Egipto tiene la responsabilidad de buscar y encontrar justicia, que sirva de muestra a otros territorios de que, ante la incertidumbre, el Estado debe proteger la vida y la integridad de los civiles, no importa su nacionalidad ni el lugar donde se encuentren. El gobierno mexicano sólo podrá ejercer la responsabilidad de acompañamiento con los representantes de las víctimas, quienes podrán interponer las demandas que consideren oportunas contra la agencia de viajes y el Estado egipcio.

 

Uno puede planear unas placenteras vacaciones y prever qué pasaría si se pierde el pasaporte o si se llega tarde al aeropuerto, o si la reservación del hotel no fue respetada, pero nunca se planea qué haríamos si un helicóptero nos lanza un misil o una ráfaga de metralla.

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Los sucesos del pasado13 de septiembre, ocurridos a un grupo de turistas donde había mexicanos en el desierto occidental Al-Wahat, camino al oasis de Baharilla en Egipto, convirtieron unas placenteras vacaciones en una terrorífica pesadilla al ser atacados y, varios de ellos, asesinados, con misiles y ametralladoras de aeronaves de las fuerzas de seguridad egipcias, que los confundieron con grupos terroristas.

 

Los riesgos de una travesía peligrosa

Egipto, país transcontinental cuyas fronteras se enmarcan por Sudán, Libia, Israel, Palestina, el mar Mediterráneo y el mar Rojo, lucha por la pacificación en su territorio ante un entorno donde coexisten las fuerzas rebeldes opositoras al régimen de Abdelfatah Al-Sisi y la presencia de grupos terroristas.

Al-Sisi, de formación militar, llegó al poder en 2014 tras el golpe de Estado de 2013 en contra de Mohamed Morsi, el primer presidente democráticamente electo en el 2012, tras el movimiento de la Primavera Árabe, gestado en contra del depuesto dictador por 30 años, Hosni Mubarak.

A partir de la llegada de Al-Sisi al poder, la persecución en contra de los hermanos musulmanes incondicionales a Morsi ha sido permanente. Hoy existen más de 105 de ellos sentenciados a pena de muerte, igual que Morsi.

Aunado a esta circunstancia, se observa que el desierto occidental, poblado de tribus beduinas, está fuera del control del gobierno de Al-Sisi, y éste se sabe es el principal corredor de tráfico de armas entre Libia y Egipto. Es también un territorio donde se alojan los miembros del grupo yihadista Ansar Bait al Maqdis.

Este grupo opositor al Estado resurgió con mayor fuerza durante la actual guerra civil de Siria, donde se forjó el llamado Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL), quien ha logrado afianzar sus vínculos con Ansar Bait al Maqdis, un vehículo para extender su pretendido califato en la región y que reclama la autoridad religiosa sobre los musulmanes en el mundo, a través de lograr la unión de las regiones habitadas por musulmanes, bajo su control. EIIL comenzó en Irak y la región del Levante mediterráneo que comprende al Oriente Próximo, el desierto árabe y la península del Sinaí de Egipto.

Esta situación de descontrol ha obligado al Estado egipcio a la restricción de ciertas zonas de su territorio, donde arremete o combate en contra de estas fuerzas que obran al margen del Estado.

 

El fin de un viaje maravilloso

Las impresionantes formaciones rocosas blancas y negras del Wahat (oásis) en el Desierto Occidental, cerca de la frontera con Libia y no muy lejanas a El Cairo, capital de Egipto, fueron testigos mudos del ataque padecido por turistas a manos de las fuerzas de seguridad de ese país.

El argumento de éstas es que, un día antes, extremistas del EIIL admitieron tener presencia en esa región. Pero este argumento no es sólido frente al derecho internacional humanitario. Aquí, independientemente de si se logra comprobar o no la responsabilidad de la agencia Windows of Egypt sobre la existencia de la restricción de permisos en ese territorio, debe importar la función de salvaguardar la integridad de las personas que no forman parte de la conducción de hostilidades en este tipo de escenarios convulsos, los civiles.

En el derecho internacional humanitario hay varios principios, pero en torno a este caso destaca el principio de distinción, que dicta que en el caso de que exista duda del carácter militar o civil de un blanco de ataque u objetivo, debe prevalecer la presunción de que este es de carácter civil.

En razón de esto, no es admisible que haya habido este ataque contra los turistas. ¿Cuál era la certeza de que eran terroristas? ¿Portaban armas? ¿Huían tras la solicitud de un alto? El argumento de estar en el lugar y el momento equivocado no pueden ser una justificación del Estado para ejercer la violencia.

Ni siquiera el principio de necesidad militar, por el que debe existir un motivo lícito para el ataque que justifique los lamentables hechos.

Los estados están obligados por el derecho internacional humanitario a la aplicación del principio de distinción, que exige definir claramente las personas y los bienes que es lícito atacar. Estos turistas eran civiles, no eran el objeto del ataque.

 

La búsqueda de la verdad

Una nota diplomática emitida el lunes 14 de septiembre por la cancillería mexicana, que encabeza la recién nombrada secretaria Claudia Ruiz Massieu, lamenta los hechos de este atentado y pide la investigación conducente de los mismos para satisfacción de las víctimas. La responsabilidad será de acompañamiento con los representantes de las víctimas, quienes podrán interponer las demandas que consideren oportunas contra la agencia de viajes y el Estado egipcio. Se observará que se preserve el debido proceso. Participará si es invitada, al esclarecimiento de los hechos en una comisión de investigación mixta. Ayudará a expatriar los restos y al traslado de heridos al territorio mexicano. Condenará los atroces hechos que serán imborrables, pero no podrá hacer más. La Secretaría de Relaciones Exteriores de México buscará la forma.

El Estado egipcio responderá por el fondo. Tiene la responsabilidad de buscar y encontrar justicia, que sirva de muestra a otros territorios de que ante la incertidumbre, el Estado debe proteger la vida y la integridad de los civiles, no importa su nacionalidad ni el lugar donde se encuentren.

Por 57 años ininterrumpidos hemos dialogado con Egipto en la relación bilateral que sostenemos con excelentes frutos desde 1958. No será ni la primera ni la última vez que lo hagamos, la verdad es el camino del diálogo.

 

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