En México es necesario recomponer las estructuras deficientes y viciadas alrededor de las industrias petrolera y eléctrica.

 

 

México cuenta con un nuevo marco regulatorio para la industria energética. Este hecho, largamente anhelado, hoy es una realidad. La recién aprobada ley brinda la posibilidad de que el país pueda alcanzar tasas de crecimiento superiores a las obtenidas en los últimos 20 años. Desde la implementación del Tratado de Libre Comercio de América de Norte en 1993, el país no había tenido otro cambio estructural tan importante como el que estamos atestiguando ahora.

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Tratado de libre comercio

Como fruto del TLCAN nos convertimos en una potencia exportadora. Basta recordar que en 1993 las exportaciones totales del país andaban sobre los 50,000 millones de dólares, y en esta cifra las ventas de petróleo al exterior representaban casi 8,000 millones de dólares. Hoy las exportaciones son 380,000 millones de dólares, y el petróleo sólo aporta el 15%. Además, con el TLCAN incrementó en forma importante el flujo de inversión extranjera directa, lo cual permitió financiar saludablemente los déficits en cuenta corriente, y de esta manera se logró la estabilidad económica que habíamos perdido desde mediados de los setentas. El comercio exterior se fortaleció y ha sido el principal motor de nuestra economía en los pasados 15 años.

 

Reformas

La reforma energética nos da la posibilidad de atraer flujos multimillonarios de inversión extranjera directa en los años por venir, lo que ha de traducirse en creación de empleos bien remunerados, mismos que nos permitirán crecer en forma más importante. En los últimos años hemos estado creando entre 550,000 y 650,000 empleos por año, lo cual resulta insuficiente para dar trabajo a una población de jóvenes que buscan oportunidades. Las recientes reformas en el mediano plazo nos pueden brindar la oportunidad de crecer a tasas del 5.5%, lo que podrá significar la creación de un millón de empleos por año, y así empezar a reducir los índices de pobreza que francamente son inadmisibles. Por supuesto se tiene que dar una serie de cambios para lograr lo anterior.

 

Regulaciones

Es imperiosa la necesidad de combatir tanto la corrupción como la impunidad, y no sólo eso, pues la administración pública se tiene que hacer más eficiente y transparente, y los reguladores deben actuar con ética y profesionalismo. Las cosas buenas no se van a dar nada más por las nuevas leyes; es necesario recomponer las estructuras deficientes y viciadas alrededor de nuestras industrias petrolera y eléctrica. Los sindicatos, tanto de Pemex como de la CFE, se tienen que adaptar a las nuevas reglas del juego, y se les tienen que limitar las prebendas de las que gozaron por lustros.

 

Conclusión

La sociedad civil deberá tener un papel significativo, exigiendo transparencia y rendición de cuentas para que todo camine en forma correcta. No podemos desperdiciar esta oportunidad que, aunque tardía, le brinda a México la coyuntura de retomar la senda de un crecimiento acelerado.

 

 

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