Es innegable que en el país se están realizando trascendentales cambios de fondo para su futuro, pero éstos podrían que­dar a medio camino si no se hace algo para revertir las paradojas en las que hemos caído y que, en muchos casos, se han convertido en grilletes, en algunos casos casi históricos, que frenan la posibilidad de alcanzar la dimensión que un país como México puede lograr.

 

 

Después del segundo informe de gobierno del presidente Enrique Peña Nieto es necesario realizar un ejercicio reflexivo que considere todos los factores que inciden en el estado actual del país, a fin de encontrar las causas que nos han impedido el desarrollo del México que queremos. En ello encontramos que, desa­fortunadamente, nuestro país está atrapado en una serie de paradojas que obstaculizan su correcto funcionamiento; la parte posi­tiva es que está en nuestras manos corregir­las y neutralizarlas.

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México es, sin lugar a dudas, un país con instituciones y leyes, con una democracia en proceso de madurez y una población joven que goza de un bono demográfico muy significa­tivo. Asimismo se trata de una nación abierta al mundo en cuanto a comercio se refiere, que dispone de una red de 10 tratados de libre comercio que le brindan acceso a 45 países.

Por otra parte cuenta con extensos recur­sos naturales (ocupa la cuarta posición mundial por su biodiversidad), una riqueza energética (dispone de la sexta reserva mun­dial de shale gas), minera (es el primer pro­ductor mundial de plata), a lo que se suman 11,592 kilómetros de litorales marinos. Entonces, con todos estos elementos, podríamos y debería­mos preguntarnos con absoluta validez, ¿por qué llevamos 20 años de crecimiento medio­cre? En dicho periodo la tasa de crecimiento promedio ha sido de apenas 2.58%, cifra muy lejana de nuestro verdadero potencial y de las necesidades en materia de crecimiento económico y generación de empleos que requiere el país.

Ahora bien, es innegable que en el país se están realizando trascendentales cambios de fondo para su futuro, pero éstos podrían que­dar a medio camino si no se hace algo para revertir las paradojas en las que hemos caído y que, en muchos casos, se han convertido en grilletes, en algunos casos casi históricos, que frenan la posibilidad de alcanzar la dimensión que un país como México puede lograr. Entre éstas señalo algunas:

1. Sí, tenemos instituciones y leyes pero el Estado de Derecho está fracturado debido a la impunidad, la corrupción y el egoísmo, ele­mentos sumamente graves: el concepto “quien no transa no avanza” se ha convertido en una regla para una sociedad muy permeable a la corrupción, lo cual trae consecuencias para el desarrollo económico. El Reporte de Competi­tividad Global 2013-2014 del Foro Económico Mundial (wef, por sus siglas en inglés) identi­ficó la corrupción como el principal obstáculo para hacer negocios en México.

2. Sí, tenemos un bono demográfico con una población joven, cuya edad mediana es de apenas 26 años (el promedio mundial es 28.5 años), pero ésta tiene un importante atraso educativo y tecnológico, lo que genera poca capacidad de innovación. El mismo reporte del wef clasifica la calidad del sistema edu­cativo mexicano en el lugar 119, de 148 países evaluados; asimismo, en el Índice de Economía del Conocimiento del Banco Mundial, México figura en la posición 62 de 145 en términos de capacidad de innovación de la población. Con esta falta de educación de calidad, se dificulta que una economía produzca valor agregado.

3. Sí, estamos abiertos al mundo pero tene­mos una dependencia sistemática de un sólo mercado y una industria sin política de pro­moción y con monopolios reales y fácticos, sin tener un mercado administrado. A pesar de la red de tratados comerciales, 78.6% de nuestras exportaciones va hacia Estados Uni­dos, lo que nos hace altamente dependientes de sus ciclos económicos.

4. Sí, tenemos recursos pero en muchos casos los usamos de manera irracional; y sí, nues­tra posición geográfica es privilegiada, pero ¿dónde ha quedado la infraestructura que nos permita ser el gran centro multimodal del mundo? El wef en términos de infraestructura nos ubica en el lugar 66 de 148; de poco ha ser­vido tener acceso a dos océanos.

Nuestra cultura y tradiciones nos han dado una gran presencia y una personalidad sufi­cientemente reconocida en el mundo, todo esto nos debería permitir crear un ambiente propicio de optimismo y confianza, y fortale­cer el valor que hace grande a los pueblos; esto es el “amor a la patria”, pero sin chovinismos ni populismo, con orgullo nacional.

Todo esto nos impulsa a considerar que una sociedad organizada, debe de exigir a los que nos gobiernan que mantenga un proyecto de largo plazo para que el bienestar de todos los mexicanos se haga realidad.

Es obvio que el país requiere de un pro­yecto de largo plazo con una clara visión del futuro. Debemos de alejarnos de la medio­cridad, ya que, aunque tengamos momentos de optimismo e impulsos importantes de reformas, éstas son necesarias siempre que no perdamos nuestro objetivo: reconocer que este siglo XXI México debe estar destinado a la grandeza y construirla, sin duda, es tarea de todos.

 

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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