El presidente de Grupo Dinant, Miguel Facussé, se dice listo para competir de nuevo con sus productos estrella con los gigantes P&G y Unilever, y de paso explotar el potencial de la palma africana para llegar con sus derivados a todo el continente.

 

Por Luisa Agüero Starkman y Uriel Naum Ávila

 

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En 2012, Miguel Facussé Barjum, el Rey de las marcas, como se le conoce en Centroamérica, irrumpió una vez más en el mercado de consumo masivo de la región, solamente que esta vez no lo hizo con un producto novedoso, sino con cloro y jabón, los mismos insumos que años atrás P&G y Unilever le prohibieron producir.

La decisión de regresar a los negocios del jabón y el cloro fue la experiencia que tiene el corporativo en la fabricación de ambos productos, al tiempo que le pusieron un ingrediente más: lograr aumentar sustancialmente en 10 años su presencia en Sudamérica, Europa, Canadá y Estados Unidos.

Es gracias a esta visión regional del presidente ejecutivo de Dinant que en los últimos años la empresa ha sorteado diferentes problemas políticos y sociales en Honduras. Uno de éstos, la expulsión del ex presidente Manuel Zelaya del país en 2009, que derivó en la salida de empresas e inversión extranjera ante la inestabilidad económica que se generó por más de tres años, periodo en que el corporativo de Miguel Faussé mantuvo un crecimiento promedio anual de 25%.

En agosto pasado, el zar de las marcas cumplió 90 años, pero no considera su edad como un obstáculo para seguir innovando y creciendo, como lo hizo en los noventa, cuando viajó a Guatemala para corroborar de manera directa con 200 lavanderas que iban a buscar jabón a las tiendas de autoservicio porqué no compraban su cloro —en ese momento vendía en ese país 4,000 cajas al mes—. El alto costo del producto fue la respuesta que predominó en el sondeo.

Una bolsa plástica fue la solución para disminuir casi la mitad de los costos. En 12 semanas ya estaba vendiendo 95,000 cajas al mes y pronto las trasnacionales del segmento de limpieza replicaron su idea en suavizantes, jabones y otro tipo de líquidos en varios lugares del mundo.

Es esa capacidad de abrirse a nuevas oportunidades lo que ha caracterizado a lo largo de los años al fundador de Dinant, asegura Samuel Urrutia, presidente internacional del Consejo Empresarial de América Latina (CEAL), encargado de entregarle el Premio Fundadores a Miguel Facussé este octubre en la Casa de América, en Madrid, España.

Y una de esas oportunidades de negocio la ve el empresario hondureño en la producción de palma africana, la cual ha crecido 54% en el país centroamericano en comparación con lo que se cosechaba anualmente en la década de los noventa. De hecho, en la actualidad la exportación de aceite de palma le genera a Honduras divisas por cerca de 400 mdd al año, siendo Nicaragua, Holanda, México y El Salvador los principales países demandantes de esta planta que multiplica sus usos en la manufactura de biocombustibles, aceites de cocina, jabones, detergentes, pinturas, barnices, gomas, tintes y lubricantes, entre muchos otros productos.

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Con ADN innovador

La vena ingenieril del presidente de Dinant ha sido un factor crucial para que la innovación esté presente en los diferentes segmentos de negocio de la empresa. Sin embargo, fue en la década de 1950 cuando un suceso lo llevó a romper con los viejos paradigmas empresariales y lo impulsó a emprender en negocios de alto alcance.

Tan sólo cuatro años después de graduarse en la licenciatura en ciencias de ingeniería aeronáutica de la Universidad de Notre Dame de South Bend Indiana, Miguel Facussé asumió la dirección general de Taca Airways System.

Con tan sólo 20 años, uno de los retos que asumió junto con el cargo fue incrementar el número de viajeros en la aerolínea, pero la empresa no contaban con suficientes aviones para lograrlo y recién acababa de concluir la Segunda Guerra Mundial. La manera que ideó para conseguirlo fue transformar aviones de carga que (que se tenían) en unidades de pasajeros.

Generó una estrategia para reforzar alas, ampliar fuselajes y utilizar motores más grandes. “Todo fue verificado por las autoridades de aviación en Washington y se sorprendieron al no encontrar un solo defecto de reingeniería. Eso generó una seguridad muy fuerte en mí para desarrollar marcas y productos en mi empresa y enfocarme en ganarle a mi competencia”, refiere Miguel Facussé.

Bajo esta idea de transformar las cosas es que su empresa sustituyó la lata de las salsas que produce por un envase más flexible, y el jabón a base de sebo que ya estaba descartado en varios mercados de la región lo sintetizó para lograr una acción que genera mayor limpieza.

“Gracias a eso, Unilever no pudo con nosotros y al final pago varios millones de dólares para comprar nuestro negocio”, explica el presidente de Dinant.

 

La palma milagrosa

Su permanente deseo por la diversificación ha llevado a Miguel Facussé a incursionar en la producción de la palma africana, que en Latinoamérica lideran Ecuador, Colombia y Honduras (en ese orden).

El interés por los productos derivados de esta planta no es menor. Trasnacionales como Unilever, P&G, Kenkel, Cognis y Cargill son algunas de las principales protagonistas en esta industria, aunque hay que decir que Grupo Dinant es de las pocas compañías en el mundo que tienen en sus manos el proceso de cultivo, transformación y distribución del producto final.

“Tenemos desde las plantaciones hasta el equipo para dos plantas extractoras de aceite, la parte de fraccionamiento, la refinación y el lugar donde hacemos todo el proceso para la producción de oleína y el envasado del producto final. Estamos generando 8,000 empleos en todo el negocio; tan sólo del segmento de la palma son 3,000.”

Pero la utilidad de la palma africana no sólo se encuentra en la manufactura de productos masivos para el hogar; también en la generación de biocombustible, del que se espera que su producción crezca a nivel mundial 8% en 2022, ante una disminución permanente de la extracción y utilidad del petróleo, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

Hasta mediados de los años 2000, el presidente contaba con más de 16,000 hectáreas de cultivo de palma africana, pero hoy son poco más de 12,500, como consecuencia de la invasión de tierras que sufrió en 2009 en sus fincas del Bajo Aguán, en Colón, al norte de Honduras, por organizaciones campesinas armadas, que de acuerdo con el empresario causó la muerte de al menos 30 de sus hombres.

“Nos robaron 68 mdd en producto; estamos de nuevo empezando, acercándonos a los bancos”, asegura Miguel Facussé.

Más allá de este conflicto en que se han involucrado incluso organismos internacionales de derechos humanos, el cultivo de palma africana se ha convertido en un factor de desarrollo para Centroamérica. Y es que de acuerdo con César Loaiza, director de la Fundación de Exportaciones de Aceite de Palma, “la cantidad de aceite de esta planta en una hectárea es hasta siete veces más de la producida por semillas como la soya”.

Los años de buenos precios internacionales han significado para Honduras el crecimiento de los sembradíos de palma aceitera. El número de hectáreas dedicadas a esta actividad registró un aumento considerable al pasar de 105,000 a 150,000 entre 2010 y 2014, según datos del presidente de la Federación de Palmeros de Honduras, Héctor Castro.

Se estima que el incremento de ese cultivo durante 2014 será de 15% y de 18% en 2015.

Sin embargo, como todo commodity, los precios se vuelven susceptibles a los movimientos en grandes mercados como el de Estados Unidos y la Unión Europea. De hecho, la tonelada métrica de aceite cayó de 1,000 a 700 dólares durante los primeros seis meses de este año.

No obstante, las mieles de la abundancia no han sumido en el letargo a los productores locales. “Para lograr la expansión de las áreas de cultivo se invertirán al menos 70 mdd, lo que representa más entrada de divisas para el país”, menciona el presidente de la Fedapal.

Si bien es cierto que preocupa la volatilidad del mercado mundial, existen otros elementos propios del cultivo que se cuentan entre sus fortalezas.

Los rendimientos del aceite tienden, en condiciones normales, a la estabilidad, a diferencia de otros cultivos, cuya producción suele presentarse en ciclos bianuales. Además, esta producción no requiere un uso de mano de obra intensiva.

Pero eso no es todo. El factor de inclusión en las empresas de palma ha permitido que se le dé a Honduras una caracterización especial por este enfoque social, que lo ha posicionado como el país de mayor crecimiento en Centroamérica en la siembra de ese cultivo.

“Esto es porque ofrece varias características especiales que no se dan en el campo en Honduras. El productor de palma, antes de sembrar, ya tiene un mercado asegurado en las plantas extractoras que le van a comprar, respaldado por un contrato a 20 años y con precios de garantía”, destaca Héctor Castro.

El movimiento de vehículos pesados transportadores de la fruta de palma hacia las plantas procesadoras es constante al lado de la carretera que une a las ciudades de Tocoa y Trujillo, en el Bajo Aguán. La gente de la región recibe el beneficio de la venta en una tierra que ya no garantiza la seguridad alimentaria de sus habitantes atrapados por la “bonanza” que ha dejado esa actividad.

La fuerza económica provocada por la palma ha modificado el patrón de cultivo, y quienes antes estaban involucrados en otros rubros como granos básicos, ganadería, banano, cacao y cítricos optaron por reconvertirse para obtener mejores ingresos. “La palma en este momento anda en una rentabilidad de 300%, pero eso fluctúa en función del precio internacional en el mercado”, agrega el ingeniero Castro.

Fexar Benítez no es tan optimista como el presidente de la Federación de Palmeros. Como dirigente de una ruta cacaotera en el norte de Honduras, Benítez cuenta que los productores eliminaron casi todas sus plantaciones y empezaron a sembrar palma.

“Hasta este momento estábamos siendo desplazados por la palma africana”, confirma Aníbal Ayala, presidente de la Asociación de Productores de Cacao de Honduras. Según el dirigente, de los 70 mdd que el gobierno ha destinado al sector agrícola para 2014, el 70% se orienta al cultivo de palma, “lo cual, en parte, entorpece y aniquila la biodiversidad de cultivos como el cacao”.

Pero la apuesta de Miguel Facussé es clara y es verde. Trabaja en edificar el crecimiento, la rentabilidad y la sostenibilidad, teniendo como base la palma africana, y Centroamérica le queda ya chica para su negocio. “Por lo menos nosotros creemos que en el crecimiento está el secreto del éxito, y lo buscamos. Por eso apuntamos ahora a República Dominicana y no descartamos Colombia”, concluye el Rey de las marcas.

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