Por Wal Van Lierop*

2015 fue un año estresante pero interesante para la industria de la energía derivada de la necesidad de innovación y sustentabilidad más importante que nunca.

Desde las conclusiones de la COP21 en París, donde 195 países se comprometieron a efectuar un acuerdo sin precedentes para combatir el cambio climático y desencadenar acciones e inversiones hacia un futuro sustentable y bajo en carbono, hasta que muchos organismos creíbles, incluyendo la IEA (siglas en inglés de la Agencia Internacional de Energía) ajustaron sus previsiones para la demanda de hidrocarburos –lo que indica que el mundo ha alcanzado, o se encuentra cerca de su punto de demanda máxima de petróleo–, una cosa es cierta: el cambio está ocurriendo y las políticas implementadas impactarán significativamente en la industria energética.

Vemos la cancha en la que la “vieja” y la “nueva” energía se nivelarán, incluso a pesar de que la transición a una sociedad libre de carbono podría no ir tan rápido como muchos en París pensaron que sería posible.

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Queda mucho trabajo duro por hacer para comenzar a aplicar en el Acuerdo de París. Para empezar, los países tendrán que “vender” el acuerdo a nivel nacional. Los proveedores de energía renovables tendrán que demostrar que pueden ganar rápidamente participación de mercado en todo el mundo, mientras que los precios bajos actuales del petróleo y del gas podrían hacer la tarea más difícil en el corto plazo.

Por su parte, las compañías de petróleo y gas tendrán que encontrar la manera de ser reconocidas como un socio valioso en la discusión de la manera de combatir el cambio climático al mismo tiempo que garanticen a la gente el acceso a la energía que necesita. Tendrán que cambiar la forma en que operan sus negocios principales, mientras expanden y diferencian su oferta energética más allá del petróleo y el gas.

La nueva norma parece ser que toda empresa necesita convertirse en una empresa de tecnología e informática, y cada operación necesita ser sustentable y no depender de los subsidios. Sin acciones claras e innovaciones hacia esa nueva norma, muchos líderes de la industria actual podrían perder su independencia o incluso dejar de existir por completo.

Fue alentador ver e París que 19 países, incluyendo a Estados Unidos, Canadá, China, India, Francia y Alemania, así como muchos líderes de la industria, firmaron la iniciativa de Bill Gates “Misión de la Innovación”, que apunta a duplicar la inversión pública en investigación en energía durante los próximos cinco años con el fin de acelerar la revolución de la energía limpia.

Pero, para asegurar el acceso a una energía limpia, confiable y barata, el mundo necesita más que sólo investigación.

Las capacidades de escalado y logística para el despliegue, así como el acceso a un financiamiento barato son igual de importantes. En ese sentido, el Congreso de Estados Unidos ha mostrado liderazgo al aprobar una ley que incluye el otorgamiento de créditos fiscales para las compañías que el viento 2019 and para la energía solar para el año 2022. El resultado habilitará la creación de la tan necesaria “seguridad a los inversionistas” en energías renovables. Esto, según Bloomberg New Energy Finance, resultará en 73,000 millones de dólares (mdd) en inversiones incrementales en energía solar y eólica en Estados Unidos. (Casi el doble del crecimiento que se esperaba sin la extensión de crédito fiscal), 44 gigavatios de nuevos parques eólicos y 59 gigavatios de nuevos proyectos de energía solar (principalmente para servicios públicos). Mientras tanto, el costo de las energías renovables sigue bajando y cada vez supera más precios de las redes locales en más lugares del mundo.

Algunas medidas adicionales que podrían nivelar el campo de juego entre la “vieja” y “nueva” energía incluyen: El interés de muchos países tras la cumbre de París para iniciar la aplicación de un precio al carbono; posibles medidas para reducir los 550,000 mdd en subsidios anuales al sector de petróleo y gas tradicional; la aprobación del Estándar de Combustibles Bajos en Carbono (LCFS por sus siglas en inglés) en California, a finales de noviembre; la suspensión por parte de la administración de Obama de nuevas concesiones de carbón en tierras federales; y acciones similares que otros países están trabajando.

Puede que tengamos que reconocer que estamos en el comienzo de una bifurcación importante en la industria de la energía hacia una sociedad baja en carbono en la que las energías renovables seguirán ganando participación de mercado a pesar de los bajos precios del petróleo y del gas. Ejemplo de ello es que las nuevas inversiones de capital en energías alternativas se elevó a su nivel más alto en la historia durante 2015: 329,000 mdd (según Bloomberg New Energy Finance) con solar y eólica teniendo la mayoría.

Los precios del petróleo y del gas seguirán volátiles, el bajo gasto en nuevos proyectos de hidrocarburos de hoy podría conducir fácilmente a nuevos desequilibrios entre la demanda y el suministro de petróleo y gas, provocando picos de precios en 2017 y más allá durante el tiempo que los hidrocarburos sigan siendo necesarios. Sin embargo, a más largo plazo la volatilidad de los precios tendrá una tendencia a la baja. Las perspectivas para las próximas décadas es que el barril se cotice entre 40 y 65 dólares.

La aceleración hacia la nueva industria de la energía del futuro probablemente adquirirá mayor fuerza en los próximos años, a medida que las instituciones financieras se muestren más reacias a participar en proyectos de hidrocarburos a largo plazo por por a la exposición al carbón y a que sus activos queden varados. Debemos tener en cuenta que las desinversiones de las empresas de hidrocarburos están creciendo y ya se cree que son más de 2.6 billones de dólares.

Probablemente la pregunta más importante en el seguimiento del Acuerdo de París sea: ¿Hay más valor a largo plazo en ser un comprador o un vendedor de nuevas energías? Algunos países empiezan a cambiar su atención hacia el tamaño del premio de ganar una posición importante en la nueva industria de la energía. La apropiación de tierras para tecnologías innovadoras, los empleos y las industrias para el futuro han comenzado. Por ejemplo, el gobierno chino tiene una estrategia deliberada para reforzar sus posiciones en energía limpia y crear muchos nuevos empleos de alta tecnología en su programa “Fabricación 2025”. Al mismo tiempo, más empresas de petróleo y gas exploran qué nuevos productos y servicios deben añadirse a sus ofertas con el fin de mantener su posición como una compañía energética relevante en el futuro.

Total, el gigante petrolero francés, por ejemplo, ya tiene una posición significativa en energía solar.

Las empresas que enfoquen su atención en la ejecución del Acuerdo de París con mejoras en la eficiencia y otras innovaciones podrían extender la vida útil de sus intereses actuales en el petróleo y el gas y conseguir una victoria a corto plazo, pero a 10 años quizá despertarán y descubrirán que han perdido la guerra y que otros poseen posiciones más importantes en las industrias del futuro.

Cuando miremos hacia atrás dentro de unas pocas décadas, el mundo de la energía será muy distinto. Las inversiones en innovaciones industriales sustentables deben volverse más atractivas ahora que la transición hacia una sociedad baja en carbono empieza a parecer más segura y menos arriesgado, y debe hacerlo rápido.

No sería sorpresa que el capital que se encuentra parado en las arcas de muchos fondos soberanos y otras instituciones financieras comenzara a moverse. Los primeros en entrar en la cancha no sólo podrán obtener rendimientos descomunales, sino que asegurarán su posición futura en industrias enteras que serán relevantes. La energía seguirá siendo una importante clase de activos de inversión, sólo que de manera diferente con la sostenibilidad como la nueva norma. Y tú, ¿vas a ser un comprador o un vendedor?

 

*Van Lierop dirige Chrysalix Venture Partners, que invierte en startups de energía sustentable.

 

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