Por Armando Flores*

Más allá de abogar por la “igualdad” entre hombres y mujeres, se trata de celebrar e impulsar la diversidad. Para el sector privado, el tema toma relevancia pues el capital humano es el pilar de competitividad de las empresas y está comprobado que el talento femenino aporta valor.

La historia nos habla de grandes mujeres inventoras que han marcado la historia de la humanidad y son, lamentablemente, una minoría en el mundo de la propiedad intelectual. A pesar de ser agente imprescindible para una innovación incluyente, el potencial de la invención femenina está sujeto a una serie de tendencias limitantes que se presentan desde la infancia y se vuelven especialmente evidentes en dos aspectos: la participación de la mujer en la educación técnica y en puestos de liderazgo en las empresas.

De acuerdo a un estudio del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) en 2015, de las 10 carreras más cursadas por las mujeres en México, la única que se relaciona con ciencias es la ingeniería industrial, estudiada por sólo el 2% de la población femenina.

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A nivel global, las mujeres representan 50% de la población en edad de trabajar pero únicamente 37% del PIB, pues se encuentran subrepresentadas en su participación en la toma de decisiones de las compañías. La brecha se vuelve evidente en la trayectoria hacia la cima. La representatividad hombre:mujer evoluciona de la siguiente manera; 50:50 entran a trabajar, 70:30 ocupan puestos gerenciales, 90:10 puestos directivos y 99:01 de Director General.

La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) promueve la equidad de género y el empoderamiento femenino, no solo dentro de la organización sino en el amplio mundo de la propiedad intelectual. Sin embargo, a pesar de que las aplicaciones PCT (solicitudes internacionales de patentes) con al menos una mujer inventora casi se ha duplicado desde 2007, la paridad de género continúa siendo un prospecto lejano.

Actualmente, únicamente 30.5% de las aplicaciones internacionales de patentes llenadas a través de la organización incluyen al menos una mujer inventora y la paridad podría lograrse hasta 2076 (OMPI, 2017). De acuerdo con otro estudio, elaborado por el Institute for Women’s Policy Research (IWPR) en 2016, esta paridad podría no alcanzarse hasta 2092.

Además, la información estadística existente respecto a la contribución de las mujeres en otras áreas de la propiedad intelectual, como “marcas” y “derechos de autor” es limitada.

De acuerdo con Barbara Murphy, abogada especialista en propiedad intelectual, la Oficina de Patentes y Registro de Marca de Estados Unidos (U.S. Patent and Trademark Office) no recolecta información de género en los solicitantes de patentes. El Consejo Nacional de Mujeres Empresarias (National Women’s Business Council) de ese país señala que las estadísticas se conocen a partir de evaluar las nuevas solicitudes y decidir si el nombre era de hombre o de mujer.

Queda en evidencia la necesidad de aumentar el rigor con que se recaban este tipo de estadísticas a nivel mundial, siendo de gran relevancia que se solicite a las personas que tramitan patentes información no solamente de género, sino de edad, nivel educativo, etc. Solamente conociendo esta información es posible hacer un seguimiento de cuáles son los grupos subrepresentados y diseñar programas que los apoyen para desarrollar y proteger sus inventos.

Por otra parte, es indispensable avanzar en el cambio de paradigmas, pues si bien las mujeres aportan valor a partir de su creatividad y estilo de liderazgo, las principales barreras que enfrentan son a nivel cultural.

La eliminación de los estereotipos que claramente inhiben la participación de las mujeres en STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, por sus siglas en inglés), maximizará la innovación, creatividad y competitividad, resultando en otros beneficios como la disminución de la brecha salarial entre hombres y mujeres.

Científicos e ingenieros están trabajando en resolver los problemas más difíciles de nuestros tiempos, así como diseñando cosas que utilizamos a diario. Sin embargo, cuando las mujeres no están involucradas en la ciencia e ingeniería (sólo por poner un ejemplo), las experiencias, necesidades y deseos de 50% de la población pueden ser pasados por alto. Sin voz, no hay representación. Como menciona Claudia Raunich, Vicepresidenta del Comité de Capital Humano de American Chamber/Mexico en su Pilar Diversidad, “la inclusión no es un tema únicamente de mujeres, sino de propiciar el nuevo liderazgo que necesitamos como sociedad”.

Es tarea de todos fomentar la participación de las mujeres dentro de la creatividad e innovación, sin embargo, para ello debemos comprometernos a educar a las generaciones futuras libres de los estereotipos de género que actualmente limitan las ocupaciones y los intereses de las mujeres.

*Responsable de Comunicación del Comité de Derechos de Propiedad Intelectual de American Chamber/Mexico y Responsable de Desarrollo de Negocios en Clarke, Modet & C° México.

 

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