De donde sale mucho humo, habrá un incendio, en algún lugar. Pero donde hay demasiado humo, difícilmente se puede ver exactamente qué se está quemando. El escándalo que rodea al grupo alemán Wirecard, tiene el potencial de convertirse en una bomba incendiaria de dimensiones internacionales.

¿Qué sabían el actual ministro alemán de Finanzas (socialdemócrata); y el anterior de Economía (cristiano-demócrata), y qué hizo la canciller en China, basada en sus informaciones? ¿Qué papel jugaron Indonesia, Dubai, Libia y finalmente Bielorrusia y Rusia? ¿Y dónde está el malo? ¿Es ese realmente Jan Marsalek, exdirector financiero del grupo Dax Wirecard? ¿Y por qué no el gerente general Markus Braun?

¿Cómo fue posible que una pequeña empresa que vende sistemas de pago digitales fuera valorada como grupo Dax por encima del Deutsche Bank y que luego, de repente, se encontrara en bancarrota porque 1,900 millones de euros nunca aparecieron en su balance, sin que supuestamente nadie se diera cuenta, ni los auditores de EY (antes Ernst & Young) ni la autoridad de supervisión BaFin ni el Bundesbank, así como tampoco ninguno de los ministerios ni la Cancillería? Entonces, ¿cuál es el valor de los controles de seguridad que se supone generan la confianza que hace de la industria financiera alemana un sector atractivo?

Muchas preguntas. Y todas ellas no pueden ser respondidas en este momento, en vista de la complicada historia de Wirecard AG y sus jefes Braun y Marsalek.

¿Fintech, en lugar de caja de ahorros?

Hasta ahora, estos son los hechos más o menos concretos: Wirecard es una empresa con sede en Aschheim, Baviera, para la cual trabajaban alrededor de 5,800 personas. Su negocio: el procesamiento de pagos digitales (en algún momento con un banco propio afiliado). En 2006, Wirecard se incluyó en el TecDax y en septiembre de 2018 sustituyó al Commerzbank en el índice Dax alemán, el círculo de las 30 sociedades anónimas alemanas más importantes. En junio de 2020, Wirecard se declara insolvente.

En pocos días, la compañía había perdido más de dos tercios de su valor. El jefe, Markus Braun, fue arrestado, entre otros cargos, por manipulación del mercado, y el jefe de operaciones, Jan Marsalek, pasó a la clandestinidad y es buscado con una orden de captura. Braun y Marsalek son austriacos

Durante varios años, los dos lograron presentar su empresa en los alrededores de Múnich como una gran esperanza alemana para la transición del anticuado negocio bancario a la era de las finanzas digitales: Fintech en lugar de “Sparkasse”, caja de ahorros.  Tomó bastante tiempo para que los muchos rumores e informes se consolidaran y para que quedara claro que el presunto crecimiento de Wirecard se debía a transacciones fantasma.

En junio de este año (2020), la empresa auditora EY se negó a firmar el balance del grupo, a lo que siguió una auditoría especial de los competidores de KPMG. Wirecard tuvo que admitir que 1,900 millones de euros del balance no se pudieron encontrar y probablemente ni siquiera existían, por lo que un cuarto de los activos totales de Wirecard se esfumó. ¿Y nadie había notado nada?

Preguntas al Comité de Finanzas

Este caso amenaza con desprestigiar todo el sistema alemán de supervisión del sector financiero. Esta semana, finalmente se tomó la decisión de convocar al Comité de Finanzas para una sesión especial en el Bundestag el 29 de julio. Pero hay más preguntas:

  • Si los auditores (EY) no pueden ver ni oír nada, ¿por qué ni el Bundesbank ni la afiliada BaFin aclaran las dudas e informes que habían sido presentados con suficiente antelación con respecto a Wirecard?
  • ¿Por qué la canciller alemana seguía presionando hasta septiembre pasado la entrada de Wirecard al mercado chino, a pesar de que el ministerio de Finanzas ya estaba investigando el caso? En ese momento, la sospecha de irregularidades ya se había vuelto más y más fuerte.
  • Entonces, ¿qué sabía el Gobierno alemán sobre Wirecard y por qué no hizo nada, o hizo lo que hizo?

“Esta es la última oportunidad del gobierno para evitar una comisión de investigación”, dijo Danyal Bayaz, político verde especializado en finanzas, acusando al Gobierno de proporcionar solo información parcial.

Una comisión de investigación tendrá que ocuparse, presumiblemente, no solo de Rusia. Allá es a donde conducen los últimos informes, según los cuales el lugar en donde se esconde Jan Marsalek, director de Wirecard. ¿Es este el cuento de un ladrón o, acaso la historia de un agente espía?

Según Spiegel y el diario Handelsblatt, basados en la plataforma de investigación Bellingcat, Marsalek se refugia ahora en una villa cerca de Moscú, bajo la supervisión del servicio secreto militar ruso GRU. Su portavoz, Dmitri Peskow, negó, empero, que el Kremlin no estuviera al tanto.

¿Es Marsalek la figura clave?

El austriaco era el responsable de los negocios internacionales de Wirecard, realizando adquisiciones, especialmente en países asiáticos, y asegurándose de que el balance de la empresa brillara, a pesar de que los negocios en Alemania no andaban bien. Ya no solo se habla de transacciones fantasma, sino también de posibles sistemas de lavado de dinero a gran escala. Pero ¿en nombre de quién? Según varios reporteros, Marsalek siempre se ha jactado de sus contactos en los servicios secretos, ya sea en Viena, Palmira (Siria) y Moscú.

¿A lo mejor, no se trataba de modernos sistemas de pago digital de Wirecard, sino más bien de añejos beneficios criminales utilizados para llevar a cabo siniestros negocios? ¿O es solo otra cortina de humo? ¿Quizás una comisión de investigación sea, en efecto, una oportunidad de esclarecimiento y no un peligro? Al menos para el sistema financiero alemán.

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