Nos hemos desconectado de las tradiciones familiares y culturales. Nuestras agendas están saturadas de actividades profesionales que nos han apartado de la convivencia familiar, y ese núcleo tan importante se ha desintegrado.

 

El psicólogo Carl G. Jung, retomando conocimiento de la mitología griega, conceptualizó el instinto humano por el deseo del conocimiento, la sabiduría y el crecimiento profesional como el Logos, mientras que al instinto humano, profundo e inconsciente, por el deseo de la unión, la reconexión con los otros y con la naturaleza, por la armonía y el amor fraternal, como el Eros.

México vive hoy una profunda insatisfacción de su instinto Eros, lo que genera un gigantesco vacío colectivo, un sentimiento de pérdida del sentido de su brújula interna, una desconexión con las fuentes de verdadera felicidad.

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Nos hemos desconectado –al menos en las grandes ciudades– de la naturaleza; tratamos de controlarla y dominarla, y no de protegerla. En el México prehispánico, los habitantes de nuestro territorio tenían una verdadera conexión con la naturaleza, la respetaban e incluso la veneraban como la gran proveedora. Hoy, los bosques y las montañas no son más que elementos del escenario que rara vez se alcanzan a ver.

Nos hemos desconectado de las tradiciones familiares y culturales. Nuestras agendas están saturadas de actividades profesionales que nos han apartado de la convivencia familiar, y ese núcleo tan importante se ha desintegrado. Los espacios físicos de convivencia al interior de las casas y departamentos prácticamente ya no existen; lo que existe son TV rooms (por el amor de Dios, ahí ¿quién convive?)

Vivimos preocupados por el precio del dólar, el petróleo y el litro de gasolina. Las noticias sobre la corrupción rampante en el gobierno llenan las primeras páginas de los periódicos. La inseguridad sigue causando miedos y estragos, y provoca más desconexión con nuestras tradiciones.

Los ejecutivos cada vez tienen que cumplir metas de ventas más altas, aun en medio de un estancamiento económico, generándoles un estrés que se ha vuelto, para muchos, insostenible. Cada vez las empresas son menos amigables en sus espacios internos de trabajo; hoy sólo se ven “caballerizas” en donde meten colaboradores a producir sin parar por 8-10 horas. ¡Ah!, y cuando van a una junta de trabajo fuera de la empresa es en un hotel sin chiste. En estos lugares el cerebro se apaga más que prenderse.

Las escuelas y universidades se han olvidado de enseñar para que las personas logren ser exitosas personalmente, y dar paso a lecciones que generen tan sólo el éxito profesional. Todos recordamos una lección de nuestra escuela para administrar el dinero, pero pocos recordamos lecciones para administrar nuestras emociones o nuestra relación con nosotros mismos.

Hemos dado rienda suelta a nuestro instinto Logos para acumular información a diestra y siniestra en las redes sociales. Pero en realidad no hemos desarrollado nuestro Eros, para realmente conectar emocionalmente con otros, las tradiciones y la naturaleza.

Los gobernantes son seres “modernos” que poco saben de lo que necesitan el corazón y el alma de los mexicanos. Táchame de lo que quieras al leer estas palabras, pero sabes bien, en tu interior, que has perdido la brújula de tu vocación interna, te has refugiado en una máscara creada para operar dentro del mundo corporativo y gubernamental en el que vives. Critícame por mi propuesta para reactivar el Eros en México, pero en lo profundo sabes que es en la naturaleza en donde te inspiras y hace más de tres años que no te vas de campamento, ni solo, y mucho menos con tus hijos. ¿En dónde está esa ánima tuya y de México, esa alma de seres inspirados, emocionales, felices, conectados profundamente con la naturaleza y con las tradiciones que nos hermanan? Hacen falta más chamanes y menos gobernantes; hacen falta más médicos homeópatas que alópatas; hacen falta más maestros de escuela expertos en el éxito personal y no tanto en el éxito profesional; hacen falta más empresarios que respeten y veneren la naturaleza, y no tanto aquellos que vayan por las ganancias como si se las pudieran llevar a la tumba. No caigas en el ciclo vacío interminable de tu Logos, ausente de sentido claro de vocación. Busca tu Eros interno, reactívalo, no dejes que se te haga tarde… te lo digo por experiencia.

 

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