Por Máximo Santos Miranda*

El mundo antes de que la pandemia irrumpiera en nuestras vidas se encontraba inmerso en una nueva revolución tecnológica que estaba transformando nuestras vidas de forma radical. Esta revolución conocida como la cuarta revolución industrial es completamente diferente a otros hechos disruptivos que la humanidad había experimentado con anterioridad y es que las posibilidades ilimitadas que otorga el hecho de que miles de millones de personas estén conectadas mediante todo tipo de dispositivos electrónicos da lugar a una cantidad inmensa de posibilidades que todavía estamos lejos de llegar a comprender en su plenitud.

Cuando la humanidad estaba viendo como esta cuarta revolución industrial estaba cambiando nuestras vidas de forma acelerada, un fenómeno totalmente ajeno entra en escena. El Covid-19 ha puesto en cuestión muchas de las tendencias que la humanidad venía experimentado en estos últimos lustros y es que entre otras muchas cosas la pandemia nos ha permitido, gracias a los periodos de confinamiento, tener tiempo para detenernos y pensar.

La primera pregunta que la humanidad se está planteando es si la pandemia supondrá un cambio en nuestra forma de vida o simplemente una continuación y consolidación de las tendencias previas. Es decir, ¿Supondrá la pandemia una mutación completa de nuestro modo de vida o únicamente será un catalizador que acelerará los cambios que la cuarta revolución ya venía impulsando?

Aunque todavía es pronto para responder a esta pregunta con total certidumbre, lo que si que podemos afirmar es que la tecnología impulsada por la cuarta revolución industrial ha sido un magnifico aliado en este combate del hombre contra la pandemia. Fenómenos como el teletrabajo que ha permitido que muchos colectivos puedan seguir desempeñando sus labores desde sus hogares o las videollamadas que han permitido que personas que han tenido que permanecer físicamente aisladas sigan en contacto con sus familiares y amigos están siendo piezas claves en este periodo de pandemia.

La pandemia ha supuesto que muchos fenómenos que ya estaban irrumpiendo en nuestras sociedades se aceleren como es el caso de la educación en línea. Todavía no sabemos hasta que punto se desarrollará este canal de enseñanza una vez que pase la pandemia, pero de lo que si debemos estar convencidos es que muchas de las bondades de este sistema de enseñanza se están consolidando gracias al coronavirus.

En definitiva, todo parece indicar y buena prueba de ellos son las fortísimas revalorizaciones que las empresas tecnológicas están teniendo en bolsa, al contrario de lo que está sucediendo en otros sectores productivos, que la pandemia ha supuesto un impulso de aceleración inesperado a la cuarta revolución industrial. El coronavirus puede representar una oportunidad de desarrollo para muchas economías que se encontraban retrasadas en el proceso de digitalización y para ello es imprescindible que sus gobiernos cuenten con tecnólogos que aprovechen esta ola transformadora que la pandemia ha puesto en primer plano.

Unos tecnólogos que deberían haberse formado en alguna empresa tecnológica, ya sea como creadores de contenidos para alguna de las grandes empresas del sector o habiendo puesto en marcha alguna empresa tecnológica de pequeño tamaño pero que aporte gran valor añadido.

Estos tecnólogos deben formar parte de los gobiernos y no ser meros asesores de los cargos políticos porque si se quedan en un segundo plano lo más probable es que sus propuestas de desarrollo tecnológico queden diluidas en las viejas formas de hacer política. Estos tecnólogos deben ser capaces de innovar a niveles semejantes a lo que lo hacen las grandes tecnológicas y para ello deben ser personas muy creativas y nacidas y educadas en el mundo digital. La capacidad de transformación social que la tecnología puede propiciar es inmensa y debe ser aprovechada, eso si evitando siempre que el desarrollo tecnológico constituya un medio de férreo control social por parte de los poderes públicos.

El no contar con tecnólogos en el gobierno puede significar que el país se quede atrás en esta nueva revolución industrial y las consecuencias de esto pueden ser desastrosas a nivel de desarrollo económico y humano. Existen gobiernos en el mundo que se están tomando muy en serio todo lo referente a la revolución tecnológica como es el caso de Estonia, un pequeño país europeo que formó parte de la Unión Soviética. En Estonia es posible realizar cualquier trámite con la administración pública de forma digital y es que el ejecutivo estonio lleva años obsesionado en convertir al país en vanguardia de la revolución tecnológica mundial. Los niveles de desarrollo económico y de comodidad para los ciudadanos estonios son evidentes y el modelo en muchos de sus aspectos debería ser copiado en otras latitudes. 

El paso de la vieja economía a la nueva economía será muchísimo más sencillo si los gobernantes o al menos una buena parte de ellos son personas en las que las nuevas tecnologías sean una parte natural de su comportamiento social. Al mismo tiempo, estos nuevos dirigentes deben ser capaces de promover e impulsar el desarrollo tecnológico de su entorno mediante soluciones creativas e innovadoras apoyadas en las últimas tecnologías. El no contar con estos tecnólogos en el gobierno haría que el proceso de transición de los modelos económicos fuese mucho más complejo y es que los tecnólogos siempre tenderán a solucionar los problemas de forma natural aprovechando las enormes posibilidades que proporcionan las nuevas tecnologías.  

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Máximo Santos Miranda es Doctor en Economía y experto en temas de banca, finanzas y hacienda.*

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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