La participación de la población mexicana en el mercado laboral es baja, tanto en comparación con la que se observa en las economías avanzadas, como en relación a la que presentan otras economías latinoamericanas grandes. Mientras que en el país el 63 % de la población en edad de trabajar está laboralmente activa, en Estados Unidos la participación alcanza al 69.2 % y en Noruega llega a 77.5 %; esto es 6.2 y 14.5 puntos porcentuales de diferencia, respectivamente.La diferencia con países como Brasil o Colombia es menor pero aún significativa, 5.9 y 5.7 puntos porcentuales. Así, el tamaño del mercado laboral mexicano podría ser mayor al actual en varios millones de trabajadores, lo que implica una pérdida grande en ingresos para las familias y el país.

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¿Cuál es la razón detrás de esta baja participación laboral? En buena medida, se debe a un fenómeno de exclusión social. Estimaciones del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) realizadas con datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) para el periodo 2007-2016 indican que el 8.6% de la población mexicana de entre 15 y 64 años está inactiva pese a su deseo de incorporarse al mercado laboral. En los hechos, esta parte importante de la población está excluida del trabajo. Si lográramos la inclusión efectiva de esta población, México presentaría niveles de participación laboral similares a la de los países desarrollados antes mencionados, Estados Unidos y Noruega.

Entre los factores que generan exclusión en el mercado laboral destacan aquellos relacionados con la inequidad de género. Según las estimaciones del CEEY, 1 de cada 5 excluidos lo está por el hecho de ser mujer y estar embarazada, tener necesidad de cuidar a los hijos, a parientes enfermos o ancianos, o tener un familiar que le prohíbe trabajar.

Una parte importante de la diferencia entre la participación laboral en México y en otros países (en particular, los países más avanzados) se debe, efectivamente, a la baja participación de la mujer en el mercado laboral. En México el empleo femenino representa 38 % del total, cifra menor a la que se observa en Colombia (41.7 %) y en Brasil (42.8 %). La situación de la mujer en el mercado laboral mexicano es aún más dramática si se la compara con la de los países desarrollados: el empleo femenino es 46.9 % del total en Estados Unidos y 47.4 % en Noruega (8.9 y 9.4 puntos porcentuales por encima de la participación femenina en México).

 

Baja participación femenina

La baja participación laboral femenina respecto a la masculina en México, dista de ser una cuestión de falta de capacitación o niveles de escolaridad. La composición por sexo de la población a distintos niveles de educación es mucho más homogénea que la composición de la fuerza laboral por sexo. Hay incluso una mayor proporción de mujeres que hombres en la población que cuenta con educación primaria completa y educación secundaria completa, así como un número similar de hombres y mujeres con estudios de nivel medio y nivel superior. Las mujeres solo están sobre-representadas en el grupo con educación primaria incompleta. De esta manera, la causa del problema está en la inequidad de género y no en las diferencias de educación.

El segundo factor que genera exclusión en el mercado laboral mexicano es la discriminación. De acuerdo con los cálculos del CEEY, una de cada seis personas excluidas del empleo no recibe ofertas de trabajo debido a su edad o a su apariencia física. Hay que recordar que diversas encuestas y estudios ya revelaron antes que en la sociedad mexicana persiste una intensa discriminación hacia ciertos grupos, principalmente hacia los indígenas, que se traduce en menores oportunidades para garantizar una vida digna.

El tercer factor que promueve la exclusión laboral es la ausencia de un sistema de protección social universal efectivo. El CEEY encontró que casi uno de cada siete de los excluidos del mercado laboral lo atribuye a que tiene un problema de salud o alguna discapacidad, o bien no cuenta con las habilidades necesarias para desempeñar las tareas que requieren los puestos de trabajo disponibles. El grado elevado de informalidad y de inestabilidad del empleo en el mercado laboral mexicano promueve trayectorias laborales caracterizadas por empleos precarios, en los que no se capacita a los trabajadores ni se les brinda atención médica adecuada. Los afectados por esta situación tienen más probabilidad de sufrir subsecuentemente una mayor exclusión social en el ámbito laboral,

 

Exclusión laboral

Finalmente, las estimaciones del CEEY indican que 1 de cada 7 de los excluidos del mercado laboral considera que lo que limita su participación es habitar en una zona económicamente deprimida, en la que la demanda de trabajo es permanentemente baja, o la actividad económica está sujeta a una elevada estacionalidad.

En síntesis, casi la mitad de la exclusión laboral en México se puede atribuir a factores asociados con la inequidad de género, la discriminación por edad o apariencia física, la ausencia de una protección social efectiva en salud y en capacitación, y a la existencia de zonas que son trampas de pobreza. Así, se puede concluir que combatir estos factores que limitan la generación de ingresos y dificultan la movilidad social llevaría a aumentar la participación laboral en 3.4 puntos porcentuales (en unos 2.6 millones de personas en edad de trabajar). Ello reduciría a la mitad la diferencia en participación laboral entre México y los otros países americanos mencionados, Estados Unidos, Colombia o Brasil.

 

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