La historia muestra que el comercio entre ambas naciones es desproporcionado. El TLCAN ha sido su gran obstáculo. Ahora, el interés político, acompañado por millonarias operaciones, hace pensar que las cosas pueden cambiar. Pero también hay una piedra en el zapato: el TPP.

 

Por Pierre-Marc René

 

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A 42 años de la apertu­ra de las relaciones diplomáticas entre México y la República Popular China, el comercio entre ambos países sufre un fuerte desbalance que no se podrá resolver sin un ambicioso plan bilateral de inver­siones. Por otro lado, las negociaciones del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés) siguen avanzando, lo que podría crear fricciones políticas y comerciales.

Pero, para entender el estado en el que se encuentran las relaciones, vale la pena desempolvar el pasado.

 

Antecedentes

Cuando el presidente Luis Echeverría Ál­varez realizó la primera visita de Estado de un mandatario mexicano a China, en abril de 1973 (un año después de la apertura de la sede diplomática de México en esa nación), este evento marcó un punto de inflexión en la relación que sus sucesores nunca olvida­ron. Eugenio Anguiano, quien fue el primer embajador de México en China, recuerda que después de la visita del presidente estadounidense Richard Nixon, Echeverría fue el primer mandatario latinoamericano en pisar el suelo chino y en reunirse con el entonces presidente Mao Zedong.

Desde entonces, todos los presidentes mexicanos han realizado visitas a China, pero si bien la relación diplomática va rela­tivamente bien, ha sufrido varios altibajos a lo largo de estos 42 años y, ahora, Xi Jinping y Enrique Peña Nieto buscan darle un nuevo giro, con el objetivo de impulsar el comercio bilateral que actualmente es muy desproporcionado.

El comercio entre México y China se eleva actualmente a 68,000 millones de dó­lares (mdd), según datos de 2013 del Banco de México. Las inversiones acumuladas de China en México son de 310 mdd, mientras que las compañías mexicanas han invertido en ese país cerca de 90 mdd, particularmen­te en el sector de alimentos y autopartes.

No obstante, existe un importante desbalance comercial, pues Julio Millán, presidente de Coraza Corporación Azteca, una firma especializada en comercio internacional, señala que México exporta a China solamente cerca de 6,000 mdd, mientras importa desde esa nación cerca de 60,000 mdd.

El problema, comenta, es que en los años 80 México vivió una fuerte crisis económi­ca que complicó la situación del país, por lo que el comercio que se buscaba con China no levantó a los niveles esperados.

Años después, con Carlos Salinas de Gortari como Presidente, México optó por su relación con Estados Unidos y Europa. El TLCAN, asegura Millán, eliminó a China. “Este tratado es excluyente y limita la entrada de China en la región”, dice.

La relación México-China se enfrió.

 

El gran obstáculo

Actualmente, hay inversiones chinas en Mé­xico, pero hay algo que impide que sea mayor: para participar en una licitación internacional en México, por ejemplo, una empresa china no puede competir frente a una empresa americana. “Los chinos necesitan tener empresas en Estados Unidos o en Canadá o en Costa Rica [que tienen un TLC para hacer negocios con México]”, dice Julio Millán.

En el libro China Alone: The Emergence from, and Potencial Return to Isolation (J Capital Research Ltd./UNAM, 2013), Anne Stevenson-Yang escribe que el TLCAN llegó precisamente en el momento en que China empezaba a registrar un fuerte crecimien­to y México, en tanto, empezó a perder ventajas de logística y tarifas.  “En realidad, salvo en autopartes, Chi­na ganó una participación en la manufac­tura mundial más rápida de lo que hizo México en toda la década de 1990, con todo y el TLCAN”.

La apertura comercial de China se hizo lentamente, pero su adhesión a la OMC forzó a esa nación a asumir varios compromisos en términos de liberalización del mercado, señala otro reporte realizado por académi­cos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) titulado La irrupción de China en el TLCAN: efectos sobre el comercio intra-industrial de México.

Hoy, China tiene firmados 10 tratados de libre comercio con 24 países; dentro de ellos, tres latinoamericanos (Chile, Costa Rica y Perú), así como tres en proceso de negociación con Australia, Noruega y Suiza. Pero con México nunca se hizo, lamenta Ju­lio Millán; y con la negociación del tpp, será difícil que se logre debido a que Estados Unidos, Canadá y Japón quieren aislar a la nación asiática. “El TPP es la forma de aislar a China de Estados Unidos, de Canadá y de Japón. Es parte de una lucha comercial de largo plazo”, dice Millán.

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¿Cuál es la ruta a seguir?

Hoy, por lo pronto, los vientos soplan en una dirección que permite alimentar la idea de que la relación tomará otro ritmo.

En 2013, Xi Jinping realizó una visita de Es­tado a México y Enrique Peña Nieto recién acaba de regresar de un viaje por aquel país.

En ese entorno, Julio Millán considera que México necesita un waiver con los es­tadounidenses y los canadienses para poder tener una verdadera relación económica con China y poder negociar un tratado de libre comercio con ese país. (Un waiver es una cláusula con la cual un socio puede pedir permiso a sus contrapartes para que pueda hacer negocios con otros, sin que afecte el acuerdo que tienen.)

China, dice Anne Stevenson-Yang en su libro, se transformó durante las últimas dé­cadas en el principal rival de México, al ser la manufactura del mundo, pero a la vez se convirtió en el segundo socio comercial del país, desplazando a Canadá. Por otro lado, en 2005, China superó a México y se con­virtió en el segundo mayor socio comercial de Estados Unidos, posición que mantiene desde entonces.

México y China tienen perfiles exporta­dores muy similares y compiten desde hace ya algún tiempo en el mercado estadouni­dense con manufacturas que no requieren mano de obra especializada, señala una investigación de los académicos Enrique Dussel Peters y Kevin P. Gallagher titulada El huésped no invitado del TLCAN: China y la desintegración del comercio en América del Norte, publicada en agosto de 2013 en la revista de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Pero la liberalización comercial de China hizo que se incrementaran los salarios, los costos del transporte y los de los productos manufacturados, lo que hizo perder compe­titividad a esa nación. Algo que ha benefi­ciado a México. Además, los bajos costos del gas natural en Estados Unidos están dándole ventajas a México y las reformas estructurales del gobierno mexicano po­drían hacer que las manufacturas regresen a este país en los próximos años.

Sin embargo, si bien México y China buscan reactivar su comercio, Julio Millán y Eugenio Anguiano coinciden en que se necesita un ambicioso plan bilateral de inversión, mientras que los chinos deben apostar en tener socios mexicanos.

La mayor parte de las corporaciones son con participación del gobierno chino, pero las nuevas reglas industriales chinas permi­ten que haya asociaciones público-privadas.

“Como las empresas chinas en su mayo­ría son públicas o tienen una participación del gobierno, se pueden hacer mixtas (pú­blico-privadas), pero requieren de socios mexicanos. Nosotros queremos que vengan, pero en ese sentido los chinos tienen poca flexibilidad”, dice Millán.

Por lo pronto, el mayor cambio se está percibiendo en el sector de telecomunica­ciones, donde las empresas como Huawei, ZTE y Alibaba ya tienen capacidad de invertir en el extranjero. De hecho, Huawei y zte ya tienen presencia en México, y Julio Millán adelanta que Alibaba está alistándose para incursionar en el mercado mexicano.

“Alibaba va a ofrecer lo que es el inter­cambio de comunicación, el servicio de Internet y todas las bases de datos mundia­les. Van a ofrecer el software. Hay muchas oportunidades para los chinos, pero hay que hacer un match mucho mejor entre socios chinos y mexicanos”, puntualiza.

Esto es lo que pudo pasar con la cons­trucción del tren de alta velocidad entre México y Querétaro, pues el consorcio en­cabezado por China Railway Construction Corp. y CSR Corporation Limited, se asoció con un grupo de socios mexicanos con­formados por las empresas GIA, Teya, GHP Infraestructura Mexicana y Prodemex, para presentar su propuesta (fallida) a la Secre­taría de Comunicaciones y Transportes.

Pero también se espera la llegada de capitales chinos en los sectores de la ener­gía, construcción, infraestructura, minería, entre otros. Recientemente, una delegación mexicana encabezada por el Consejo Em­presarial Mexicano del Comercio Exte­rior (Comce), dirigido por Valentín Diez Morodo, estuvo en China para impulsar el comercio entre ambas naciones.

Por lo visto, los gobiernos y empresarios de China y México quieren resolver el des­balance comercial que ambos países sufren y trabajan sobre un plan de inversiones para que empresas mexicanas y chinas inviertan entre sí. La piedra en el camino, sin embargo, es el TPP.

 

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