera sabe que por muy rica que sea una persona o país, no puede endeudarse para siempre y gastar más de lo que gana. Tarde o temprano volverán a quebrar y cada vez menos se aceptará a nivel internacional sus devaluados dólares como pago, que por cierto, a Banco de México y otros les encanta acumular como supuestas “reservas”.

Esto lo sabe la potencia naciente que es China, y justo por eso prefiere acumular gran valor en oro a precios de ganga, que más papeles verdes. El oro no puede llegar a valer cero, pero el dólar sí. De hecho, cuando el sistema de dinero inconvertible basado en el dólar se venga abajo, el oro retomará gran parte de su uso monetario internacional.

Dijo alguna vez el famoso banquero estadounidense JP Morgan: “el oro es dinero, y nada más”. El resto son divisas, moneda de curso legal. En una palabra, son crédito, y los créditos, siempre conllevan un riesgo de no ser pagados. Es justo lo que volverá a hacer Estados Unidos, pues sabe que nadie le irá a declarar la guerra por razones de su inexpugnable fuerza bélica.

Es por eso que China devora el oro mundial, y como dice el experto Jim Rickards, todos los demás deberíamos hacer lo mismo.

Los cálculos varían, pero muchos analistas coincidimos en que China acumula oro a tasas impresionantes, que cuando menos son dos mil y quizá más de cinco mil toneladas al año, que están saliendo en su mayor parte de las bóvedas occidentales para nunca regresar. Es seguro que una gran parte de esas barras que demandan, está yendo a parar a las reservas chinas, y el resto, a manos privadas en su territorio.

Para darnos idea de las pocas reservas en oro que tiene nuestro país, poco más de 120 toneladas (que sólo existen en el papel y en la imaginación de Agustín Carstens, pues se supone que están resguardadas en el Banco de Inglaterra), basta con decir que esa cantidad es equivalente a lo que China “devora” en alrededor de 20 días, en los cálculos más conservadores. El resto de nuestras “reservas”, más de 97 por ciento, es también de papel. En el interés del país ojalá se acumulen ya menos dólares y más oro. Un auténtico escudo financiero como el que están construyendo los chinos, es lo que nos hace falta.

 

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