Por Jorge Luis Torres Aguilar*

Con una frontera de 3,000 kilómetros en la que convergen 10 estados – 4 de Estados Unidos y 6 de México-, la relación México-Estados Unidos ha sido clave en el desarrollo de México como nación independiente, y su conformación como economía de clase mundial. Más allá de contextos o ideologías, la prosperidad de uno descansa en el bienestar del otro, y en la capacidad de ambos para cooperar y crecer juntos.

Como dijo hace poco la subsecretaria de Comercio Exterior Luz María de la Mora, nuestra frontera es “porosa” -compleja, interconectada y llena de movimiento-, crucial para ambas economías pues diariamente la transitan de manera legal aproximadamente 1 millón de personas, 300 mil vehículos, y el comercio bilateral equivale a más de 1 millón de dólares por minuto.

Estados Unidos es el principal socio comercial de México – representando alrededor de 63% de su comercio exterior-, y México es el tercer socio comercial para Estados Unidos. Históricamente, las empresas americanas representan más del 50% de la IED de México. Por su parte, las empresas de American Chamber representan 20% de la IED, 21% del PIB y generan 2.5 millones de empleos formales directos y más de 6 millones de indirectos.

El comercio y la inversión son engranajes de una compleja estructura que desencadena una serie de beneficios económicos y sociales: infraestructura, servicios, así como mejores prácticas que llegan con las empresas que operan en todos los rincones del mundo, en materia de responsabilidad social, cumplimiento, desarrollo de talento, diversidad e inclusión, investigación e innovación y sustentabilidad, entre otros.

En tiempos de cambios -nunca tan vertiginosos-, la relación bilateral enfrenta serios desafíos en materia de seguridad, migración y derechos humanos. Pero, de la mano, vemos también grandes oportunidades que mantienen la confianza del sector binacional en México y, más aún, vislumbran una solución común para los retos comunes.

El diálogo, la cooperación y la confianza entre los sectores público y privado de México y Estados Unidos son la clave de la prosperidad de la relación bilateral. Espacios de vinculación como lo es el U.S.-Mexico CEO Dialogue -en el que en esta ocasión participamos 58 CEOs junto con los tomadores de decisión de ambos países, entre ellos el presidente Andrés Manuel López Obrador, y el Secretario de Comercio de los Estados Unidos, Wilbur Ross- favorecen un acercamiento altamente efectivo, en el que se identifican los pasos para juntos transitar hacia las soluciones.

Antes de viajar hacia Mérida, los integrantes del Consejo Directivo de AmCham tuvimos la oportunidad de dialogar con parte de la comitiva: John Creamer, Encargado de Negocios de la Embajada de Estados Unidos en México, Patrick Ottensmeyer, presidente y CEO de Kansas City Southern; Juan N. Cento, presidente para FedEx Latinoamérica y el Caribe -empresa que represento en México-, y con el Subsecretario para América del Norte de la SRE, y negociador del T-MEC, Jesús Seade.

En las conversaciones públicas y laterales, hubo común denominador: un auténtico y genuino interés de trabajar con una muy agenda propositiva para avanzar el comercio y la integración; seguir trabajando como un bloque económico para provocar un contexto ganar-ganar , y por lo tanto tener una mejor posición ante el mercado global.

A casi 25 años de que el TLCAN transformara la identidad binacional a través del comercio, es momento de impulsar el nuevo T-MEC, que traerá certeza e implica un doble reto/oportunidad para México: asegurar mayor calidad, competitividad y condiciones laborales a la altura de los estándares internacionales. Como enfatizó Thomas J. Donohue, presidente y CEO de la U.S. Chamber of Commerce en el CEO Dialogue, “Debemos terminar el trabajo en el T-MEC y eliminar la incertidumbre que ha pesado sobre los negocios mexicanos y americanos por demasiado tiempo. México ya cumplió, es momento de comenzar a cosechar los beneficios de un acuerdo comercial fortalecido y modernizado”.

* Presidente de American Chamber/Mexico.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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