En Montreal se insiste en comer bien. Acompaña al autor de este blog en un viaje por los sabores más deliciosos de sus restaurantes y cocinas.

 

 

 

Una de las principales razones para salir de casa es comer diferente y bien. No hay peor viajero que el que evita comer la comida local o el que por pena no se mete a un restaurante.

Montreal puede ser contado a través de sus platillos, comenzando con la Taverne Square Dominion, que desde 1927 conserva su estilo de bistró con una barra y pequeñas mesas. El menú “Midi” comienza desde medio día e incluye una entrada como el “paté de campagne” y un plato principal como el “confit” de pato estilo francés o el “fish & chips” inglés. Se puede añadir una copa de vino de la región, como el Chardonnay del Domaine des Pervenches.

El MAC es el museo de arte contemporáneo más importante de Quebec, pero además tiene un restaurante en el primer piso que iguala en creatividad a las obras de arte. Rebanadas de salmón salvaje acompañadas de purés, flores, patés y lechugas cuidadosamente seleccionadas y presentadas. Cacerolas de cortes finos de carne acompañados de espárragos, quesos finos y complejas reducciones. Cada platillo capta la atención de la conversación y es delicioso.

Schwartz’s es un clásico de Montreal, una charcutería hebrea con más de 80 años, que sigue preparando el mismo sandwich de carne ahumada con mostaza y papas fritas. Un buen lugar para abrirse espacio en la barra o compartir mesa, escuchar el francés de Quebec y experimentar el sabor local.

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Regresando del Museo de Bellas Artes de Montreal, al dar vuelta desde la calle Sherbrock, en el 2065 de la calle Bishop, el azar me lleva a Ramen Misoya, un restaurante japonés famoso por sus enormes tazones de ramen, una sopa de fideos con pollo, miso, huevo y soya. Las sopas calientes son un gran alivio en la temporada de frío, aunque en verano sería mejor ir por un sushi al restaurante Yuukai.

El bulevar Saint-Laurent desde la calle Sainte-Catherine se interna en el Mile End, un barrio alternativo lleno de grafitis, tiendas de ropa usada, viniles y lugares, como la rosticería portuguesa Romados que sirve un enorme plato de pollo frito estilo portugués y papas fritas. La comida más callejera son las poutine, papas fritas, queso cheddar y salsa de carne caliente que ablanda la mezcla y combina perfecto con las madrugadas, saliendo de algún bar o concierto. Las que más me gustaron fueron las de los locales de la ciudad subterránea que conecta gran parte de los edificios y estaciones del metro.

Taverne sur le Square se oculta en el sótano de un rascacielos. El tipo de restaurante para una gran comida, con enormes platos como Rigatoni con albóndigas, pastas, hamburguesas de la casa y, sobre todo, con postres de inspiración inglesa que pueden estar entre los mejores de la ciudad.

El Mercado Jean-Talon es un buen lugar para probar de todo: hot dogs de charcuterías, cientos de marcas de cerveza artesanal de Quebec, brownies, fudges, pan artesanal y especialidades italianas. En Montreal se insiste en comer bien y, por supuesto, hay mucho por descubrir para hacer la digestión.

 

 

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