Dicen que detrás de un hombre hay una gran mujer, pero mucho se ha cuestionado el trabajo por separado de las esposas de los célebres Paul McCartney y John Lennon. Aquí un texto que intenta hacerles justicia.

Para AA, musa de sonrisa clara y paciencia joven.

 

Una práctica recurrente de los fans más aguerridos de The Beatles (que se cuentan a montones), es discutir intensamente sobre la separación del cuarteto de Liverpool, que si la culpable fue la avaricia de Paul o la esposa de John, entre otros disparates. Las conversaciones bizantinas al respecto no son pocas, y el ocioso tiene en un lugar especial a los que conocen a detalle la vida de las mujeres de los ‘Fav Four’, quienes a la fecha siguen siendo ubicados como ‘el mejor grupo pop del mundo’.

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Entre dichos ejercicios del ocio se encuentra el de comparar a las chicas de los integrantes. A quienes les fue bien en cuanto a morbo mediático fue a Ringo Starr y George Harrison, quienes tuvieron su vida sentimental un tanto a línea, aunque a Harrison se le conoce el tormentoso triángulo amoroso que vivió con uno de sus mejores amigos, Eric Clapton.

Sin embargo son Lennon y McCartney las figuras centrales del grupo, los eternos egos en pugna, y mientras se decía que la segunda mujer de John era una bruja que manipulaba a su antojo al guitarrista y vocalista de The Beatles, también se corría el rumor de que Linda se acercó a Paul para llegar a Lennon inicialmente, que no tenía un ápice de talento y que siempre vivió a la sombra del bajista zurdo. No obstante, las diferencias se encuentran en los detalles.

Linda McCartney

Segunda hija de una familia de abogados, Linda Eastman nació en New York en 1941. En 1962, a dos años de graduarse en el Scarsdale High School, Linda sufrió la trágica muerte de su madre, quien viajaba en el vuelo número 1 de American Airlines, en Queens, NY, por lo que la aún joven Eastman generó una aversión a los vuelos, misma que la acompañaría hasta el día de su muerte.

Se dice que Linda era más bien reservada, de personalidad frágil, tímida y muy falta de confianza. Sus primeras incursiones en la fotografía no causaron mayor eco hasta que comenzó a retratar a personalidades de la farándula, dándose a notar en 1966, cuando fotografió a los Rolling Stones de contrabando en un Yate, durante una fiesta promocional.

Su confianza y mano para la cámara se fue refinando de a poco, y en breve se convirtió en la fotógrafa consentida del mítico Filmore East, en donde capturó a unos jóvensísimos Bob Dylan, Neil Young, Jimi Hendrix y Janis Joplin. Su fama como fotógrafa sensible, poco invasiva y de personalidad discreta, la llevaron a conocer a The Beatles en un momento crucial, en 1967, Justo cuando el cuarteto se encontraba en plena revolución psicodélica con Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band.

A linda McCartney se le atribuye ser la primera mujer en fotografiar a un músico para la portada de la revista Rolling Stone (Eric Clapton, mayo de 1968), pero también en ser la única chica en la historia de la publicación en tomar una foto para portada, ser fotografiada y aparecer en la misma, al lado de Paul en 1974.

En mayo del 67, Linda McCartney viaja al Reino Unido para un especial de bandas británicas, es entonces cuando conoce a Paul McCartney. Cuenta la leyenda que Linde se acercó a Paul para llegar a Lennon originalmente, pero el flechazo ya estaba cantado. Para fortuna de ambos, porque se casaron dos años después, convirtiéndose en el segundo matrimonio de Linda, quien ya tenía una hija de ocho años.

Tras la disolución de The Beatles en 1970, Paul no dudó ni un poco en impulsar su carrera solista. Para su segundo opus, Ram (1971), Paul decidió formar Wings e incluir como una integrante más a su esposa en su debut como grupo (lo de grupo es un decir, Paul ha dirigido todo siempre), quien no sólo haría coros, sino que también cantaba temas completos ella sola. Desde su aparición en el mundo musical, Linda fue objeto de toda clase de críticas; se le tildó de oportunista y de ‘trepadora’, y las reseñas a su debut (Wild Life de 1971) fueron despiadadas, las más objetivas lo calificaban de ser inconsistente y pobre en recursos.

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Sin embargo, más allá del inicial cuestionable talento vocal de Linda McCartney, con el tiempo Wings supo despegarse del sonido Beatle y la gente comenzó a acostumbrarse no sólo a la idea de un ídolo Beatle casado, sino a la figura siempre relajada y afable de Linda.

A Linda se le conoce como una luchadora por los derechos de los animales, vegetariana y comandante de organizaciones en pro de la fauna, por ser una fotógrafa sensible y discreta, pero pocos se dan la oportunidad de descubrir su fragilidad como cantante.

Sin ser una gran cantante, y aunque al principio desafinaba sensiblemente, Linda refinó un estilo nada pretencioso, aprendiendo lo que pudo de Paul, quien siempre la impulsó a cantar, el cual no es nada grandilocuente pero sí bien honesto y sumamente característico. Con el paso del tiempo se dice que el estilo de cantar de Linda influenció a otras roqueras como Kim Gordon de Sonic Youth o Kim Deal de Pixies y The Breeders.

Wings vivió a lo largo de siete discos, de 1971 a 1979, pero acompañó a Paul en más de un disco de su carrera como solista. Fue madre de tres hijos con Paul más Heather, de su primer matrimonio, quien por cierto también heredó el apellido del Beatle.

Si bien vivir a la sombra de Paul y estar dispersa en centenares de canciones la hacen figurar poco cuando se habla de cantantes pop, las canciones de Linda conservan un dejo de melancolía, fragilidad y dulzura, son la impronta primigenia de una mujer enamorada, que disfrutaba de la vida en familia y que se percibía la ligereza de su espíritu.

En 1995, Linda McCartney fue detectada con cáncer de mama, el cual se expandió al hígado provocando su muerte en 1997. Paul McCartney compiló 16 de sus canciones en Wide Pride (EMI, 1998), el cual se dice que fue un proyecto ya iniciado previamente por el matrimonio, y que el esposo de Linda concluyó. El resultado va de lo lúdico a lo realmente melancólico, vale toda la pena y va de las composiciones originales, las de Paul y las de ella casi sin problema y con un estilo muy bonito. Sin temor a equivocarme, y más allá de que sea la ex esposa de un Beatle, Wide Pride es un disco excepcional, de una hermosura sin par, y uno de los mejores en cuanto a cantantes pop de todos los tiempos se refiere.

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Yoko Ono

Ono Yōko nació en 1933 en Japón, es conocida previamente por ser integrante del movimiento artístico Fluxus y por ser integrante de la aristocracia nipona, quien vivió de cerca los estragos de la guerra. Antes de casarse con Lennon, Ono tuvo una hija con el productor de cine Anthony Cox, llamada Kyoko, de quien cedió la custodia a su padre debido al asedio de la prensa Beatle.

Ono es conocida por ser la enemiga número 1 de los fans de The Beatles, la ninguneada, la manipuladora, criticada por no ser agraciada físicamente, por ‘separar’ al cuarteto de Liverpool, por cantar horrorosamente, por pretenciosa, y así ad nauseam.

Yoko Ono aparece en el mapa de forma contundente en 1969, cuando se casa con Lennon en Gibraltar, quien contuvo nupcias por segunda ocasión. Sin embargo, el aporte artístico de Ono ya tenía un nombre y un peso antes de conocer a John, que no hizo sino expandirse tras acompañarse de uno de los personajes populares más grandes de Inglaterra.

Emparentada estilística y discursivamente con el movimiento artístico Fluxus, el arte conceptual y el avant garde, Yoko Ono es conocida por ser una de las pioneras del performance como forma expresiva, y su arte gira siempre en torno de la paz, la lucha contra el racismo, la homofobia y los conflictos de género.

Yoko Ono era mucho mayor que Lennon, y su figura vino a ser vista adentro y hacia afuera más como una madre que como pareja (Lennon incluso la llamaba ‘madre’), y le hizo ver a Lennon que no necesitaba a los Beatles para crecer como individuo, cosa que enfureció a los fans, causo infidelidades en el seno de la pareja, pero que se decantó en una transformación radical de la personalidad de John, quien se supo inseguro e incompleto con la vida que llevaba.

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Durante décadas, Yoko Ono ha tenido que llevar a cuestas diatribas contra su persona, que van desde artista pretenciosa, loca, a personalidad excesivamente dominante y, al igual que Linda, oportunista. Sin embargo, Ono ha sabido hacer músculo de los comentarios negativos y ha refinado un arte, que cada vez se percibe más humano y universal.

Los soportes múltiples en el arte de la japonesa van desde las artes plásticas, la instalación, el arte-objeto, el arte conceptual, la escritura y, por supuesto, la música, la cual ha sido eterno tema de discusión entre los fans del pop y la música de vanguardia. En ese terreno, Yoko también sufre de descalificaciones por parte de los fans de los discos solistas de Lennon que grabó con la Plasic Ono Band al lado de Yoko, los cuales se encuentran de berridos, gritos, sonidos raros e incomprensibles. Pero por otro lado, en el centro de la música experimental y de vanguardia, muchos ven a Ono como una suerte de Warhol que se colgó de la fama de Lennon para impulsar su arte, poco original y tibio en sustancia. Pero basta con escuchar el disco de reversiones de su trabajo musical, Yes, I´m a Witch (2007) para darse cuenta de la solidez conceptual de la Ono, la cual es reconocida por más de un artista rock, pop y experimental de nuestros días, al igual que un sinfín de artistas plásticos.

Tras sufrir el rechazo de los compañeros de grupo de John en un principio, tener conflictos legales con Paul, y sobre todo por ser la heredera de los 356 millones de dólares de Lennon en 1980, los cuales seguro ya se han duplicado, Yoko Ono sigue siendo la bruja favorita, madre del talentoso y también criticado Sean Lennon, y ser una personalidad que aún da de qué hablar, interesante en sus juicios y declaraciones, pero con poderío como artista total y mujer universal. Vale la pena mirar de cerca su universo para darse cuenta que no sólo es la viuda del Beatle mayor.

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