Por Avik Roy *

Hace un par de noches, al ganar las primarias de Indiana y obligar a Ted Cruz a abandonar la contienda, Donald Trump aseguró con eficacia la nominación presidencial del Partido Republicano en 2016. Esto ha llevado a algunos miembros del partido a reconciliarse con Trump como su mejor esperanza para derrotar a Hillary Clinton. Pero el partido que voluntariamente colocará a Donald Trump como su representante en la boleta ha renunciado a su lealtad a sus principios conservadores.

 

Nacionalismo vs. conservadurismo

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Uno de los errores cometidos por los detractores de Trump es describir su visión del mundo como casual y espontánea, una colección de “gestos mentales irritables”, si tomamos prestada la famosa formulación de Lionel Trilling. La filosofía política de Trump, de hecho, es sorprendentemente coherente y tiene una herencia que se remonta a más de un siglo.

Esa filosofía es el nacionalismo: una aproximación a la política que coloca a la solidaridad nativista por encima de todas las otras prioridades. Involucra una economía nativista (opuesta al comercio exterior), cultura nativista (opuesta a la inmigración, ya sea legal o ilegal) y una política exterior nativista (el aislacionismo derivado del “primero Estados Unidos”).

Mientras que los partidos nacionalistas son comunes en las democracias europeas, no los hemos tenido en Estados Unidos debido a que el movimiento nacionalista se ha dividido. El Partido Demócrata, con su base sindical, ha sido el hogar de la economía nativista en el país, mientras que el GOP (Great Old Party, nombre con el que se conoce al Partido Republicano) se ha convertido en el hogar de los nativistas culturales. Ninguna de las partes ha exhibido formalmente una política exterior aislacionista, a pesar de que el repliegue del presidente Obama frente al mundo es algo cercano.

El conservadurismo estadounidense de la posguerra, como fue formulado por William F. Buckley y otros en National Review, era explícitamente distinto del nacionalismo. El conservadurismo estadounidense abrazó la economía liberal clásica, expresando su confianza por que mercados y mentes libres podrían generar prosperidad para todos. Buckley y sus compatriotas vieron al comunismo como el flagelo tirano que era, y resolvieron combatirlo en todo el mundo. El conservadurismo de Buckleian se opone a la inmigración ilegal, pero expresó que Estados Unidos es excepcional, ya que ha atraído a gente de todo el mundo que abrazó el credo estadounidense.

 

El repunte del Partido Republicano nacionalista

La asunción de Donald Trump al trono del GOP significa que, nos guste o no, la pluralidad de los republicanos que votan es nacionalista, no conservadora. Esto no es algo que haya sucedido por accidente; más bien es el resultado final de un largo proceso impulsado por los nacionalistas dentro del movimiento conservador.

No fue hace tanto que Ronald Reagan ganó 49 estados en su camino a la victoria sobre Walter Mondale. Esos eran los días en los que los conservadores se esforzaban por atraer a todos. Entonces, en la Convención Nacional Republicana de 1992, el precursor de Trump, Patrick Buchanan, declaró que el GOP libraría una guerra “cuadra por cuadra” para “recuperar nuestra cultura y recuperar nuestro país”.

El atractivo de Buchanan era uno explícitamente nacionalista: se oponía a la inmigración, el libre comercio y la política exterior de Reagan-Bush. Aunque Buchanan no ganó la nominación del Partido Republicano, su plataforma nativista encontró un hogar fértil en el creciente complejo de entretenimiento multimedia que identifica a las zonas rurales y cristianas del Estados Unidos blanco en oposición a la diversidad que caracteriza al Estados Unidos metropolitano.

Los conservadores ganaron una gran cantidad de elecciones apelando a los “verdaderos estadounidenses” en el corazón del país, ejemplificados por la lucha de Ted Cruz contra los “valores neoyorkinos” de Donald Trump. El fraude electoral ha empeorado el problema mediante la creación de distritos seguros para el GOP dominados por los votantes blancos rurales.

 

El caso de estudio asiático-americano

Una forma interesante de analizar la división entre nacionalistas  y conservadores es reflexionar sobre el caso de los asiático-americanos. Si los valores conservadores son los valores de la familia y el trabajo duro, entonces los asiáticos son el grupo demográfico más conservador en Estados Unidos. Ellos tienen los más altos ingresos promedio (66,000 dólares frente a la mediana nacional de 49,800), el porcentaje más alto de graduados universitarios (49% frente a la mediana de EU de 28%), y las tasas de divorcio y nacimientos fuera del matrimonio más bajas (17% frente a la mediana de 41%).

Y, sin embargo, en 2012, los asiático-americanos votaron por Obama y no por Mitt Romney, por un margen de 49 puntos. Los hispanos, por el contrario, votaron por Obama “sólo” por un margen de 44 puntos.

Ésta es la deficiencia, y en muchos casos, la hipocresía de los nacionalistas que apelan a los “votantes con valores”. Ellos afirman celebrar el trabajo duro y la familia, pero no hacen ningún esfuerzo por atraer a los inmigrantes y a los no cristianos que adoptan esos valores en mayor proporción que aquellos cuyos abuelos nacieron aquí.

 

Los conservadores no deben aceptar este resultado

Hoy resulta sorprendente recordar que el Partido Republicano fue fundado con el fin de abolir la esclavitud de los negros. La transformación del GOP en un partido nacionalista blanco llevó tiempo. Comenzó cuando Barry Goldwater hizo campaña para la presidencia en oposición a la Ley de Derechos Civiles de 1964, sacó a los segregacionistas del Partido Demócrata y empujándolos al GOP. Los republicanos como Nixon aceptaron este cambio, ya que le ayudó a ganar las elecciones, pero lo hicieron con un gran costo para la autoridad moral de los republicanos como un partido de igualdad racial.

El movimiento conservador no se ha enfrentado con este problema. La mayoría de los conservadores han dejado de apreciar la estacada del GOP hacia el nacionalismo blanco, porque la mayoría de las élites conservadoras son blancas, tienen amigos en su mayoría blancos y no tienen una comprensión real de por qué su partido no ha sido capaz de atraer con éxito a los no blancos.

Los conservadores más jóvenes –los de la generación X y los millennials– que respaldaron a Marco Rubio, son mucho mejores en este sentido porque crecieron en un ambiente más diverso. A ellos corresponderá articular un conservadurismo que pueda atraer a los estadounidenses de todas las razas y credos.

No va a pasar este año. Pero si el conservadurismo estadounidense quiere sobrevivir al siglo XXI, tendrá que pasar pronto.

*Editor de Opinión en Forbes y Senior Fellow en el Manhattan Institute.

 

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