Por: Adolfo Laborde*

De acuerdo con el politólogo estadunidense John Mearsheimer,[1] la nueva versión de la guerra fría 2.0, como le llaman algunos analistas, es una realidad. La rivalidad entre China y los Estados Unidos no cesa, de hecho, se ha incrementado en todos los frentes. Ahora ha tocado el terreno de las redes sociales con la posible veda a la red social TikTok en ese país si no se venden los activos de esta a empresas o inversionistas de los Estados Unidos, lo cual, dudo mucho que suceda.

Este espiral de confrontaciones ha trastocado prácticamente el orden internacional y por su puesto, su futuro, más aún por los efectos sanitarios, económicos y políticos del Covid-19 en el mundo. No es ningún producto de la casualidad que el presidente Donald Trump haya comenzado en su administración por exigir un comercio justo a China que utiliza un modelo neomercantitilista (exportar mucho e importar poco) para profundizar su superávit comercial con ese país y por ende, con el mundo, lo que le ha permitido llevar a cabo campañas de financiamiento global a Organismos Internacionales, como la Organización Mundial de la Salud (OMS), de la cual Estados Unidos ya no es miembro, por ejemplo, y otras iniciativas propias como su nueva Ruta de la Seda que pretende dotar de préstamos blandos para infraestructura y desarrollo a los países que así lo soliciten.

Esto, naturalmente ha convertido a este país en un aspirante a dejar sentir su “hegemonía” en Asia y posteriormente en el globo terráqueo. Es precisamente lo que Estados Unidos pretende evitar: que China logre la supremacía regional para que en una segunda fase lo haga a nivel global. De hecho, el proyecto chino está programado cumplir con este objetivo para el año de 2049. Mientras eso suceda, de acuerdo con John Mearsheimer, pasarán muchas cosas. Por ejemplo, es probable que aumenten las tensiones en Asia, dando paso a un esquema de seguridad bilateral a una colectiva entre Estados Unidos y sus aliados regionales como Australia, Corea del Sur, Filipinas, India, Japón y Nueva Zelanda. Un esquema de defensa colectiva como el de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) en la región no es algo descabellado. Otro aspecto que Mearsheimer señala es que por el momento Rusia se encuentra alejada de los Estados Unidos, pero cuando China se convierta en un “país hegemón” o gran potencia, podría aliarse con los Estados Unidos para contener a los chinos.

De esta manera, la guerra fría versión 2.0 es una realidad, sin embargo, tiene diferencias con respecto a la que experimentaron por más de 46 años los soviéticos y norteamericanos. Una de ellas es que en esta versión no existe de una polarización ideológica. Ambos países se dicen economías abiertas y defensores del libre mercado. Otra es el poderío económico de los chinos, que los soviéticos no lograron, producto de su crecimiento económico sostenido en lo últimos años, el número de su población y el bienestar que esta tiene. No hay que olvidar que China ha logrado sacar de la pobreza a más de 350 millones de habitantes en los últimos años.

Ante este escenario, ¿dónde queda México?  Como sabemos, nuestro país se ha centrado en profundizar la 4T (Cuarta Transformación) misma que ha estipulado que la mejor política exterior es la continuación de la política interna. No sé a ciencia cierta cómo esto podría lidiar en un contexto de una guerra fría, más aún cuando uno de sus actores se ha convertido en nuestro principal socio comercial a través del nuevo T-MEC que entró en vigor el 1 de julio pasado. Habrá que ver cómo nuestra diplomacia sorteará esto dado que, en el discurso, se habla de la necesidad urgente de la diversificación de nuestras relaciones económicas internacionales siendo China parte importante de esa narrativa.


[1] Conferencia virtual dictada en el Instituto de Compromiso y Cooperación Internacional de Nepal el día 4 de agosto de 2020.

Contacto:

Dr. Adolfo Laborde Doctor en Relaciones Internacionales. Profesor Investigador de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Anáhuac México.*

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