O cómo la edad nos apresa hasta hacernos sentir inservibles e insatisfechos con la forma como han resultados las cosas. Pero las crisis de la edad no tienen que ver tanto con los años, sino con las experiencias de vida, propone el director Noah Baumbach.

 

Al Ganso

 

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La edad es un asunto de mente sobre materia.
Si no lo piensas, no importa.
Mark Twain

 

Crecer es inevitable. Primero lo hacemos de manera inconsciente, y conforme los años comienzas a acumularse es imposible eludir el paso del tiempo, sentir los días y las horas sobre nuestras cabezas. El cuerpo cambia. Bien dijo alguna vez Cortázar: somos los mismos y somos otros. En su más reciente largometraje, Noah Baumbach (Historias de familia, Greenberg) propone una reflexión sobre dicho fenómeno y al mismo tiempo un complemento/continuación a su trabajo anterior: la sensible Frances Ha (2013), inédita en nuestro país (aunque disponible en un par de servicios de streaming), en que una torpe joven, al final de sus 30 años, debía encontrar el camino de la maduración.

Josh (Ben Stiller) es un documentalista que lleva 10 años intentando terminar su nueva película. Su ópera prima fue un éxito pequeño que le aseguró una posición acomodada entre la élite neoyorquina y lo proyectó como una de las voces a seguir. Su esposa, Cornelia (Naomi Watts), lo ha acompañado desde entonces, aguantando el largo proceso de creación de su marido, sin involucrarse, resignada ante el camino que tomó su relación. Hay amor, claro, pero la distancia es palpable.

Su vida se revitaliza cuando traban amistad con un joven matrimonio de hipsters (en el sentido Roma/Condesa, y no en su clásica acepción de los años cincuenta), Jamie (Adam Driver) y Darby (Amanda Seyfried). Gracias a ese encuentro, nuestros protagonistas se revitalizan, iniciando una revaloración de sus vidas, anhelando sentirse jóvenes de nuevo y reflejando todas sus ausencias en el par de muchachos.

Los temas de Baumbach parecen sencillos: abordar cómo la edad nos apresa hasta hacernos sentir inservibles e insatisfechos con la forma como han resultados las cosas, al mismo tiempo que el contacto con la juventud energiza el día a día. Y sí, la película juega, por momentos, en esa cancha, pero gracias a su sensibilidad como autor, Baumbach logra extender el rango de su historia. Profundizar sin caer en lugares comunes, como Frances Ha (la atípicamente bella Greta Gerwig) encontraba en una pieza de baile poco estético su adecuada maduración personal.

Josh es un hombre presa de sus propios miedos, provocados no por la edad, sino por las inseguridades de crecer bajo el ala de un genio. El padre de Cornelia es un documentalista legendario (pequeño homenaje a los miembros del direct cinema estadounidense, Leacock, Pennebaker, los Maysles). Él tiene el talento y las habilidades para hacer grandes cosas, mas teme fallar, equivocarse lo congela. De ahí que el contacto con Jamie sea tan significativo: le atrae, no porque sea joven o su reflejo, no, se debe a la confianza del hipster, capaz de usar un sombrero raro sin inmutarse por opiniones ajenas o hacer de su película un “happening”. Es un ente sin escrúpulos, con una única meta en la vida: triunfar a cualquier costo.

Baumbach propone que las crisis de la edad no tienen que ver tanto con los años, sino con las experiencias de vida. La desdicha no la provocan las arrugas, es la insatisfacción de haber quedado corto ante las expectativas propias. Se podrán tener 15, 30 o 40 años, la ruptura proviene del mismo lugar: nuestra alma/mente.

 

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