¿Qué tiene en común la economía mundial con el combustible que hace brillar a las estrellas?. Los dos contienen recursos para la creación y crecimiento, o para la crisis y la destrucción. 

 

Una nébula o nebulosa es un espacio lleno de gas y polvo que son el combustible  en la producción de estrellas y otros objetos en el espacio exterior. También puede ser todo lo que queda después de la destrucción de una estrella. Lo mismo se puede decir del espacio económico, en él se encuentran los recursos para la creación y crecimiento o para las crisis y la destrucción.

Joseph Schumpeter, el famoso economista austriaco de principios del siglo XX solía llamar al proceso por el cual los cambios dramáticos en la economía y en la sociedad suceden “destrucción creativa”. Al analizar los eventos económicos en el mundo y cómo afectan el espacio económico que ocupamos, podemos descubrir cómo se relacionan con el éxito o fracaso de los países y de los negocios y la manera que  se extienden hacia la cultura, la ciencia y la tecnología.

Como método de análisis, la economía permite estudiar muchos de los sucesos que ocurren día a día y su influencia sobre las sociedades; la lógica económica puede estar presente en muchos escenarios y también puede enriquecerse de otras disciplinas.

La economía mundial es una gigantesca nebulosa de relaciones laborales, productivas, información, desarrollos científicos, tecnológicos, políticas públicas y sus múltiples relaciones entre sí.

La economía mundial es un sistema dinámico y como tal es difícil de predecir; sin embargo, es posible analizar fenómenos que ocurren, la forma como pueden afectarnos y por tanto, podemos aprender de ellos, incluso de los menos convencionales o los que menos tomamos en cuenta.

México coexiste de menor o mayor forma en este espacio y como todos los otros países, enfrenta preguntas que no son triviales sobre el rumbo que debe tomar para enfrentar sus muy particulares retos. El crecimiento, la desigualdad y el combate a la pobreza por mencionar algunos, y no solo desde la reducción simplista de las llamadas reformas estructurales, sino desde verdaderos cambios en política económica.

En el contexto económico actual más que nunca es evidente la fuerza “creativa” de algunas economías y cómo éstas producen crecimiento y mejoras dentro de sus sociedades, mientras que otras se ven atrapadas en la fuerza “destructiva” que el clima económico crea en su cambio constante.

 

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