La industria hotelera, incluso la cautiva a través de la venta de tiempo compartido y las membresías, se encuentra paralizada por la contingencia sanitaria.

La propagación de la pandemia de Covid-19 por el mundo y su llegada al país a finales de febrero cerró a mediados de marzo múltiples inmuebles turísticos antes de que se anunciara la suspensión oficial de su actividad. La demanda cayó drásticamente a partir de la segunda mutad de marzo, lo que hacía incosteable su operación.

Los pronósticos para 2020 se tuvieron que reajustar, más ahora que prácticamente todos los establecimientos están cerrados y no cuentan con una fecha para reanudar operaciones.

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Sin duda no vamos a cumplir con los presupuestos que teníamos para este año; a manera global, los miembros de la asociación tuvieron ventas en 2019 por alrededor de 771.7 millones de dólares y para este año se incrementó el presupuesto alrededor de 11%, a 862.8 mdd de ventas. Yo creo que un escenario muy positivo va a ser alcanzar el 50%“, expuso Alberto Solís, presidente de la Asociación de Complejos Vacacionales y Turísticos (Acotur), que agrupa a hoteles y desarrolladores del Caribe Mexicano.

A 2018, los destinos de esta zona representaban el primer lugar nacional de desarrollos con este servicio vacacional, de acuerdo con datos de RCI citados por la Asociación Mexicana de Desarrolladores Turísticos (Amdetur).

Entre los integrantes de Acotur, Solís estima que la tasa de cancelaciones se mantuvo cerca del 30%, mientras que el 70% restante de los clientes optó por posponer sus vacaciones, con opciones a reagendar en caso de que la contingencia se mantenga en la nueva fecha.

La preocupación para lograr sus metas anuales no radica solo en la fecha de reanudación de las actividades económicas consideradas no esenciales, entre las que se encuentran las turísticas, sino el tiempo que llevará la recuperación económica general, misma que no será automática una vez que se levante la contingencia.

“Al final del día, nosotros podemos abrir y estar perfectamente funcionales y el hotel precioso pero si no llegan los turistas no hay nada que hacer. Y a eso suma la depresión económica, que a lo mejor lo último que piensan algunos es invertir en una membresía vacacional ahorita”, anticipó.

“En la parte que más nos va a afectar esto es en la venta, en el club vacacional la esencia es la venta de membresías y en este punto nos está pegando”.

Para las últimas semanas, la colocación de membresías ha caído prácticamente a cero, de acuerdo con Solís. Un vendedor que pidió el anonimato consultado por Forbes expuso que si bien aún se logran algunas ventas, representan prácticamente el 10% de las colocaciones que se lograban a inicios de año y se han logrado como seguimiento a semanas anteriores.

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El problema no es solo para la región o para el país, sino que se trata de una afectación global. Para Andrew Hecht, analista de commodities y metales, el tiempo compartido corre el riesgo de verse más afectado que la hotelería tradicional porque se trata de un mercado enfocado en consumidores de altos ingresos, además de que su estrategia de ventas pierde efectividad con el distanciamiento social, mismo que no desaparecerá con el fin de la alerta sanitaria.

“Las compañías de tiempo compartido como Wyndham venden sus productos o puntos a través de “tours”. Cualquiera que haya estado en uno sabe que mientras los vendedores pueden hacer un ejemplo convincente para la inversión, el proceso se desarrolla en un ambiente de mucha presión. Tras la pandemia, estos tours no tendrán una reactivación inmediata pues el distanciamiento social no desaparecerá tan pronto”, expone.

En ese escenario, vaticinó que el repunte de las ventas no será inmediato, aunado a la menor efectividad que puedan tener las ofertas y transacciones en línea.

En un artículo a propósito de la cadena Wyndham (cuyas acciones se desplomaron 30.5% para el 17 de marzo y tocaron su mínimo el 23 de marzo, con apenas 16.81 dólares por acción, su menor valor desde diciembre de 2011, cuando venía en recuperación tras la crisis de 2008-2009), Hecht expone que tras la crisis producida por la pandemia se modificarán la liquidez y la disponibilidad de recursos de los clientes potenciales, lo que demorará aún más su recuperación.

“Para clientes ajustados que pierdan sus empleos, pagar una cuenta enviada por una empresa de tiempo compartido se irá al último lugar de la fila que estará encabezada por la hipoteca o la renta, los pagos del auto, el seguro, la comida y muchos otros gastos”, advierte.

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Otra empresa abocada al negocio del tiempo compartido, Marriott Vacation, también sufrió la caída de sus acciones a un mínimo desde 2013. El martes 7 de abril cerró con un precio de 66 dólares por papel, 48.9% menos que el precio con el que arrancó el año de 129.23 dólares.

Aun con ese escenario adverso, Solís no pierde la calma y confía en que hay que tomar decisiones adecuadas para promocionar nuevamente los destinos turísticos, antes incluso de que pase la pandemia. Algunas de ellas son las que ha clamado el sector industrial en su totalidad al gobierno federal: diferimiento del pago de impuestos.

Otras acciones serán el lanzamiento de promociones, con miras a atraer a más turistas mexicanos, que apenas representan 1 de cada 5 clientes con membresía para clubes de playa y tiempos compartidos, de acuerdo con Acotur.

“Necesitamos apoyar ahorita a los empleados, rescatar a las empresas, y ciertamente nuevos programas de promoción turística. Vamos a necesitar mucha promoción turística. El problema es que si nos esperamos a que termine esto ya vamos tarde, la promoción se tendría que hacer desde hoy. Porque si nos esperamos a 2 o 3 meses a que reanudemos actividades, vamos a estar compitiendo con muchas de las ciudades y destinos más importantes del mundo”, concluyó.

 

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