Por: Srividya Jagannathan*

El sector farmacéutico mundial ha experimentado grandes perturbaciones a causa de la pandemia de COVID-19. Los fabricantes se enfrentan a presiones intensas para aumentar la producción, al tiempo que los distribuidores trabajan frenéticamente para que las cadenas de suministro sigan fluyendo. La pandemia plantea desafíos en materia de adquisición de medicamentos y equipos esenciales, suscitando un debate sobre la necesidad de que los países y las regiones sean más autosuficientes y se coordinen mejor.

Esta situación se da en un momento interesante en la evolución de los mercados farmacéuticos latinoamericanos. Si bien anteriormente las empresas farmacéuticas tendían a limitar los planes de expansión al país en el que tenían su sede, observo que cada vez más establecen alianzas más allá de sus fronteras. Aunque estamos en la etapa inicial, en América Latina está surgiendo un mercado farmacéutico regional cuyo núcleo es México. Un mercado regional más fuerte ayudará a los países a satisfacer mejor las necesidades farmacéuticas a largo plazo, permitiéndoles gestionar mejor las futuras pandemias y crisis sanitarias.

Las empresas mexicanas están bien posicionadas para aprovechar las oportunidades de expansión, pues operan en el país de habla hispana más grande de América Latina, que tiene 126.2 millones de habitantes. México es un país con una clase media numerosa y creciente, un entorno favorable para las inversiones del sector privado y un rápido aumento en la demanda de servicios de atención a la salud, tanto en prestaciones sanitarias como productos farmacéuticos.

La aceptación de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS), la entidad reguladora de la industria farmacéutica mexicana, como un organismo normativo regional representa una ventaja a medida que las compañías farmacéuticas se desarrollan en México. En la práctica, esto significa que cuando COFEPRIS acredita los productos de las empresas, a estas les resulta más fácil penetrar en mercados nuevos, sobre todo en la vecina América Central. Un ejemplo de ello es Sanfer, que forma parte del grupo Invekra, uno de los principales grupos farmacéuticos de México con una cartera de más de 300 productos, principalmente medicamentos genéricos. Sanfer se está expandiendo hacia los mercados de Latino América y el Caribe, como República Dominicana y Perú.

La Corporación Financiera Internacional (IFC), miembro del Grupo Banco Mundial e institución mundial de desarrollo centrada en el sector privado de los países en desarrollo, celebra promueve esta tendencia. En 2019, IFC aprobó 160 millones de dólares en nuevo financiamiento para la empresa farmacéutica mexicana Siegfried Rhein, actuando como inversor principal y facilitando la movilización de fondos adicionales de otros inversionistas. En 2018 otorgó un préstamo de 50 millones de dólares a Genomma Lab, una empresa mexicana que desarrolla y comercializa artículos de cuidado personal y productos farmacéuticos que se venden sin receta. El préstamo formó parte de un paquete de financiamiento de 100 millones de dólares para ayudar a Genomma a construir su primera fábrica en México.

Otro ejemplo de crecimiento y consolidación del sector es la empresa matriz de Siegfried Rhein, Roemmers, compañía farmacéutica con sede en Argentina. Roemmers aumenta su huella en el vecino Brasil —el mayor mercado de la región, con 210 millones de habitantes— a través de su filial Farmoquímica (FQM), un fabricante con una cartera de más de 50 medicamentos recetados de marca. En 2018, IFC proporcionó a FQM un préstamo de US31 millones de dólares para la adquisición de Divcom (en portugués), una empresa del noreste de Brasil que produce marcas de medicamentos que se venden sin prescripción.

Diabetes y COVID-19

Los tipos de fármacos que se fabrican en América Latina suelen abarcar un amplio espectro de usos terapéuticos, que incluyen tratamientos para el cáncer y la diabetes. IFC ha centrado sus inversiones en medicamentos para el tratamiento de enfermedades no transmisibles, el tipo de afección de más rápido crecimiento en la región. Por ejemplo, en México, la tasa de diabetes ha aumentado hasta niveles devastadores, causando la muerte de 80,000 personas al año, lo que llevó al Gobierno a declarar una emergencia nacional en 2016. El aumento de la prevalencia de la diabetes está generando una fuerte demanda de medicamentos para controlar esa enfermedad.

Para responder a la epidemia de diabetes, también se necesita una red nacional de centros de atención de la salud que presten servicios de diagnóstico y tratamiento. Por ello, IFC realizó en 2018 una inversión de capital en Clínicas del Azúcar, una cadena de clínicas especializadas en diabetes que hasta la fecha ha tratado a 30,000 pacientes, muchos de ellos de bajos ingresos y que son especialmente afectados por dicha epidemia. Es esencial hacer frente al problema de manera integral, desde la prevención hasta el diagnóstico, el tratamiento y la vigilancia continua.

En México, aproximadamente el 30% de todos los casos de ceguera se deben a la retinopatía diabética. Con el respaldo de IFC, la cadena de atención ocular Salauno aborda este problema de salud proporcionando servicios asequibles y accesibles a pacientes de bajos y medianos ingresos con el objetivo de eliminar la ceguera en México. La empresa ha tratado a más de 230,000 personas, y ha pasado de ser un centro quirúrgico ubicado en la Ciudad de México a convertirse en una red de centros de diagnóstico, ofreciendo una gama de servicios en toda la Zona Metropolitana del Valle de México. Los pacientes de Salauno son especialmente vulnerables a la COVID-19, pues suelen ser adultos mayores con diabetes e hipertensión.

Salvar vidas

A medida que el mercado farmacéutico de México y América Latina se consolida, la gran pregunta es: ¿cuál será el impacto en los pacientes y consumidores? Tras haber dirigido las inversiones en ciencias de la vida en diferentes lugares durante más de un decenio, en particular en África y Asia, creo que, si se hace bien, la consolidación puede constituir una ventaja neta, al hacer que la industria sea más segura y eficiente y reducir los precios de los fármacos.

La consolidación puede estimular notablemente mejoras en la calidad de los productos. Las limitaciones financieras a las que se enfrentan las empresas más pequeñas de este sector dificultan el mantenimiento de una calidad uniforme en la producción. En cambio, un actor de mayor tamaño, como Roemmers, tiene mayores recursos para invertir y mejorar continuamente los controles, lo que puede generar una mayor consistencia en la calidad entre las distintas plantas de producción. Las ciencias de la vida son un sector que exige conocimientos muy especializados, no solo de los ingredientes sino de los procesos para combinarlos. Es esencial seguir cada paso del proceso de manera meticulosa y en la secuencia correcta. De lo contrario, se cometen errores que afectan negativamente los resultados sanitarios y provocan graves consecuencias en la salud.

Conforme más empresas impulsen el crecimiento transfronterizo, las instituciones de desarrollo deben compartir las enseñanzas derivadas de inversiones en empresas farmacéuticas en los mercados emergentes más maduros, principalmente en Asia. El objetivo es consolidar el mercado, y que se lleve a cabo de modo que impulse el acceso de los consumidores a medicamentos asequibles, que salvan vidas y que son seguros para el consumo.

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*La autora es directora del sector de las ciencias de la vida de IFC

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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