¿Qué clase de Reforma Petrolera se requiere en 2013 para aprovechar desde ahora nuestra vasta riqueza de hidrocarburos? No se trata de esperar a que el hidrocarburo “empolle” para luego aprovecharlo. Responder esta pregunta nos lanza al futuro, en el presente.

 

 

No se trata de ideologías ni de fórmulas preconcebidas, sino de mirar el tema desde la funcionalidad requerida para aprovechar los recursos con los que contamos. Simple y llanamente, no se trata de esperar a que nuestra riqueza petrolera ‘empolle’ para luego aprovecharla. Ni tampoco de esperar a fuego lento, mientras nuestros hijos crecen o maduran otras energías renovables. El momento es hoy.

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México ha sido un país que ha contado con una gran cantidad de recursos naturales. En la sabiduría popular esto se refleja claramente en el famoso mito del “cuerno de la abundancia” que combina la geografía del país y la generosidad de los recursos con los que contamos, de la cual todos nos sentimos parte y a la que todos tenemos derecho por ser mexicanos.

En particular, en el caso de los hidrocarburos, su abundancia no ha sido la excepción. Nuestro país cuenta con considerables recursos petroleros y gas que han sido aprovechados ya por varios años, y existen todavía reservas importantes para explorar y explotar.

Sin embargo, en los últimos años la producción ha mostrado una disminución significativa asociada tanto al agotamiento de ciertos campos de producción, como a la falta de inversiones para desarrollar nuevos campos e introducir nuevas tecnologías.

Asimismo, en el caso de los refinados, tenemos una demanda por gasolinas que crecientemente se satisface con más importaciones. En el caso del gas natural, tenemos alertas críticas que racionan el abasto a precios crecientes a pesar de su abundancia y los precios históricamente bajos en la región.

Si bien en 2008 se aprobó una reforma energética que, aunque amplia, era definitivamente moderada, solo permitía la participación de las empresas privadas en la prestación de servicios de producción mediante los contratos incentivados, daba flexibilidad a Pemex para definir su organización, fortalecía su gobierno y gestión internas, y daba mayor autonomía a la paraestatal, entre otras.

No obstante, la realidad es que la reforma no ha impactado significativamente en el aprovechamiento de la riqueza de hidrocarburos. A reforma moderada, resultados moderados.

Si contar con hidrocarburos es una ventaja comparativa que tiene el país y es vital aprovecharla mientras los combustibles fósiles sigan siendo la fuente principal de energía en el planeta, la pregunta obligada tiene que ser: ¿qué clase de reforma petrolera se requiere en 2013 para asegurarnos que aprovechamos desde ahora nuestra vasta riqueza de hidrocarburos?

Esta interrogante es en sí misma un cambio significativo en la forma de mirar el tradicional debate o conversación acerca de una reforma petrolera. No se trata de ideologías, fórmulas preconcebidas, privatización o no privatización, de blancos o negros. Se trata de mirar el tema desde la funcionalidad requerida para aprovechar los recursos con los que contamos. No se trata de esperar a que nuestra riqueza petrolera “empolle” para luego aprovecharla. Ni tampoco de esperar a fuego lento, mientras nuestros hijos crecen o peor aún, maduran otras energías renovables. El momento es hoy.

Una reforma petrolera que funcione requiere que podamos impulsar la participación del capital privado, en aquellas modalidades de producción en las que no contamos con la tecnología, ni con los recursos humanos y financieros, como Pemex.

Aguas profundas, shale gas y shale oil. En estas modalidades se requiere de tecnología con la que no contamos. Experiencia de técnicos que tampoco tenemos. Y por supuesto, importantes inversiones para impulsar su aprovechamiento.

Por su parte, el sector privado mexicano no tiene tampoco ni la tecnología ni la experiencia dado que Pemex ha sido un monopolio. Así que permitir la participación del capital privado extranjero es necesaria. Es importante reconocer que las empresas que dominan estas modalidades de explotación no están en el negocio de la consultoría tecnológica, sino propiamente en el negocio de producción. Así que sentarnos a desarrollar nuestra propia tecnología equivaldría a empollar nuestra riqueza energética.

 

¿En qué áreas el Pemex debería enfocarse?

 

Aguas someras

Pemex tiene un historial de éxito realizando estas actividades en forma rentable y cuenta con tecnología, recursos humanos y, bajo ciertas condiciones, con los recursos financieros para continuar emprendiendo estas actividades. Así que estas pueden quedarse dentro de un Pemex tradicional que ha probado ser efectivo para esto, sin mayores cambios.

Actividades de transformación

Aquí la baraja es amplia. Se pueden considerar inversiones fuera de México para ampliar la capacidad de refinación y el costo por barril de gasolina. Se pueden generar en México las inversiones con la participación del sector privado, o bien, se puede continuar con la operación dentro de Pemex. En el primer caso hay que considerar los costos de transporte asociados a las importaciones; en el segundo, la competencia con las refinerías operadas por la paraestatal y, en el tercero, los niveles de eficiencia en un negocio con alta competencia y bajos márgenes.

Transporte

Se trata de una actividad que hace sentido que controle Pemex y que cuente con recursos para crecer y desarrollar infraestructura anticipando las necesidades de la economía, apoyándose de inversión privada como se considere apropiado. Existe una gran oportunidad para reducir los costos de los hidrocarburos vía mejores alternativas logísticas usando ductos -como en el caso de gas natural- y es necesario tener un sistema con mayores niveles de redundancias para asegurar un abasto bajo cualquier circunstancia. Tradicionalmente se piensa que el transporte es una “actividad no estratégica” y tiende a ser un tema relegado por considerarse menos importante.

Sin embargo, una característica que se ha pasado de largo en el tema del transporte es que, independientemente de la posición neta de la balanza energética (seamos exportadores o importadores netos de hidrocarburos), se requiere siempre de su transporte y distribución. El transporte es una actividad crucial desde el punto de vista tanto estratégico como regulatorio, pues en un ambiente de acceso abierto y múltiples productores es el medio de ejercer el control por parte de la autoridad. Hacen falta muchos.

 

¿Y cómo organizar a Pemex?

Hoy Pemex requiere con urgencia convertirse en una empresa que tenga mucho mayor capacidad de ejecución, eficiencia y recursos financieros para llevar materializar las inversiones que requiere. Esto implica que la paraestatal se convierta en una empresa y deje de ser un apéndice del gobierno federal que contribuye con una tercera parte de los ingresos presupuestales.

La mejor manera de hacer esto es quitándole todas las cargas impositivas y dejándole una tasa de 30% sobre impuesto sobre la renta, como cualquier empresa, y sólo un pago de regalías sobre producción de gas y petróleo como se estila en muchas empresas de la industria, simplificando al máximo su régimen tributario.

Al convertirse la paraestatal cabalmente en una empresa, tendría la flexibilidad para asignar recursos a los proyectos más productivos, usar las mejores prácticas administrativas y de procura, así como determinar los mejores procesos de negocio elevando su efectividad y rentabilidad. Es necesario que Pemex opere como centro de utilidades y eso le dé alineación interna en el uso de sus presupuestos, tanto de operación como inversión, para ser rentable. Una gestión con base en resultados económicos dará eficiencia a la operación.

Como se puede observar, no es un tema pintado a blanco y negro. En un mundo globalizado, para ser exitosa, la reforma petrolera requerirá atraer capitales de empresas globales en aquellas actividades en las que claramente no contamos con tecnología, ni recursos humanos, ni financieros, además de ser competitiva en el contexto internacional para detonar efectivamente el flujo de  inversiones y tecnologías que se requieren. Tenemos una gran riqueza, aunque no somos los únicos.

Una reforma con estas características requerirá cambios constitucionales y sin duda acelerará el aprovechamiento de nuestra riqueza en hidrocarburos para asegurar energéticos baratos, como factor para impulsar la competitividad de la industria nacional.

No queremos empollar hidrocarburos, ni acumular otro oasis de henequén. Queremos aprovechar hoy con eficiencia y mirada de futuro los recursos de nuestra nación.

 

Contacto:

Twitter:  @MexicoPiensaMas

 

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