Con el paso de los meses, los análisis nos permiten observar cómo la recuperación económica sigue su curso en tanto el COVID reduce su intensidad y se va posibilitando la reapertura de los sectores que en estas economías operan. En un escenario en el que el contacto social es, de nuevo, posible, y en el que la incidencia del virus es mínima, las economías comienzan a crecer a ritmos muy acelerados por la gran reactivación económica que ha supuesto esta “reapertura”; debiendo matizar que, pese a que hablamos de crecimientos, siguen recuperando el PIB perdido durante estos años como consecuencia del cierre al que han estado sometidas.

México, pese a la situación que atraviesa en estos momentos, no es una excepción. En esta línea, y pese a que la economía azteca se posiciona como una de las economías que menos prevé crecer el próximo ejercicio, México prevé seguir creciendo en 2022, superando el 3% si atendemos a las previsiones del Gobierno. El mejor comportamiento de la economía mexicana a comienzo del año, cerrando un primer trimestre bastante optimista, le ha llevado a confiar en un crecimiento que, como si de un salvavidas se tratara, pretende poner fin a la escasez de dinamismo que muestra el crecimiento del país.

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Para hacernos una idea, podemos analizar algunos indicadores que dan seguimiento a la actividad económica en México y de forma recurrente: los indicadores manufactureros y no manufactureros que elabora el IMEF, por ejemplo. En lo que respecta al primer indicador, al manufacturero, los datos de marzo nos muestran cómo el país registró un repunte de 1.2 puntos con respecto al pasado mes de febrero, situándose en los 52.3 puntos. En otras palabras, se trata de un crecimiento que ha permitido al país, teniendo en cuenta el registro predecesor, acumular dos meses en zona de expansión económica, después de haber caído por debajo de este umbral en enero.

Por otro lado, en lo que respecta al segundo indicador, al no manufacturero, los datos para el mes de marzo nos dicen que este se incrementó en 1.7 puntos, ubicándose en los 52.8 puntos, es decir, nuevamente por arriba del umbral de 50 puntos. En otras palabras, los indicadores recogen cómo la actividad económica en el país sigue creciendo, recuperando ese dinamismo perdido. Por esta razón, el análisis de estos indicadores nos dice que la economía mexicana, al situarse por encima de los 50 puntos, vuelve a situarse en zona de expansión económica, a la vez que muestra cómo la recuperación continuará dándose en la región.

No obstante, pese a los buenos datos que se recogen, hay que decir que la economía mexicana sigue presentando tantas luces como sombras en el horizonte.

Las continuas amenazas a las que se enfrentan estas economías y, en especial, la mexicana, provenientes de Ucrania y Rusia, China con el incremento de la incidencia del COVID, entre otras, siguen debilitando el crecimiento, a la vez que imposibilitan la confección de pronósticos fiables que sean capaces de sortear la excepcional incertidumbre a la que estamos sometidos. Para hacernos una idea de lo que hablo, podemos observar la desaceleración económica en los indicadores, de la misma manera que podemos ver esta incapacidad en pronósticos como el pasado, en el cual se recogen amplias variaciones que situarían el crecimiento mexicano entre –atento– el 1% y el 4%.

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Pese a que el gobierno sigue mostrándose optimista por el buen comienzo de año, los organismos y agencias de calificación, entre los que destacamos el FMI o Moody’s, se han mostrado más pesimistas. Pese al dato del gobierno, el Banco Mundial o el FMI, por ejemplo, estimaban el crecimiento entre un 2,8% y un 3%. Por otro lado, Banxico o la OCDE, más pesimistas, lo situaron en el 2,4% y el 2,3%, respectivamente. Por último, Moody’s y Goldman Sachs, los más pesimistas, lo sitúan, respectivamente, en el 1,1% y el 1,4%. Como podemos observar, no podemos decir que estos datos no muestran un claro crecimiento económico, pero hay que ser cautos con unas previsiones que, como digo, son tan dispares entre sí.

La guerra entre Rusia y Ucrania, la inversión de la curva de tipos, las presiones inflacionarias, la incidencia del COVID, entre otras muchas amenazas pretenden poner la zancadilla a la recuperación económica global. Mientras, en el país, otras amenazas, entre las que podemos destacar la debilidad del mercado interno y la inestabilidad política, hacen mella en una economía que, a la luz de los datos, podría ser la economía de América Latina que, junto a Argentina, más tarde recupere su nivel de PIB previo a la pandemia.

Y esta es la situación en la que nos encontramos, la cual ha obligado al gobierno a rebajar la previsión de crecimiento para el presente ejercicio. Hoy, con un pronóstico que se sitúa en el 3%, la economía mexicana sigue recuperando lo perdido durante la crisis originada por la pandemia, pero teniendo un poco más presentes –menos autocomplacencia por parte del gobierno– unos retos que, como arrojan las estadísticas, serán determinantes para el dato con el que, finalmente, cerrará el año la economía de México.

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