“Lo que está cambiando… es para bien, para que no haya simulación, para que no haya corrupción, para que no haya intermediación. Lo que está cambiando son los procedimientos, que en vez de entregarle a una organización los recursos destinados a quien lo necesita, se entreguen de manera directa a los beneficiarios, eso es todo.” Así respondió el presidente López Obrador en la “mañanera” del pasado 1 de marzo, ante las preguntas si el gobierno federal seguiría apoyando a los refugios para mujeres violentadas. Incluso, afirmó que ahora en su gobierno, se les destinaría más recursos a las mujeres.

Este controversial tema surgió luego de que el Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva, diera a conocer públicamente la instrucción firmada por el presidente de México, con fecha del 14 de febrero, de “suspender” la convocatoria pública para la asignación de subsidios a refugios para mujeres e hijos que viven violencia extrema. Incluso, el comunicado remata que, con ello se acata “la decisión del ciudadano presidente de no transferir recursos del presupuesto a ninguna organización social, sindical, civil o del movimiento ciudadano”. Luego de darse a conocer este comunicado, lo que hemos tenido es una avalancha de noticias en medios impresos y en redes sociales que han generado un confuso debate que, en última instancia, apunta al papel de las mujeres en el proyecto del presidente.

Hace poco tiempo conocimos del propio mandatario la determinación de cancelar el subsidio a estancias infantiles, lo que también provocó un vaivén de señalamientos. En no pocos medios y en particular en redes sociales, las decisiones del presidente respecto a cancelar los subsidios a estancias infantiles y, ahora a los albergues para mujeres que sufren violencia extrema, están construyendo un peligroso discurso de que las mujeres estamos siendo avasalladas en tiempos de la 4T. Ante el talante de estas decisiones, parecen empalidecer otros hechos como que por primera vez tengamos un gabinete paritario, o que ambas Cámaras también tengan una composición paritaria entre géneros.

En 2016 el Diccionario Oxford elegía a la palabra “posverdad” como la palabra del año. Hoy parece oportuno rescatar su significado, en tiempos donde parece más relevante las emociones que puedan generar las tajantes decisiones del presidente de México, que la verdad racional y objetiva. Las conferencias mañaneras han resultado una estrategia eficaz de poder para el presidente, no así para evitar que las fake news se adueñen de la discusión pública. La búsqueda de información en internet sobre el tema de estancias para mujeres maltratadas resulta sintomática: lo que se encuentra es información contradictoria, que lo mismo es usada para enaltecer la nueva forma de gobernar del presidente que para denostarlo. Y no es que en los gobiernos pasados no hubiera desinformación, pero hoy las mañaneras del presidente, que no tienen otro antecedente que él mismo siendo Jefe de Gobierno, han cambiado radicalmente la forma en que nos enteramos de las decisiones presidenciales, así como la rapidez con que mueve la información, con la consecuente facilidad para distorsionarla.

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En la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, 8 de marzo, resulta necesario conocer de parte del gobierno federal cómo terminará con presuntos actos de corrupción que se daban en la entrega de subsidios, sin que ello signifique abdicar de la responsabilidad del Estado de proteger a las mujeres que sufren de violencia. Dejar pasar más tiempo sin aclarar el lugar que ocupan las mujeres en la agenda del ejecutivo, puede ser el parteaguas que defina el tamaño de la 4T.

 

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