DW.- Lars Holdorf hace una mueca. Los dientes a la vista, los ojos entrecerrados, la frente arrugada. El sudor le gotea de la barbilla. Otra repetición, otra y luego otra. Se sienta en la máquina de entrenar bíceps y completa su rituna. Sus poderosos brazos jalan las manijas de la máquina una y otra vez, el bíceps se alza y su cabeza se pone roja. No parece divertido.

Pero eso es exactamente lo que es para Lars Holdorf. “¡Fantástico!”, dice alegremente, y respira después de haber terminado su entrenamiento en la máquina. “El gimnasio es muy importante para mí”, dice, con una voz que denota cuánto ha extrañado alzar las pesas.

Es jugador de fútbol americano en los Bonn Gamecocks, y necesitaba fuerza y masa muscular para poder lanzarse al choque con sus oponentes. Mejorar la condición física es parte de su vida cotidiana.

Su gimnasio estuvo cerrado durante dos meses, como todos los demás en Alemania. Sudar junto a otras personas era lo que había que evitar durante el confinamiento por el nuevo coronavirus. Los primeros estudios de fitness en Alemania reabrieron este lunes. Primero en el oeste del país, como aquí, en Bonn. Los otros estados federados seguirán en los próximos días y semanas.

42.60 euros al mes para hacer ejercicio

El camino que Alemania ha emprendido es audaz. El número de infecciones ha vuelto a aumentar desde hace unos días y la canciller Angela Merkel ya advirtió que no se debe poner en riesgo todo lo que se ha logrado.

Casi doce millones de alemanes visitan  de manera más o menos regular los aproximadamente 9,700 estudios de acondicionamiento físico en el país, según las estadísticas de la asociación de este sector en Alemania (DSSV). Para muchas personas, los gimnasios son una parte básica de su vida cotidiana. Y están dispuestos a pagar por ello: 42,60 euros fue la contribución mensual promedio en 2019. Esto le da a la industria en Alemania ventas por 5.500 millones de euros, y por lo tanto también un peso político. La DSSV hizo cabildeo a favor de la industria del fitness, que resultó muy afectada por las limitaciones de la vida social.

Las máquina de entrenamiento deben mantener una buena distancia. Foto DW.

“Fue un duro golpe”, recuerda Max Walter. El hombre, de cuerpo grande y fuerte, pelo corto, y muchos tatuajes, dirige el Fivestar Fitness Studio en Bonn, uno de los 13 estudios de esa cadena. “Un domingo llegó el anuncio de que ese martes debíamos cerrar. Tuvimos que mantener nuestros costos al mínimo, lo cual fue difícil“. Y lo fue, no solo para los clientes, sino también para el personal: doce de los 19 empleados en el estudio perdieron sus trabajos. Casi todos son estudiantes que cofinancian sus estudios con ese trabajo. Poder abrir de nuevo, luego de dos meses, es un gran alivio para el gimnasio de Bonn. Sin embargo, Max Walter tuvo que aceptar algunas cancelaciones de los miembros durante el cierre.

El reinicio ahora solo se permite bajo condiciones estrictas. Entre los clientes debe mantenerse una distancia de siete metros. No se forman largas colas frente al estudio en Bonn en este primer día de apertura. Probablemente también porque muchos clientes todavía son reacios a salir. En una encuesta reciente llevada a cabo en Alemania, el 72% de los participantes indicaron que no volverían a su gimnasio inmediatamente después de que reabrieran.

La reapertura requiere intensas medidas de higiene

Es por eso que Max Walter sabe que tiene que convencer a sus clientes: “Pedimos a todos los miembros que se laven las manos o las desinfecten cuando entren. Se les pide a los miembros que desinfecten los dispositivos, y nuestros empleados también lo hacen. Y tenemos que recibir el requisito de que cada dispositivo debe estar al menos a tres metros de distancia del siguiente “, explica.

Esto funciona bien el primer día, y los clientes toman en serio las medidas de higiene. Por ejemplo la estudiante Melanie Meger vino a entrenar con su madre el primer día de reapertura, porque “extrañaba mucho el gimnasio”. En casa, el enfoque para el entrenamiento se había perdido, pero la atmósfera en el gimnasio la motiva mucho. Ella tiene un poco de miedo de infectarse, dice. “Pero solo trato de cumplir con todas las reglas: me pongo un protector bucal, y cuando es necesario desinfecto mis manos y el equipo que uso”. Ella sabe que el entrenamiento de alta intensidad, como los ejercicios de fuerza máxima o el spinning, aún está prohibido porque se suda y se respira demasiado intensamente.

Las autoridades alemanas vigilan que se respeten las normas a raíz del coronavirus

Entrenamiento bajo normas estrictas

Los operadores de los gimnasios son conscientes de que solo con estas restricciones pueden continuar sus negocios en tiempos de la pandemia. Si las autoridades de salud reportan un nuevo brote de Covid-19 cuyo origen pudiera ser rastreado hasta algún gimnasio, se terminaría la reapertura de los establecimientos. El médico deportivo Wilhelm Bloch deja en claro en entrevista con DW que solo puede admitirse la reapertura de los gimnasios “bajo estrictas reglas, con  desinfección de aparatos y con un número limitado de visitantes, para que puede garantizarse la distancia mínima; además, con una ventilación que funcione bien”.

El futbolista aficionado Lars Holdorf da eso por sentado. Ya se había acostumbrado a las restricciones y las normas de higiene en la vida cotidiana. “Los números de infección en Alemania muestran que ahora podemos dar este paso”, dice. “Me encuentro con los demás aquí en el gimnasio a una distancia respetuosa. Si te apegas a las normas, el riesgo aquí no es mayor que cuando compras en un supermercado”.

 

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