Reuters.– Obreros de fábricas comenzaron esta mañana a regresar a las líneas de ensamblaje en Michigan, allanando el camino para la reapertura del sector automotor de Estados Unidos pero avivando el temor a una segunda ola de infecciones de coronavirus en medio de una relajación de las dudas medidas de confinamiento.

Con millones de estadounidenses despedidos y la actividad económica en crisis, un número creciente de estados está poniendo fin a las duras restricciones que se impusieron en marzo y abril para frenar la propagación de la enfermedad.

Algunos proveedores de partes en Michigan, una potencia industrial del Medio Oeste duramente golpeada por la pandemia y sus consecuencias económicas, reabrieron plantas en estas horas para prepararse para el planeado reinicio de la producción de automóviles el 18 de mayo.

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“Estamos poniendo en marcha nuestra fundición esta semana en previsión de los pedidos que llegarán la próxima”, dijo en una entrevista telefónica Joe Perkins, presidente ejecutivo de Busche Performance Group, una empresa de ingeniería, fundición y mecanizado.

Los tres grandes fabricantes de automóviles de Detroit -General Motors Co, Ford Motor Co y Fiat Chrysler Automobiles NV – han dicho que planean reiniciar la producción en sus plantas de América del Norte el 18 de mayo.

El sector automotor representa el 6% de la producción económica de Estados Unidos y emplea a más de 835,000 estadounidenses. Se espera que México, otro importante eslabón de la cadena de producción de automóviles de América del Norte, haga un anuncio esta semana sobre sus planes para la industria.

Difícil situación

En total, más de 80,000 estadounidenses han muerto de los más de 1,34 millones de infectados desde el 20 de enero, según un recuento de Reuters. Michigan ha contado más de 4,500 defunciones relacionadas con el Covid-19, la enfermedad respiratoria causada por el coronavirus, el cuarto lugar entre los estados.

En Ohio, otro estado altamente industrializado, la gran mayoría de las tiendas minoristas podrán empezar a atender clientes el martes.

Incluso Nueva York, el epicentro de la crisis nacional, se dispuso a relajar las medidas de distanciamiento social para el fin de semana en algunos sectores.

Casi todos los 50 estados han comenzado a aflojar las restricciones sobre los negocios diarios y la vida social bajo una creciente presión económica.

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La pandemia ha dejado a más estadounidenses sin trabajo que en cualquier otro momento desde la Gran Depresión de la década de 1930 y ha llevado al Congreso a aprobar billones de dólares en ayuda de emergencia para trabajadores y empresas.

Los expertos en salud pública han advertido que si se actúa con demasiada rapidez para reabrir los negocios, sin que se amplíen las pruebas de diagnóstico y se adopten otras precauciones, se corre el riesgo de que se produzca un resurgimiento del virus.

Las encuestas muestran que la mayoría de los estadounidenses también están preocupados.

El aumento de nuevas infecciones en Alemania y Corea del Sur, que habían sido elogiadas por actuar agresivamente después de que el brote se extendió desde China a principios de este año, sugería que los primeros esfuerzos para levantar las restricciones podrían ser prematuros.

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