Si algo está aprendiendo España con todo esto del Coronavirus, además de prácticas a adoptar en situaciones de emergencia sanitaria, es que no se debe confiar toda nuestra esperanza a los políticos en el país. Las continuas mentiras, los datos desactualizados, así como todo aquello que, desde el Gobierno, se está emitiendo para frenar la histeria colectiva está generando una situación más trágica que de haber anunciado todo con total transparencia y normalidad. Una práctica política para disipar el miedo social, pero que, de filtrarse los errores, despiertan el pánico de los ciudadanos.

Y es que, ya desde bien pequeño, se suele decir el dicho ese tan común de “se pilla antes a un mentiroso que a un cojo”. Un dicho que hace referencia a que podemos mentir todo lo que queramos, pero finalmente acaba saliendo toda la verdad. Y es en este sentido por donde quiero comenzar a exponer las declaraciones que Marcelo Ebrard, canciller mexicano, hacía en el día de ayer, exponiendo la situación del Coronavirus en México, así como haciendo público el escenario que, desde el Gobierno, se prevé.

Antes de nada, decir que llama mucho la atención la guerra abierta que existe en México entre ideologías políticas. De hecho, más me llama la atención ver cómo las personas que tratan de alertar sobre la pandemia, así como de mostrar preocupación por el asunto, ya de partida se les encasilla como un agitador, así como un atacador director, una amenaza, del Gobierno de AMLO. Y es que, no puedo estar más en desacuerdo al ver la mala instrumentación que se está haciendo de un mensaje tan vital y colectivo como es la defensa contra una pandemia que no acecha a ningún gobierno en particular, sino a un planeta en su conjunto.

Y esto, aunque pueda ser polémico, es culpa de los políticos mexicanos. No se puede seguir haciendo propaganda con el Coronavirus tras conocer los daños que está causando en el planeta. En Estados Unidos ocurrió algo similar a lo que ocurre en México. Hace unos días se evaluaba la percepción y el miedo de los ciudadanos norteamericanos acerca del Coronavirus, aplicando un filtro de ideología política para clasificar el impacto del mensaje político en la percepción social del problema. Curiosamente, llama la atención la escasa preocupación de los votantes republicanos frente a la preocupación que muestran los votantes demócratas. El discurso esperanzador de Donald Trump es el detonante de esta diversidad de opiniones, pudiendo observar su influencia en los resultados.

Lo mismo, por lo que he podido apreciar en mi investigación, ocurriría en México. Cuando uno investiga por las redes sociales, podemos observar una clara diferencia en la percepción que tienen una serie de ciudadanos sobre la situación del Coronavirus, así como, la que tienen otros. Una percepción en la que el detonante de la diversidad de opiniones, al igual que en Estados Unidos, es el representante político al que votan. Una situación preocupante, pues se pierde el tiempo en una discusión que, como decía, no afecta a ideologías ni gobiernos, sino a países.

No quiero que se me malinterprete. Es decir, está muy bien -y estoy de acuerdo con ello- el que nuestros políticos salgan y hablen sobre la situación del Coronavirus. De hecho, es más, es su obligación el hacerlo y hacerlo todos los días. Sin embargo, no podemos seguir instrumentando el mensaje de la forma en la que lo hacen los políticos. Especialmente en temas tan severos como es la pandemia que sacude al planeta, no es momento de ponernos a difundir mensajes partidistas, propagandísticos, que solo tienen el fin de enfrentar a una sociedad que, por primera vez en la historia contemporánea, tienen la obligación de unirse y combatir el Covid.

En este sentido, debo decir que las declaraciones emitidas por el canciller muestran un paso más hacia el reconocimiento que, desde el Gobierno de México, se debe hacer. Y es que, es completamente acertado el decir, como dijo Marcelo Ebrard, que la situación precisa de una declaración de emergencia que el mismo notificaba a los ciudadanos en dicha comparecencia. Una declaración de emergencia que busca anticiparse a la situación, evitando el que los contagios se vayan incrementando y, por no haber actuado, la situación ya se vuelva incontrolable.

Creo que el Gobierno de AMLO, al menos por las declaraciones que emitía ayer el canciller, está reculando en su postura, tras sus primeras declaraciones. Unas declaraciones que emitían un falso optimismo sobre una situación que, tras los precedentes, saben que podría tener efectos devastadores en el país. Una situación que precisa de un reconocimiento político responsable, ya otorgado por los distintos líderes mundiales, al menos en todos aquellos países que se encuentran afectados.

Hasta ahora, esto no había sido así en México, donde el Presidente seguía transmitiendo una tranquilidad, así como una inacción, que impedía a los ciudadanos mexicanos concienciarse de la situación que se avecina. Y que se nos avecina a todos, a todo el planeta. Ahora, ante estas declaraciones, parece que vemos al Gobierno mexicano dispuesto a actuar, a tomar conciencia de la situación y a aplicar métodos preventivos que puedan paliar la situación, así como evitar que esa curva de contagios, la cual es todavía escasa en México, siga creciendo y sacudiendo al país.

Como ya dije, es hora de actuar y sólo se puede comenzar a actuar si se reconoce el problema. Un problema que hasta entonces se ha estado negando, transmitiendo esa negación a un pueblo que, como reflejaban las redes sociales, seguía confiado en que AMLO tenía todo controlado, así como declaraciones que manifestaban, incluso, que México estaba más preparad que España para combatir el Covid. En este sentido, creo que el Gobierno ha dado un paso, pero debe seguir dando muchos más.

Se ha dado un paso grande, sí, pero debemos solicitar más pasos. Debemos pedir medidas para contener la situación, además de lo que significa, ya de por sí, el declarar un estado de emergencia. La actuación va en la línea correcta, ahora hay que controlar que, al igual que ocurrió con la economía y la famosa promesa del 2% de crecimiento económico, no existan desviaciones que aparten al Gobierno mexicano del camino correcto, el de la prevención y la concienciación.

 

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