El mercado de valores ha registrado máximos históricos en 2020, impulsado por la euforia de los inversores por el posible repunte de la economía con la reapertura de Estados Unidos.

A pesar de este optimismo, la economía estadounidense se encuentra en un apuro bastante grave, pues los datos muestran mejoras pero en realidad sólo estamos volviendo a donde la estábamos durante de la Gran Recesión de 2008 y 2009.

Y eso terminó haciendo que las acciones y la economía tardaran un tiempo razonablemente largo en recuperarse. Para ponerlo en perspectiva, desde el momento en que registró de 13 mínimos en marzo de 2009, al S&P 500 le llevó otros cuatro años volver a situarse donde estuviera antes del inicio de la crisis financiera.

Incluso la Reserva Federal ha emitido una previsión sombría para la economía, comprometiéndose a mantener los tipos cerca de cero en el futuro previsible. Peor aún, las medidas de inflación están cayendo, y es probable que hagan descender el rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años con el tiempo, posiblemente incluso hacia el 0%.

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En algún momento, la ausencia de inflación, un crecimiento económico significativo y tipos más bajos pueden asustar a las acciones, lo que no es tan diferente de lo que presenciamos en marzo, cuando cayó el rendimiento de los bonos arrastrando a las acciones con ellos.

Fed emite unas débiles previsiones

En la última reunión del FOMC, la Fed pronosticó que el PIB se contraería un 6.5% en 2020, y luego repuntaría un 5% en 2021 y un 3.5% en 2022. Esto sugiere que el banco central no espera que la economía vuelva a donde estaba en 2019 hasta mediados o finales de 2022. Eso implicaría un deterioro del PIB aún más pronunciado que en 2008 pero, basándonos en las previsiones de la Fed, una recuperación ligeramente más rápida.

Los datos macroeconómicos también muestran que la actual recesión causada por la pandemia ha sido considerablemente peor que la de 2008-09, y que la economía acaba de volver a donde estuviera antes de la recesión. Las ventas minoristas de mayo mostraron un enorme aumento mensual de alrededor del 17.7%.

Sin embargo, en términos anuales, esas cifras fueron considerablemente peores que la cifra mensual, descendiendo más de un 6%, lo que va a la par con algunas de las peores lecturas registradas en 2008-09. Mientras tanto, otros puntos de datos, como la producción industrial, también han caído drásticamente, y casi no han tenido un rebote significativo en mayo.

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Algunos de los datos de desempleo han sido aún peores, y según los últimos informes, han permanecido en torno a 20.5 millones las últimas cuatro semanas, unas tres veces por encima que en el peor momento de la última recesión. El gran aumento de empleo de mayo también puede haber sido exagerado, pues alrededor de 4.9 millones de trabajadores han sido clasificados erróneamente.

Sin esta clasificación errónea, los datos de empleo no agrícola de mayo habrían registrado un aumento del número de desempleados de hasta 25.4 millones, frente a los 20.4 millones reportados, lo que, a su vez, habría impulsado la tasa de desempleo al 16.1%, frente al 13% reportado.

Mientras tanto, lecturas críticas de inflación como el índice de precios al consumo, el índice de precios de la producción e incluso las lecturas recortadas medias de PCE han registrado algunos de sus niveles más débiles en años.

Con una inflación baja y una economía al nivel de la peor recesión de la historia, al menos de la de 2009, si no peor, podría ocurrir un desplome de los tipos de interés con el tiempo, en caso de que estas condiciones económicas no mejoren pronto.

El gráfico técnico muestra que una caída de los bonos del Tesos a 10 años por debajo de aproximadamente 55 puntos básicos podría resultar en un descenso más pronunciado, potencialmente de vuelta a los mínimos de marzo registrados en 40 bps, o incluso menos, si los participantes del mercado comienzan pensar que podríamos estar en recesión mucho más tiempo, y que la recuperación se prolongará mucho. Tal descenso podría dar lugar a que las acciones caigan mucho más, a medida que los inversores lidian con un retorno más lento “a la normalidad” de lo esperado.

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En este momento, el mercado de valores está en modo de celebración en cuanto a las previsiones de recuperación, respaldado por una oleada sin precedentes de estímulos del gobierno y del banco central.

El mayor problema es que esta recuperación, en el mejor de los casos, nos está llevando de vuelta a niveles que en su día fueron lo suficientemente catastróficos como para llamar a la recesión de 2008 y 2009 “La Gran Recesión”.

No parece que haya mucho que celebrar en este momento.

Investing
 

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