En este gobierno de “esperanza y transformación” se han tomado decisiones que han generado un atraso considerable a México; principalmente, en aspectos económicos y temas de derechos humanos, políticas públicas, equidad de género y proyectos de organizaciones de la sociedad civil. 

Es probable que nos tome más de una década, regresar siquiera al avance que teníamos. Tristemente, el discurso “primero los pobres” se quedó muy corto y es a ellos a quienes más les han fallado.

Sin embargo, hay un conjunto de acciones en particular de las cuales casi nadie habla. Y aunque comenzó hace casi cuatro años con el inicio de esta administración, este discurso está más presente ahora pues sus efectos son perceptibles: se trata del odio entre las y los mexicanos. 

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Desde que Andrés Manuel López Obrador fue el Jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal se inició una campaña de división entre personas gobernantes y ciudadanos. Sobre todo porque se planteó la idea de que había una parte de la población con dinero y otra no; es decir los ricos contra los pobres. Y en todos los casos la victimización del gobierno.

Es así, que desde la campaña del 2006, el PAN en conjunto con el gobierno en turno decidieron subirse a este tan peligroso discurso de división con la campaña “AMLO, un peligro para México” (solo se les olvidó que es un mago de la victimización). 

Si no hubiera sido por el desafuero, probablemente López Obrador no se hubiera posicionado a nivel nacional. Esto último es un ejemplo sobre cómo fue utilizado este aspecto para pasar por víctima y sembrar nuevamente el mensaje de “ellos” y “nosotros”.

Aunque también la verdadera debilidad de Andrés Manuel es su falta de control. Muchas veces en 2006 actuó de forma radical; cuando convocó a decenas de marchas para exponer que hubo fraude en las elecciones, cuando llamó chachalaca al presidente de México, inclusive todas y todos hemos visto cómo ha mandado al diablo a las instituciones.

Todo ello le valió para que se aceptara que en verdad era un riesgo para México. 

Entonces, durante más de 15 años hemos escuchado toda una construcción de discurso encaminada al odio y a la división. Y no estoy diciendo que no existiera antes de él, es más bien que esas diferencias se externaron, se expusieron y se aprovecharon a favor de AMLO.

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Actualmente, somos un país plagado de injusticias, totalmente desigual y dolorosamente pobre. Y ya sabíamos que no existía un piso parejo, pero ahora nuestro país tiene a algunas de las personas más ricas del mundo. Este enojo, rencor y resentimiento es una realidad palpable.

Pero no se trata solo de la desigualdad económica. Hoy en día, todo este odio provoca violencia. Y desafortunadamente, nuestro México tiene la etiqueta muy marcada de ser el lugar en donde se asesinan a cuatro personas por hora, matan a 11 mujeres por ser mujeres al día, somos ese país donde desaparecen a 8 mil personas al año. Y ahora también somos el sitio más peligroso para ejercer el periodismo. 

No obstante, estos datos no parecen interesarle al actual presidente. Dado que todos los días desde el púlpito de la mañanera, él sale a ponerle la diana al pecho al “enemigo del momento”. Es como ver a un papá diciéndole a sus hijos que se odien, que tenemos un hermano malo que no merece respeto, ¿suena escandaloso, verdad?

Pero esto es así, son las feministas, periodistas, ricos (que no son sus amigos), madres de personas desaparecidas, activistas, defensores de derechos humanos, y en general cualquiera que tuitea, en contra de AMLO, solo porque a él le incomoda la verdad. En resumen, desde esta posición de poder lo vemos acusar y señalar.

Y aunque sin duda esto es sumamente peligroso y perjudicial, lo que se observa recientemente es ver a las y los legisladores y miembros de MORENA llamando traidores a la patria a quienes no piensan como ellos. Cuando la pluralidad de pensamiento es uno de los elementos más importantes en una democracia. 

Podemos estar o no de acuerdo con lo que se vota, lo que se dice o se defiende, pero en ningún momento podemos permitir que se niegue el derecho a pensar diferente. Bien decía el escritor Voltaire: “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarte”.

Es así, que muchas voces se han alzado pidiendo mesura y la respuesta es que son traidores. De hecho, esto ha ido escalando cuando son los mismos seguidores quienes cometen actos de violencia atendiendo al llamado de “defender la patria”. 

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Entonces, estamos en un momento crítico, las y los mexicanos nos encontramos más divididos que nunca; tenemos a familias separadas, personas desprendidas por la brecha económica, cultural y política solo por no pensar igual que el otro. La historia se está repitiendo cuando no ponemos atención a las necesidades de los demás, estamos en la antesala de conflictos e incluso guerras civiles. 

Es importante recalcar que esto siempre ha funcionado para los políticos, pero eso es lo peor que nos puede pasar a los ciudadanos. En ese sentido, debemos salir a exigir sin dar marcha atrás. En la democracia lo políticamente correcto es disentir, dialogar e incluso debatir, sin caer en actos violentos.

Es poco probable que se pueda evitar que el presidente continúe con el discurso de división, pero sí podemos dejar de colaborar con este. Intentemos dejar de usar sus propias palabras despectivas entre nosotros, no le demos poder a sus frases. 

Construyamos un discurso de unidad, de verdaderas propuestas por el bien de todas y todos y, en la medida de lo posible, disminuir la desigualdad social para vivir mejor. No hay tiempo qué perder.

Lo dijo más claro el activista Nelson Mandela: “Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, o su origen, o su religión. La gente tiene que aprender a odiar, y si ellos pueden aprender a odiar, también se les puede enseñar a amar, el amor llega más naturalmente al corazón humano que su contrario”.

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Contacto:

Jimena Cándano, actualmente es la Directora Ejecutiva de la Fundación Reintegra.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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