Las autoridades monetarias han renunciado al uso del mecanismo dual de amortiguadores de los choques externos compuesto por el tipo de cambio y la tasa de interés. Esta ineficiencia cuesta al país reservas internacionales y pone en riesgo la estabilidad financiera.

 

 

Las autoridades monetarias se resisten a usar la tasa de interés para enfrentar la volatilidad financiera, dejando que todo el impacto del ajuste lo reciba el tipo de cambio. El país ha perdido reservas y las seguirá perdiendo a medida que las autoridades se empeñen en proteger a la tasa de interés y sacrificar al peso. El costo de no haber actuado preventivamente puede poner en riesgo la estabilidad financiera del país.

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El peso baila antes de que empiece la fiesta

Al igual que la mayoría de las monedas de mercados emergentes, el peso se ha visto afectado por la volatilidad que arrecia a medida que se acerca la fecha del primer aumento de tasas de interés en Estados Unidos. Sólo en julio, el peso se depreció significativamente, al punto de obligar a las autoridades monetarias a intervenir en el mercado cambiario mediante la venta de dólares.

La depreciación del peso se ha acelerado ante la resistencia de las autoridades a subir la tasa de interés en anticipación a la primera alza por parte de la Reserva Federal. El peso alcanzó su punto más débil el 30 de julio, precisamente el día en que el banco central decidió mantener la tasa de interés sin cambio una vez más y a pesar de los crecientes embates contra el peso. De aquí que desde julio el peso comenzó a bailar antes del inicio de la fiesta de la Fed, la cual empezará cuando ocurra el primer aumento de tasas en los Estados Unidos esperado para antes de que termine el año.

Durante los primeros siete meses del año, el peso se depreció cerca de 9% y 18.5% para los últimos 12 meses. Desde octubre, cuando la Fed dio por terminado su relajamiento cuantitativo, el peso se depreció 18%. Esto indica que la inminente reversión monetaria en Estados Unidos ha empezado a erosionar el atractivo de los bonos mexicanos ante la persistencia de las autoridades de mantener la tasa de interés sin cambio en medio del temporal financiero.

Desde finales de abril, la Junta de Gobierno del banco central declaró que prefería no aumentar la tasa de interés antes que Estados Unidos porque consideraba que era más costoso actuar preventivamente. Desde entonces, el peso se ha depreciado más rápidamente y el país ha perdido más de 5,000 millones de dólares como resultado de las intervenciones en el mercado cambiario. Así, a lo largo de los últimos cinco meses, las reservas internacionales han caído a una velocidad de 1,000 de dólares al mes.

 

Defensa ineficiente e incompleta

La manera en que México está enfrentando la volatilidad financiera es ineficiente e incompleta, porque todo el costo del ajuste se está cargando al tipo de cambio. Por alguna razón, las autoridades monetarias han renunciado al uso del mecanismo dual de amortiguadores de los choques externos compuesto por el tipo de cambio y la tasa de interés. Esta ineficiencia le está costando al país reservas internacionales y está poniendo en riesgo la estabilidad financiera.

El país se ha subido al ring a pelear contra la tormenta financiera con un solo brazo: el tipo de cambio, ya que el otro brazo, la tasa de interés, la han inmovilizado las autoridades monetarias. Así, el pobre peso está recibiendo por si solo toda la lluvia de golpes, mientras la tasa de interés disfruta la pelea desde la butaca.

El peso no se habría depreciado tanto si la tasa de interés hubiera entrado al quite desde hace algunos meses, ya que esto habría permitido distribuir el impacto de la volatilidad entre las dos variables. Definitivamente, el alza de tasas no habría evitado la depreciación del peso, porque ella obedece a una realineación de la moneda mexicana hacia su nuevo nivel de equilibrio. Sin embargo, la tasa de interés hubiera suavizado la trayectoria de la depreciación y la habría moderado.

Ante la intensidad del temporal financiero, las autoridades salieron a declarar que pueden subir la tasa de interés en ‘cualquier momento’. Esto implica que existe la posibilidad de que suban la tasa en una fecha fuera del calendario de política monetaria. Si esto sucede, después de que se perdió la última oportunidad de hacerlo preventivamente, solo mandaría una señal de emergencia porque el mercado la vería como una respuesta reactiva en lugar de preventiva. En estas condiciones, el costo del ajuste monetario sería mayor que el costo de haber actuado como verdadero banco central preventivo.

Proteger el crecimiento económico no es una razón de peso para no subir la tasa de interés. Primero porque éste no forma parte del mandato monetario, y segundo porque la tasa de interés es expansiva y tiene espacio para subir hacia su nivel de neutralidad sin afectar el crecimiento de la economía. Sin embargo, el gran beneficiario de mantener la tasa sin cambio es el gobierno porque le ayuda en sus cuentas fiscales. Primero porque una tasa baja y sin cambio permite abaratar el costo del financiamiento de la deuda pública, y segundo porque la mayor depreciación del tipo de cambio aumenta el remanente de operación que el banco central le entrega al gobierno federal.

De esta forma, una explicación a la decisión de no querer subir las tasas, y dejar solo al peso, es la intención de proteger a las finanzas públicas ante la caída en el crecimiento económico y en los precios del petróleo. De esta forma, las cuentas fiscales no se descuadrarían más de lo que ya están. Pero las cuentas fiscales no forman parte del mandato monetario.

 

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