Por: Máximo Santos Miranda*

 

La conciencia ecológica está cada vez más presente en nuestras sociedades y es que cada día somos más conscientes de que determinadas prácticas que los grupos sociales a los que pertenecemos han venido llevando a cabo en estos últimos lustros son ilógicas e insostenibles. Por todo ello, cada vez son más los gobiernos, individuos y colectivos de la sociedad civil los que han tomado conciencia de esta necesidad de cambio y están poco a poco impulsando un viraje colectivo al actual modelo de consumo.

Un ejemplo de todo esto lo muestra el gobierno japonés a propósito de sus residuos plásticos. Para encuadrar el problema, hay que señalar que Japón es el segundo productor mundial per cápita de residuos plásticos tras Estados Unidos. Una vez que el gobierno nipón ha detectado el problema se ha propuesto dar la vuelta a la situación y para ello ha elaborado un plan por el que pretende reducir el volumen de desechos plásticos en un 25% hasta el año 2030 y llegar a reciclar o reutilizar por completo todos esos desechos, incluidos aquellos que son componentes utilizados en automóviles y electrodomésticos, en el año 2035. Este cambio de modelo de gestión del reciclaje de los residuos tiene un nombre Mottainai y se trata de un término muy arraigado en la cultura japonesa.

Resulta complejo traducir la palabra Mottainai pero vendría a significar un sentimiento de pesar ante el uso inapropiado de un objeto o también lo podríamos definir como un arrepentimiento por desperdiciar. El término Mottainai es muy utilizado por los ambientalistas japoneses, aunque también está siendo cada vez más usado a nivel internacional. El espíritu Mottainai que ha sido parte nuclear de la cultura japonesa durante mucho tiempo, cobró toda su importancia tras la Segunda Guerra Mundial, una etapa histórica en la que Japón estaba totalmente falto de recursos. En aquellos difíciles momentos se pensaba que desperdiciar un grano de arroz significaba menospreciar el duro trabajo de los campesinos.

El origen de la palabra Mottainai se sitúa en la ciudad de Tokio en el período Edo de los samuráis (1603-1868). De acuerdo a esa filosofía se interiorizaba que si se compraba un kimono este se debía usar al menos durante 10 años reparándolo una y otra vez. Una vez que el desgaste de los materiales era tan intenso que la reparación resultaba imposible, el kimono debía convertirse en un trapo de limpieza y cuando este uso se convirtiera en imposible se debería usar ese trapo para encender el fuego y poder cocinar. Tras este concepto filosófico se cimenta la ambiciosa campaña de reciclaje que está llevando a cabo Japón y que se resume sintéticamente en la estrategia de las 4R: Reducir, Reutilizar, Reciclar y Respetar.

Hay que destacar que Japón siempre ha sido considerado un país peculiar a los ojos de occidente y es que es un Estado en el que se aúnan de una forma única en el mundo las costumbres más antiguas con el impulso más decidido por las nuevas tecnologías y en este caso concreto se une la tradición con una nueva visión con la que afrontar los desafíos que la nueva conciencia medioambiental exige.

El término Mottainai sería en definitiva una expresión de protesta cuando se está despilfarrando un recurso. Es importante recalcar que la idea no sólo se refiere a que se puede seguir aprovechando el objeto o el recurso, sino que además estás desperdiciando el esfuerzo de quien lo hizo. Por lo tanto, el concepto está relacionado con el despilfarro o con el potencial que se ha desaprovechado.

La idea del Mottainai resulta especialmente interesante en un nuevo mundo en el que se intenta que prime la sostenibilidad frente al consumo desenfrenado o al concepto de obsolescencia programada. Mottainai pone el foco en el propio objeto y es que si se le valora suficientemente por sí mismo y por el esfuerzo del que lo que ha creado, mientras aún tenga utilidad, no existirá ningún motivo para no seguir usándolo. 

Hay que tener en cuenta que en la cultura japonesa la relación ente el objeto y la persona está muy arraigada. Así, otra técnica centenaria que muestra una fuerte conexión entre la persona y el objeto es el Kintsugi, que consiste en la reparación de las piezas de cerámica rotas. El concepto nos puede parecer extraño, pero la filosofía que subyace en el término es que la reparación de las tazas, que son piezas muy importantes en la celebración de la venerada ceremonia del té, tiene un significado que trasciende a la propia reparación en sí. La reparación viene a significar la cicatrización de los problemas que nos depara la vida. Estas cicatrices significan que si somos capaces de recomponernos y seguir luchando podremos seguir adelante en la vida.

En definitiva, podemos concluir que el concepto Mottainai debería estar más presente e interiorizado en nuestra forma de relacionarnos con el entorno. Se hace necesario valorar más los objetos de los que disponemos y no considerarlos simplemente como elementos de usar y tirar. El dar una segunda vida a aquellos objetos con los que hemos disfrutado durante mucho tiempo, en numerosas ocasiones, nos proporciona una satisfacción mucho mayor que si compráramos objetos nuevos diseñados específicamente para esa nueva función.

 

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