La calificadora de riesgo Moody’s cambió la perspectiva de calificación del gobierno de  México a negativa desde estable, debido a los posibles pasivos en caso de que inyecte liquidez a la compañía estatal Petróleos Mexicanos (Pemex).

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Moody’s también señala el débil desempeño económico y las continuas dificultades externas, que pondrán a prueba los esfuerzos de consolidación fiscal del gobierno federal y el riesgo de que aumenten los niveles de deuda.

La agencia mantuvo la calificación del gobierno de México a A3.

En febrero pasado, el gobierno federal anunció un recorte de 100,000 millones de pesos (mdp) en Pemex, los cuales se concentrarán en su mayoría en proyectos de inversión, lo que le hará producir 100,000 barriles menos diarios.

Moody’s considera que el déficit de Pemex, derivado de gastos operativos y de capital y de las necesidades de contratar deuda, persistirán hasta 2018.

“Si la compañía estatal que no puede financiar este déficit en los mercados, el emisor soberano (gobierno)  probablemente proporcionará alivio financiero para asegurar que Pemex pueda cubrir sus pagos de deuda y sus gastos de capital”, indicó Moody’s en un comunicado.

Dado el tamaño de esas necesidades de financiación, la agencia considera que el impacto fiscal de este apoyo apoyo podría “contrarrestar con creces todos los progresos realizados en la consolidación fiscal, la estabilización de deuda pública para 2018, y que se eleve la deuda del gobierno federal por encima del 40% del PIB”.

La deuda del gobierno federal creció a 34.4% del PIB en 2015, cuando en 2011 era del 27.9%, de acuerdo con Moody’s y espera que a finales de 2018 se estabilice a 37%. Pero la agencia ve  más riesgos de que ésta aumente, debido al crecimiento débil, la baja de ingresos y las presiones de gasto.

“El menor crecimiento y un entorno de bajos precios del petróleo reducirán los ingresos fiscales. Si bien la reforma fiscal ha mejorado la estructura de los ingresos fiscales, las previsiones de Moodys son que los ingresos totales del gobierno federal se reducirán al 18.5% del PIB en 2016 desde 19.3% en 2015.”

En los próximos dos años, Moody’s evaluará los progresos en consolidación fiscal y la aplicación de los recortes de gastos en Pemex para hacer frente a las presiones de liquidez. De no encontrar resultados satisfactorios, esto sería una presión para bajar la calificación de México como emisor de deuda.

“En ese caso, Moody tendría que evaluar la claridad y la credibilidad de los planes del gobierno para hacer frente al incremento de la deuda y el crecimiento menor, y evaluar las consecuencias en la calificación”, agregó.

 

 

 

 

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