El expresidente de Corporación Multi-Inversiones, Dionisio Gutiérrez, decidió poner en segundo plano su carrera empresarial para enfocarse en la profesionalización de la política en Guatemala y la generación de debates que alienten el crecimiento. La razón de esta decisión: una región en riesgo que requiere cambios drásticos.

 

 

 

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Dionisio Gutiérrez, quien por varios años se desempeñó como presidente de Corporación Multi-Inversiones, un holding con operaciones de restaurantes, empresas avícolas y porcícolas, de energía, construcción y financieras, además de ostentar 40% de los activos de la española Telefónica en El Salvador, Guatemala, Nicaragua y Panamá, es ahora conductor del programa Dimensión TV, donde lo que predominan son los temas políticos y económicos.

Si bien a Dionisio se le identifica como conductor de Dimensión TV, en el sector empresarial se le ubica como el hombre que llevó a Pollo Campero a su internacionalización.

La razón por la que Dionisio dejó la presidencia del corporativo en 2010, según la propia empresa, se debió a “un relevo natural”. Sin embargo, medios que registraron este hecho vincularon la decisión al “acoso” del ex presidente Álvaro Colón y de su esposa, luego de una crítica que habría hecho el miembro de la junta directiva de Corporación Multi-Inversiones.

Como quiera que sea, según el propio Dionisio, se siente mejor apoyando causas sociales y abriendo espacios de debate, que cerca de los reflectores empresariales. “En otros países hablar de riqueza es motivo de orgullo, de ejemplo, pero en un país como Guatemala, con esos niveles de pobreza, de atraso, de tantos vacíos, de tantas decadencias, no lo es”, considera.

La “vena social” de Dionisio quedó marcada por una vivencia que tuvo hace poco más de un lustro en Jocotán y Camotán, donde pudo observar a niños muriendo por el nivel de desnutrición crónica que tenían. “Me tocó ver madres enterrándose ellas mismas con sus hijas, porque habían llegado a un punto de no tener nada para comer y habían decidido quitarse la presión del núcleo familiar”, comenta.

Sobre sus aspiraciones políticas, Dionisio asegura que no tiene, pero deja claro que no dejará de insistir, a través de la televisión, la Fundación Libertad y Desarrollo y del proyecto de Escuela de Gobierno, en la generación de una sociedad civil activa, beligerante y participativa, que ponga los cimientos de un futuro más promisorio para Guatemala y la región en general.

 

En su momento estuviste en la política incidiendo. ¿Hoy buscas hacerlo desde afuera?

–Yo no diría que estuve en la política. Yo siempre digo que nunca he estado en la política. En lo que sí he estado es en el debate público, en la disolución de los temas importantes que tienen que ver con la política, pero siempre desde una perspectiva cívica, periodística y también formando parte de diferentes “tanques” de pensamiento; ahora de la Fundación, hace muchos años de Cámara de la Libre Empresa o a través de un medio de comunicación como lo fue Libre Encuentro.

 

¿En qué momento comenzaste a impulsar el debate de políticas públicas?

–En la época de los setenta, cuando estábamos sufriendo el conflicto armado que se vivió en Guatemala, que también estaba en El Salvador y Nicaragua con serios problemas, etcétera. Y yo me di cuenta que no tenía ningún sentido intentar desarrollar empresas en países fracasados y que debía ser prioridad de cualquier ciudadano, de cualquier sector de la sociedad, el hacer un esfuerzo para de alguna forma construir las bases para desarrollar países de verdad.

 

¿Cuáles crees que son los elementos fundamentales que un gobierno debe adoptar para cambiar la realidad?

–Guatemala, El Salvador y Honduras son un buen ejemplo de cómo no hay que hacer las cosas. En los últimos 30 años las economías de estos tres países han estado básicamente estancadas, sobre todo las de Guatemala y El Salvador. Si uno ve el crecimiento que ha tenido la población en los últimos años y el de la economía, nos damos cuenta que quitando el crecimiento de la población las economías han aumentado entre 1% y 1.2%, es una cifra que no nos lleva a ningún lado. Cuando analizamos un momento histórico relevante que fue haber salido de las dictaduras de los militares e iniciado con la instalación de un sistema democrático, nos damos cuenta que no aprovechamos el marco que esto nos dio. Con esto quiero decir que no desarrollamos instituciones fuertes, capaces de administrar las cosas públicas de forma eficiente, transparente, dando resultados que las poblaciones necesitan y merecen; todo esto no se ha dado. En el caso de Guatemala, alrededor de 8% de jóvenes de entre 18 y 30 años tiene acceso a las universidades; estamos hablando de 309,000 jóvenes en un país de más de 15 millones, y el caso de El Salvador y Honduras.

 

En cuanto a la parte de las acciones que estás llevando a cabo, ¿qué cosas relevantes han sucedido?

–A nivel de la Fundación, lo que tenemos es un programa de televisión que está tocando todos estos temas: sociales, cívicos, políticos, económicos, humanos, etcétera. También desarrollamos proyectos, mesas de discusión con diferentes grupos de la sociedad, con jóvenes para tratar de ir profundizando más en todos estos temas. Trabajamos también en hacer documentos sobre temas específicos de pocas hojas donde hacemos planteamientos serios. Estoy involucrado en el desarrollo de un proyecto que ya es una realidad; se llama Escuela de Gobierno, que inició actividades hace casi un año, y lo que está haciendo es buscar la formación de una nueva clase de dirigentes políticos, de una tecnocracia bien equipada, bien capacitada para poder no sólo rescatar lo que es la administración pública, rescatándola con mejor gente, con gente mejor preparada.

 

¿Comparte el empresariado esta misma visión holística de desarrollo?

–Somos la región más violenta del planeta, donde hay más muertes violentas que en ninguna otra parte del mundo; eso es un absurdo increíble. Esto ha ido construyendo una sociedad —incluyendo a sus élites— donde cada persona vive en su burbuja, se va aislando; hay otros poderes, otras fuerzas que van tomando posesión de la cosa pública, de las cosas importantes del país, y hablo de todo, incluso medios de comunicación, universidades, de todos los estamentos, las instituciones que en todo momento son vitales para el desarrollo de un país van sufriendo de una altísima contaminación de este estado de cosas en el que vivimos; lo que eso va haciendo es enraizar más los problemas y los males, dificultando más la salida.

 

El tema educativo está presente en tu agenda. ¿Hacia dónde se debe transitar en este tema?

–Considero que el mundo –esto es un problema global– tiene un problema serio, y es que en 1950 había 2,000 millones de seres humanos. En los últimos 63 años el planeta creció de 2,000 a 7,200 millones de personas que somos hoy. El mundo ha tenido una evolución extraordinaria , la tecnología ha tenido avances impresionantes, la pobreza a nivel mundial ha bajado, nos curamos más fácil, hay más acceso a la medicina, la expectativa de vida aumentó, pero en este crecimiento tan brutal hay una víctima, hay un elemento importante de la creación que es el ser humano, que no ha sido capaz de evolucionar a la velocidad que lo ha hecho el mundo, hay un desfase; hoy, por ejemplo, tenemos a dos generaciones de seres humanos sufriendo el ser “conejillos de indias” en cómo la tecnología, en su parte negativa (que también la tiene), nos va a afectar, nos está afectando la forma en que eso está desarticulando, destruyendo y desintegrando a la familia, a los grupos sociales, etcétera. Hay consecuencias reales, de ahí los diagnósticos muy serios por centros de investigación y universidades, incluso gobiernos que dicen que la epidemia del siglo XXI va a ser la depresión y que el índice de suicidios va a subir entre cinco y 10 veces según la región del mundo. No estamos preparando a los jóvenes para los trabajos y las oportunidades que el mundo está ofreciendo hoy, y menos para el futuro.

 

Mencionas la necesidad de que evolucione la educación. ¿El empresariado también tiene que evolucionar?

–Sin duda los empresarios de países como Guatemala, El Salvador, Honduras, Ecuador, Bolivia y, en buena medida, del resto de América Latina, Brasil, México, tienen que darse cuenta que no pueden funcionar ni ser empresarios como los de Finlandia, Suecia, Suiza o incluso la misma Francia o Inglaterra. Los empresarios de nuestro continente deben entender que su posición no debe ser la de un empresario común y corriente, como los de primer mundo, sino que tienen que tener una actitud presente, activa, responsable, despierta en la vida cívica, en la vida institucional y en la permanente vigilancia de los valores de una democracia liberal.

 

¿Cómo fue que decidiste que era el momento de dejar en manos de otros la parte operativa de la empresa para poder dedicarte a esta nueva etapa?

–No fue una decisión tan ordenada ni tan consciente; fue más por el resultado de un momento difícil del país en 2010, una época en la que estábamos sufriendo uno de los peores gobiernos que hemos tenido en la historia y durante la cual la tendencia era hacia una situación de alta contaminación del Movimiento Bolivariano en Guatemala, entonces estaban todos los ingredientes, todos los síntomas de que caminábamos hacia eso, y yo esto lo denuncié con toda la energía que pude, hice algunos planteamientos tanto en Guatemala como fuera del país, alerté de los peligros. Creo que había suficientes evidencias que indicaban que los niveles de manipulación y corrupción que había en aquel momento estaban impactando de una forma determinante, no sólo en el sistema electoral y en el sistema de justicia, también en el futuro del país. Eso provocó altos niveles de confrontación entre mi persona y el gobierno en aquel momento, y tuve que tomar decisiones muy difíciles, muy duras, que me hicieron replantear esto que estoy haciendo ahora. Cualquier sacrificio que yo tuviera que hacer iba en función de respetar no sólo los intereses de un grupo empresarial que no es mío; yo tan sólo soy parte de él, y había que cuidar la vida de algunas personas cercanas a mí, que estaban siendo seriamente amenazadas por un gobierno sin escrúpulos.

 

Sin embargo, pese a dedicarte de 2010 a la fecha a esta actividad más social, más humana, la empresa ha evolucionado hacia las telecomunicaciones. ¿Qué oportunidades ve Dionisio en este sector?

–Yo no puedo responder eso. Estoy enfocado en toda esa temática de la que estamos hablando. Si bien estoy en la junta directiva de nuestro grupo, como yo veo esto es que los grupos empresariales como el nuestro tienen vida propia y están de alguna forma diversificados geográficamente. Es un negocio que tiene mucho futuro todavía y eso, pues, tendrá su propia dinámica, pero quiero insistir en la seriedad que tiene separar y reconocer que los grupos empresariales tienen vida propia; eso todavía hace más relevante e importante hacer conciencia en que las personas quienes formamos esos grupos empresariales debemos estar mucho más cerca, más conscientes de esa otra parte de la vida, de nosotros como empresarios, como ciudadanos, que es precisamente velar por que los países sean mejor administrados.

 

¿Seguirás buscando incidir en los próximos años desde la sociedad civil o posiblemente lo hagas desde un puesto de gobierno?

–Como siempre lo he dicho, a través de mi vida y mi participación cívica ni aspiro ni suspiro por un puesto público; no está en mi agenda de vida, y mi plan sigue siendo tratar de aportar todo lo que pueda en este campo intelectual, cívico, social de hacer conciencia, de a veces decir cosas que molestan, de a veces hacer propuestas que retan. Escucho a mucha gente que dice: “hay que ser optimista”, pero cuando nos vamos 100 años atrás, en 1913 Guatemala tenía cerca de 50% de pobreza y en el último siglo la población creció de un millón 600,000 a más de 15 millones; más de la mitad de la población siempre ha sido pobre, algo estamos haciendo muy mal. Creo en el optimismo y creo en la esperanza, pero hay que darle inteligencia, hay que darle fundamento para que realmente estemos siendo coherentes y consistentes.

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