A la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) se le suele identificar como un organismo que mide flujos globales de comercio, fija políticas internacionales y da a conocer tendencias económicas.

Sin embargo, Gabriela Ramos desea que el organismo que agrupa a 35 países incida cada vez más en temas que van más allá de números ‘fríos’ o un reporte económico, por ejemplo, en aspectos de inclusión social.

“Esto responde al hecho de que el modelo de crecimiento que hemos generado no es sostenible porque, en primer lugar, nos hemos enfocado a la producción, al consumo, al PIB, a los mercados, pero con eso no evitamos las crisis”, explica.

Un segundo aspecto que ha motivado a generar una agenda diferenciada en la OCDE es porque, comenta su directora, el actual modelo económico es excluyente no solo en el tema de ingresos, sino también en el tema de las mujeres. “El planteamiento económico tampoco es favorable al medio ambiente, y no asegura que cada individuo que vive en una nación desarrolle su pleno potencial”, añade.

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Esto lo relaciona Gabriela Ramos con el tema del envejecimiento en países desarrollados como Japón o Italia, donde hay un decrecimiento de la población en la participación laboral. “Imagínate que México tuviera la participación promedio de la OCDE de mujeres en el mercado laboral. Se incrementaría la fuerza laboral del país en 20 puntos, sería un impulso importante para el crecimiento económico, podríamos estar hablando de un PIB creciendo al 3 o 4%, y no al 2%”.

En la actualidad, la participación promedio de la mujer en el mercado laboral en países de la OCDE se ubica en los 67 puntos, mientras que en México es cercana a los 47 puntos.

La directora del organismo internacional se dice consciente de que la incursión de más jóvenes y mujeres en el mercado laboral requiere de una mayor capacitación para ellos, pero sobre todo una educación más vinculada a la 4ta Revolución Industrial (la de la inteligencia robótica). Es por ello, comenta, que la OCDE impulsa proyectos como el Movimiento STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, por sus siglas en inglés), que busca acercar a las niñas a áreas de desarrollo que históricamente han sido dominadas por hombres.

“Sabemos que 9% de los trabajos que existen en este momento van a desaparecer y 20% van a transformarse, entonces: ¿cómo preparamos mejor a los niños y a la fuerza laboral para que puedan reforzar sus habilidades en ciencias? Por medio de un nuevo tipo de educación”, dice Gabriela Ramos.

La directora de la OCDE considera que la actual era tecnológica implica regresar a una formación similar a la del Renacimiento (siglo XV), donde se inculcaba que las personas supieran un poco de todo, con una conceptualización holística del desarrollo de habilidades y del conocimiento; una etapa de la historia donde “la gente era rápida de pensamiento y promovía la transformación, y es que en el futuro ya no vas a tener una profesión en la vida; todo indica que será necesario que tengas varias”.

Sobre esa misma idea, la OCDE, explica, está desarrollando una estrategia digital que incluye una reflexión muy importante sobre las capacidades que se necesitan para el futuro, principalmente bajo la idea que muchos de los servicios que prestan los humanos, y sucederá más cuanto más avance la ciencia, están siendo generados por computadoras.

“Es por ello que la OCDE se ha propuesto seguir impulsando la evaluación de los estudiantes a través del Programa PISA (Programme for International Student Assessment), porque mientras algunos países siguen midiendo sus resultados escolares por año, por número de escuelas o por número de maestros, nosotros estamos enfocándonos a la calidad, considerando que se requieren jóvenes con una mayor capacidad crítica, capaces de trabajar en equipo, ofrecer soluciones y transformarse, ser resilientes, como hoy se conoce”, concluye Gabriela Ramos.

 

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