La situación económica a nivel global sigue atravesando una dura situación. Situación que ha puesto de manifiesto la necesidad de tomar las riendas de una economía que no solo presenta el claro final de un ciclo expansivo, sino que agudiza con una desaceleración sincronizada en la que, de acuerdo con las perspectivas ofrecidas por el Fondo Monetario Internacional (FMI), todos los países notarán esa clara moderación en las tasas de crecimiento.

Tasas de crecimiento que, como hemos conocido, debido al mayor deterioro que ha sufrido el escenario comercial, así como sus impactos en la actividad económica; sumado a un entorno de tensiones geopolíticas que siguen dotando de incertidumbre al escenario político, han acabado por lastrar los niveles de crecimiento para la economía mundial, la cual se muestra en una cifra más cercana al 3%, que a ese primer 3,6% previsto por el organismo a principio de año –posteriormente rebajado al 3,2% en julio-, registrado también en 2018.

Unas previsiones que, como digo, no hacen más que diagnosticar lo que ya se esperaba desde que empezamos a visualizar los síntomas de una economía debilitada y contraída. Una economía que, de acuerdo con lo ocurrido, está experimentando los impactos de ese mayor deterioro en el balance de riesgos a nivel global, el cual está sacudiendo duramente a la actividad industrial en muchos países con economías muy desarrolladas. Véase el caso de Alemania, donde la fuerte caída de la demanda exterior ha provocado esa fuerte caída en las exportaciones y, consecuentemente, en su economía.

De igual forma pasa con México, donde la llegada del mandatario Andrés Manuel López Obrador está causando un fuerte revuelo, con mucha discrepancia entre los distintos frentes. Un revuelo que parte de un diagnóstico emitido por el propio Gobierno en el que podemos ver unos datos que distan mucho de una realidad, diagnosticada en este caso por los propios organismos multilaterales. Realidad que pone de manifiesto la inexactitud en la medición realizada por el mandatario mexicano, así como las distanciadas tasas de crecimiento que, en su discurso de gobierno, ha ido mencionando en lo que va de año.

De acuerdo con el Presidente, la economía mexicana preveía unos ritmos de crecimiento cercanos al 2% para este año. Sin embargo, acabar el año con un 0,5%, de acuerdo con las recientes expectativas que publicaba la calificadora Moody’s, es un completo reto para el país azteca; pues el deterioro que ha vivido la economía mexicana, en un entorno completamente transitivo, ha acabado con esos “otros datos” que, a priori, hacía alusión López Obrador en sus discursos. Datos que han acabado con una realidad más que previsible, demostrando una incapacidad más que realista dadas las circunstancias de la economía global.

No te pierdas: FMI recorta las expectativas de crecimiento para la economía mexicana

Pero como digo, no quiero acusar a López Obrador por otras cuestiones más allá del equívoco diagnóstico que, su propio equipo de Gobierno, emitía a principio de año. Un equívoco diagnóstico que, como ya dijimos en su día, no beneficia a la economía mexicana, pues sumado a las ansiadas políticas sociales y el gasto que ellas representan en el presupuesto nacional, podría llevar al país a incurrir en posibles desviaciones que, en un entorno como el actual, conllevaría grandes riesgos. Riesgos que, como ya indicaron los propios organismos, no deben acometerse en momentos donde la economía, con una magnitud global, está viviendo una desaceleración económica como la que vive.

Una desaceleración que, desde el Fondo Monetario Internacional, califican como sincronizada, pues el 90% del territorio global está viviendo esa moderación en los crecimientos de la que hablamos. Moderación que debe ir acorde con las propuestas emitidas por los gobiernos, o más bien a la inversa, para no acometer decisiones arbitrarias que puedan agravar la situación económica. Por ello, como decíamos anteriormente, México debe ser, al igual que el resto de países, consecuente con la situación económica y, sin necesidad de acusar a nadie, acometer las acciones pertinentes que, con todo, vayan directamente enfocadas a paliar la situación y revertir esos decrementos.

No estamos ante una posible crisis como la vivida en 2008, pero no por ello debemos ser autocomplacientes y caer en el error de ningunearla. Está más que claro que ningún partido político siente gran afección por comunicar una mala situación de la economía; menos en algunos casos en los que, como en España, se juegan el liderazgo en las urnas. Sin embargo, ello no debe impedir la ejecución de un diagnóstico real y el propio reconocimiento de los organismos, ya que son ellos los encargados de acometer las reformas, o aquellos planes de contingencia para dotar de robustez a las economías. Por ello decimos que negar la realidad no le hace ningún bien al país; pues no provoca otra cosa más allá de postergar la inacción política, pudiendo incurrir en, como hemos dicho, un mayor deterioro económico.

Como podemos observar, y ya entrando en resumen, las previsiones económicas para los próximos años -especialmente en el caso de México, dadas las previsiones a 2024- son relativamente pesimistas. Unas previsiones pesimistas que, como digo, en el caso de México se acentúan por ese abrupto deterioro que han sufrido las previsiones, así como la distanciada rebaja que han realizado los organismos. La situación no requiere de acusaciones, sino de acciones que traten de revertir una situación económica debilitada. Por ello, el Gobierno de México debe centrar sus esfuerzos en escoger políticas enfocadas a un mayor desarrollo de la economía mexicana, postergando si hace falta algunas otras políticas que, en este momento, no se ajustan al contexto vigente.

 

Contacto:

Correo: [email protected]

Twitter: @Fcollmorales

LinkedIn: francisco-coll

Facebook: FcoCollMorales

 

El autor es Economista y analista económico internacional. Analista para el Foro Económico Mundial y diversos medios como Cinco Días, CNN, Huffpost, entre otros. Además, es Regional CEO de HAC Business School en Nueva York.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

Siguientes artículos

Fusión Disney-Fox en Argentina: Impactos en el Consumidor de TV de Paga
Por

Las estadísticas de plataformas generadoras de contenido en Argentina y lo que representa la fusión Disney + Fox.