México es un país en el que se lee poco, pero no todo es culpa del lector. La oferta de libros juega un papel importante en la disponibilidad y la percepción de los libros que se pueden adquirir. Cuando la oferta es mala, los lectores pueden elegir simplemente retirarse y buscar contenido en otros medios.

 

 

 

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Vivimos en un época privilegiada en lo que se refiere a acceso a la información, en buena parte gracias a Internet. Eric Schmidt, expresidente de Google, mencionó hace algunos años que actualmente la humanidad produce más información en dos días que la que produjo colectivamente desde el inicio de la humanidad hasta el año 2003, alrededor de 5 exabytes de información en diferentes medios, canales y formatos.

Producir tal cantidad de información no es algo trivial y es posible gracias a las dinámicas sociales de la web 2.0, donde literalmente cualquier persona puede crear, publicar y distribuir contenido por medio de una red global. Google calcula que la web contiene actualmente alrededor de 49,000 millones de páginas web, muchas de las cuales cambian constantemente. Por ejemplo, se estima que se crea un nuevo blog o se actualiza uno ya existente cada 2.3 segundos, lo que crea una avalancha de contenido nuevo y fresco que puede ser leído desde una laptop, un smartphone, una tableta o cualquier otro dispositivo que pueda conectarse a internet.

Esta capacidad de producción también se refleja en las tiendas de libros electrónicos: Kindle Store de Amazon tiene más de 2.5 millones de libros digitales en su catálogo y iBook Store de Apple acaba de pasar los 2 millones de ebooks, una hazaña que difícilmente podrán igualar las librerías que venden libros impresos por una simple razón: su capacidad de almacenamiento siempre será finita.

La capacidad de colocar libros en una tienda tiene que ver también con la oferta de una librería hacia el público: cada espacio puede ser usado por un libro a la vez, y dado que el espacio es limitado, la tienda debe asegurarse que los títulos con más posibilidad de venderse ocupen esos espacios.

La visibilidad de un libro en una tienda afecta directamente su éxito comercial y los libros que se vean mucho se venderán mucho contra los que se vean solo un poco o nada en absoluto. No es sorpresa entonces que los libros destacados sean textos que le puedan interesar a audiencias grandes, como libros de superación personal, libros relacionados con películas, series de televisión o autores famosos, pero no libros más especializados o de autores menos conocidos.

Las tiendas digitales, en su afán de eliminar los intermediarios, aceptan cualquier texto para vender, pero eso tampoco asegura la calidad de los libros. Aunque no hay límite a la cantidad que libros que se pueden mostrar, los textos de baja calidad “ahogan” a los buenos, pero ese es un tema para otro día.

México es un país en el que se dice que se lee poco, pero no todo es culpa del lector. La oferta de libros juega un papel importante en la disponibilidad y la percepción de los libros que se pueden adquirir. Cuando la oferta es mala los lectores pueden elegir simplemente retirarse y buscar contenido en otros medios.

 

 

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