Hace unos días tuve la oportunidad de probar una de las pocas gafas inteligentes que hay en México. Esto es lo que aprendí.

 

¿Recuerdan la primera vez que tuvieron un teléfono celular en las manos? ¿Qué tal un bíper, una laptop o una tablet? El primer contacto con un aparato nuevo, cuyo potencial aún es desconocido, usualmente resulta emocionante. Hace un par de días tuve la oportunidad de probar en persona las tan esperadas Google Glass y la sensación fue la misma.

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Considerando que actualmente hay sólo unos 2,000 dispositivos en el mundo y en México la cifra no pasa de tres, la experiencia es un privilegio. Flock, una de las agencias de publicidad más interesantes de la actualidad en el país, fundada por Sebastián Tonda y dedicada al marketing digital, invitó a Forbes México a conocer el nuevo gadget de Google, el cual llegó a sus manos gracias a Ana María Barquín, Regional Director de Flock y parte del selecto club Glass Explorer Program.

El principio detrás de Glass es similar al de un teléfono inteligente, pero integrado en unas gafas. Se trata de una computadora en miniatura con cámara y GPS integrados que proyecta una imagen rectangular traslúcida directo al ojo del usuario, quien puede utilizar la interfaz a través de comandos de voz o de un panel táctil ubicado a un costado de los lentes.

Para activar el menú sólo hay que dar un tap (tocar suavemente) en el panel táctil (ver ilustración), utilizar el comando de voz “Ok Glass” y después pedirle que realice una de las siete funciones que hasta ahora realiza:

• Hacer una búsqueda en Internet de un término específico
• Tomar una foto
• Grabar un video
• Ofrecer instrucciones de navegación vía Google Maps
• Enviar un mensaje de texto
• Hacer una llamada de voz o
• Iniciar un hang out (videoconferencia) con otro usuario
• Traducir una frase a otro idioma y arrojar un resultado en audio

 

Así se sienten

Las gafas son sumamente ligeras y la respuesta a las órdenes es rápida y fluida, tanto con los comandos de voz como con los táctiles. Si bien la estética no es uno de sus fuertes, las opiniones que afirman que te hacen lucir como un idiota me parecen un poco exageradas. No, no son unos ray-bans, pero el perfil futurista de su línea es congruente con ese espíritu innovador del gadget. En mi opinión, sería una buena idea que Google ofreciera al segmento menos osado del público una versión más cercana a un armazón convencional cuando el equipo salga al mercado en 2014. Además, hey, pudo haber sido peor.

La experiencia visual cumplió con todas mis expectativas. De acuerdo con las especificaciones publicadas por Google, la resolución de la imagen es similar a la de una “pantalla” de 25 pulgadas, y la brillantez de los colores y claridad de la imagen son bastante buenas. La ventaja de la ubicación de la pantalla es que no es intrusiva ni obstaculiza de forma alguna la visibilidad.

Al respecto,  Karlo Valentín Rodriguez, Director de Innovación de la agencia,  me hace notar que la visualización del contenido mostrado en las gafas requiere un movimiento similar al que realizamos cuando miramos por el retrovisor del auto mientras manejamos: no giramos la cabeza, sólo echamos un vistazo fugaz.

A la par de la experiencia visual, el aspecto auditivo es impresionante. Glass no cuenta con bocinas, en su lugar utiliza un sistema llamado transductor de conducción ósea, es decir, transmite el sonido a través de los huesos del cráneo, por lo cual resulta muy discreto y efectivo.

La calidad de las fotos y el video capturadas por las gafas es estándar. Se trata de imágenes de 5 megapixeles y clips de video en una calidad HD, similares a las que se podría tomar con un smartphone de gama media, con el plus de que las órdenes son dadas verbalmente.

glass_info

 

El potencial

Aunque apenas se trata de los primeros pasos de estas gafas inteligentes —Google ya trabaja en mejoras al sistema operativo, funcionalidad, diseño e interacción—, con estas gafas ocurre lo mismo que con el iPhone: el potencial del dispositivo no será aprovechado al máximo hasta que otros desarrolladores trabajen en aplicaciones para ellos.

Flock es la única agencia que cuenta con un equipo de Glass. “Para nosotros es un nuevo canal para hablar con las personas”, me dice Valentín, y me adelanta que están alistando los planes que tienen para el gadget y las marcas, sin embargo prefirió reservarse los detalles, los cuales dará a conocer en septiembre próximo.

Los usos posibles son tan diversos como las necesidades de los usuarios (en Quora hay una creciente lista de propuestas) y muchos de ellos ya comienzan a convertirse en aplicaciones, desarrolladas por parte de la comunidad de Explorers, como una que busca brindar una experiencia de realidad aumentada.

Sin embargo, el dinero para el desarrollo de aplicaciones no crece en los árboles, por lo que Google ya tiene una forma de ayudar a monetizar el uso de Glass, para lo cual patentó recientemente el sistema de reconocimiento óptico para publicidad, que permitiría comprobar cuando un usuario vea un anuncio publicitario, según informa The Verge.

Falta menos de un año para que Google ponga Glass a la venta de forma masiva. Mientras los usuarios esperamos, hay un ejército de desarrolladores ideando nuevas formas de hacer el dispositivo aún más útil y sorprendente. Quién sabe, quizá en algunos años los smartphones se hayan convertido en piezas de museo.

 

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