Para ser un país desarrollado no basta con tener un sector exportador fuerte, es necesario lograr que parte de la riqueza que generan esos productos se quede en casa. Eso sólo se alcanza con conocimiento y tecnología.

 

Por Paola Palma

México es una economía compleja con intrincados lazos globales en diversos mercados, pero su nivel de innovación no corresponde con las necesidades de su sociedad. Sin la materialización del conocimiento en productos y servicios de alto valor agregado, la innovación no se traduce en prosperidad económica.

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Entre mayor y más diverso sea el conocimiento productivo que los individuos poseen, mayores serán las habilidades conjuntas de su sociedad para combinar dicho conocimiento a través de la innovación, transformarlo en bienes y servicios comercializables, generar crecimiento económico y prosperidad.

La acumulación de conocimiento y el desarrollo de productos y servicios complejos son clave para que los países eleven su nivel de complejidad económica. Las economías con una acumulación elevada de conocimiento productivo generan una amplia diversidad de productos intensivos en conocimiento y disponen de intrincadas redes empresariales; se denominan economías complejas.

Las economías simples, por el contrario, tienen una base de conocimiento limitada, producen una cantidad reducida de productos y tienen redes de interacción económica no desarrolladas. La complejidad puede observarse a través del tipo y la variedad de productos que cada país exporta.

Por ejemplo, Corea del Sur es uno de los principales desarrolladores y exportadores de componentes electrónicos de alto valor agregado; en cambio, Burkina Faso, un país ubicado en el occidente africano, es el principal exportador africano de algodón sin procesar. Las diferencias de desarrollo entre ambos países son enormes. El PIB per cápita coreano es 16 veces mayor al del país africano (26,000 dólares contra 1,585 dólares).

¿Dónde se encuentra México en estos términos? Según el Índice de Complejidad Económica de la Universidad de Harvard, México ocupa la posición 35 entre 125 economías, denotando un nivel de complejidad económica intermedia-alta, con una estructura de exportaciones basada en productos manufactureros de alto valor agregado como automóviles y autopartes, televisores de pantalla plana y teléfonos móviles.

La complejidad existente en la producción de un país evidencia las estructuras que acumulan y combinan conocimiento, las capacidades productivas que la sociedad posee y el nivel de desarrollo económico que un país puede alcanzar. No es de extrañar que los líderes en Complejidad Económica sean Japón, Corea del Sur y Suiza, países generadores de nuevos productos y procesos productivos.

Para que México mantenga su posición de liderazgo en el mercado global, requiere elevar la complejidad de su economía. ¿Qué es lo que se requiere para lograrlo? Condiciones que favorezcan la capacidad de las empresas mexicanas para generar nuevos productos y procesos productivos. Desafortunadamente, la limitada acumulación de capital y conocimiento, el bajo nivel de innovación y el reducido desarrollo científico del país impiden elevar la complejidad de la economía.

Según el Índice de Innovación Global, México ocupa el lugar 66 entre 143 economías en este ámbito, por debajo de países como Chile (lugar 46), Panamá (52), Costa Rica (57) y Brasil (61).

Las empresas son los actores principales de un sistema de innovación al transformar ideas en valor económico. Por ello, el gasto de inversión que éstas realizan es fundamental. En México, el gasto privado en actividades de Investigación y Desarrollo (I + D) es 96 veces menor que el realizado por empresas en Corea del Sur y 78 veces menor que el de empresas estadounidenses.

Por otra parte, la inversión pública en investigación científica rinde beneficios sociales cuando hay una conexión efectiva entre los centros académicos y las industrias, al transformar el conocimiento generado en las instituciones de investigación pública en productos que pueden comercializarse.

México tiene el menor nivel de producto científico entre los países de la OCDE medido por número de patentes. Las patentes registradas por universidades y laboratorios públicos mexicanos son 47 veces menores a las registradas por centros coreanos y 44 veces menores a las estadounidenses.

Sin embargo, la coautoría en investigaciones y el registro de copatentes mexicanas con otros países es elevada. El país realiza tres veces más investigaciones conjuntas que Corea y las copatentes mexicanas son 20 veces mayores que las coreanas y ocho veces mayores que las estadounidenses. Ello demuestra la falta de recursos destinados a desarrollar investigaciones propias y la dificultad para obtener patentes que protejan la propiedad intelectual de las investigaciones realizadas en el país.

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Promotor de innovación

La empresa es el centro del proceso innovador; sin embargo no opera en un ambiente aislado. Las políticas públicas y la estructura institucional tienen un alto impacto en promover o desalentar este proceso. En México, el ecosistema institucional no es propicio para la innovación.

El entorno regulatorio y fiscal no propicia el desarrollo de empresas innovadoras. La débil oferta de mano de obra capacitada en áreas de ciencia y tecnología es un cuello de botella para desarrollar conocimiento productivo, al igual que la falta de financiamiento para proyectos científico-tecnológicos. La débil protección de derechos de propiedad intelectual desincentiva la inversión de empresas, en tanto que la infraestructura adecuada para realizar investigación es poca y está concentrada regionalmente.

La innovación se ubica en ciertos sectores económicos y en regiones específicas del país. El gasto en I + D lo concentran grandes empresas de mediana o alta tecnología, que pertenecen principalmente al sector manufacturero. Adicionalmente, más de 40% de los investigadores de alta calidad se localizan en la Ciudad de México.

 

Poco gasto en I + D

El gobierno pretende desarrollar una política de Ciencia, Tecnología e Innovación que permita crear capacidades productivas en los estados menos favorecidos y disminuir la desigualdad regional.

El nivel de gasto para innovación, investigación científica y desarrollo experimental (GIDE) asignado para 2014, equivale a 0.56% del PIB y se espera que para final de este sexenio alcance 1%. Para 2015, el presupuesto proyectado para actividades de Ciencia, Tecnología e Innovación asciende a 60,956 millones de pesos (mdp), cifra que representa apenas 1.7% del gasto total destinado a programas del gobierno federal.

Para 2015, el presupuesto proyectado para el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Ramo 38), asciende a 33,706 mdp.

Al analizar el destino del gasto por programa, se tiene que 46% lo absorben programas sujetos a reglas de operación (destacando las becas de posgrado y el Sistema Nacional de Investigadores), 9.8% se destina a programas de promoción y fomento regional de actividades científico-tecnológicas y únicamente 0.8% del gasto se dirige a proyectos de inversión en infraestructura social de ciencia y tecnología y a su mantenimiento.

Para pasar del concepto de “hecho en México” a “creado en México” sugerido en la Revisión de la Innovación Regional de México de la ocde, y que nuestro país deje de ser una plataforma estratégica para el mero ensamblaje de bienes desarrollados en el exterior, el enfoque de la política de innovación debe reorientarse.

Para ello, las acciones para fomentar la innovación requieren de esfuerzos coordinados entre empresas, centros académicos y gobierno.

Sin recursos públicos insuficientes para promover la innovación y ante la falta de una estrategia de gasto público eficiente en este rubro, poco puede lograrse. Se requieren mecanismos para evaluar los programas de ciencia, tecnología e innovación en operación y dar impulso a aquellos que verdaderamente rindan resultados.

Al mismo tiempo, la innovación debe impulsarse en todas las regiones del país y el primer paso para lograrlo es nivelar las brechas en educación media y superior entre las distintas zonas del país.

Las diferencias en acceso y calidad a los servicios educativos también explican los diferenciales en productividad, innovación y nivel de ingreso. La alianza ip-sector educativo debe ser real.

México no está aprovechando la especialización en segmentos de mercado de alto valor que muchos estados han alcanzado. Con ello, se pierde la oportunidad de desarrollar innovación en torno a clústers altamente exitosos en sectores como el automotriz, aeronáutico, eléctrico-electrónico, que fácilmente podrían impulsar la operación de centros de investigación en estas áreas.

La cantidad de conocimiento productivo acumulado que usa una sociedad se refleja en la variedad de sus empresas y en el capital humano que éstas emplean. Si México no invierte recursos para desarrollar innovación, será incapaz de generar condiciones económicas que sustenten el desarrollo de una economía basada en conocimiento.

 

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