Un recorrido por la historia de las mujeres en la lucha libre, lo que hay detrás de sus carreras y su éxito, su lado B, ejemplificado en el caso de la luchadora Amapola. 

 

 

Por años se ha cuestionado el papel de la mujer dentro de varias esferas laborales en las cuales solamente figuraban los varones, pero llegó un día en el que, aparentemente, “así, de la nada” comenzaron a aparecer mujeres en la política, en las oficinas a niveles gerenciales y hasta en la lucha libre; pero, si en ninguna de estas u otras esferas fue realmente “de la nada”, menos en el cuadrilátero.

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Para las mujeres luchadoras, su trabajo representa, a veces, un verdadero martirio, un camino hostil, muestra de ello fue que aunque las mujeres eran bastante aceptadas en el ring, tuvieron que desaparecer de las arenas ubicadas en la capital a causa de la prohibición que se generó después de la quiebra de Televicentro en 1957. Fue hasta 1986 cuando el Reglamento de lucha libre las volvió a incorporar en este deporte y legalizó su práctica en el Distrito Federal.

En ese entonces los uniformes o trajes de lucha de aquellas mujeres eran bastante sencillos, su sensualidad estaba en lo brilloso de las telas y en algunos movimientos corporales sobre el ring, pero en su gran mayoría, ellas sólo subían a dar su pelea y tratar de no decepcionar al público que ya las había incorporado a ese deporte “violento y lleno de sangre”; basta con hacer la similitud de que si la lucha libre no era considerada un deporte familiar, menos se aceptaría que las mujeres, las imágenes consagradas del hogar, dieran espectáculos de esa naturaleza.

Hoy las cosas han cambiado y hay más mujeres que se dedican a la lucha libre profesional, pero también se les ha estigmatizado con actos de coquetería; basta con analizar el nombre y el perfil de la mayoría de ellas, pues con él se busca posicionarlas dentro del medio, donde todavía hay más espectadores masculinos que femeninos. Por ejemplo, “Sexy Star lleva implícito el comportamiento del personaje.

¿Por qué hacerlo y por qué aceptarlo? ¿Por qué no todas las luchadoras utilizan nombres como el de Martha Villalobos, la Bruja o Amapola? ¿O en qué momento esos nombres también quedan grabados aunque no impliquen sensualidad? Primero, es necesario aclarar que en ningún momento se pretende desarrollar la imaginación de los lectores y afirmar o negar que la coquetería que representan las luchadoras en el cuadrilátero se extienda a otro nivel o que pueda nombrarse con algún tipo de abuso; sólo se hace hincapié en que la sensualidad es el “arma” que vende, lo que ayuda a posicionarlas dentro del público, dejando, lamentablemente, su calidad profesional en segundo plano. Pero esto no depende sólo de ellas en muchas ocasiones, sino del promotor o representante con quienes ellas tienes la oportunidad o la necesidad de ingresar a las arenas.

Y era lógico porque después de tres decenios en los que la gente se acostumbró a ver sólo hombres en los cuadriláteros, las mujeres tenían que regresar con mayor ímpetu y fue en las arenas de provincia donde ese vicio se originó y se propagó porque buscaban la manera de llamar la atención en las carteleras e invitar al público a entrar y no salirse a media función. Años después, tanto fue su éxito, que surgió en el año 2000, la empresa de Lucha Libre Femenil (LLF) y Monterrey, Nuevo León, se volvió la cuna de los talentos.

Para ese entonces ya abundaban los nombres “llamativos” para identificar a las luchadoras bonitas, a las de cuerpo afinado, con atuendos llamativos, provocadores, mascarás místicas y seductoras, quienes por lo general estaban en el bando de las técnicas; pero entonces surgió la contra parte, las mujeres rudas que buscaban dañar su belleza y demostrar que en el ring no bastaba con ser atractiva; pero fue más interesante la escena cuando aparecieron las rudas guapas, quienes lucían cautivadoras con los castigos que aplicaban.

Rudas o técnicas, a la mujer en el ring se le considera frágil, aunque ellas han demostrado que también pueden golpearse con sillas, morderse la frente, estrellarse lámparas en el cuerpo, caer entre las butacas e infinidad de castigos más. Tampoco ha importado saber que algunas de ellas en casa lavan, planchan, cocinan, cuidan hijos, atienden a un esposo y procuran su belleza; ante los ojos de un público generalizado, ellas son sólo “la sexy”, “la rubia”, “la mamacita”, “la buenota”, ese público no sabe de dónde vienen ni a dónde van, sólo disfrutan de su espectáculo en el momento.

Algunas luchadoras mexicanas como Amapola han obtenido triunfos en México y el extranjero, por lo que merecen ser reconocidas. Comparto con ustedes algunos fragmentos de la entrevista que me concedió en 2006 y con la que intento ilustrar lo que acaban de leer. En contexto, esta entrevista se realizó después de que Amapola perdiera la máscara contra la canadiense Dark Angel en la Arena México, sin que logre recordar la fecha exacta. Dark Angel era la favorita por su físico, color de piel, no usaba máscara y su rostro angelical acompañaba cada uno de sus perfectos movimientos en el ring; de Amapola, sólo sabían que era ruda, que tenía unos años luchando, que era una luchadora con mucha escuela,  pero nada más. Juzgue usted mismo, cómo es la vida de una luchadora profesional en México.

 

Entrevista con Amapola

Más allá de las rudezas de Amapola, está Guadalupe, la mujer quien, aparte de luchar, también sabe reír, ser solidaria, entregarse por sus sueños y reconocer sus errores, más cuando le hice recordar el día en que perdió la máscara; entonces dice avergonzada: “En ese momento sentí rabia, sentí coraje conmigo misma porque ya tenía la lucha, tenía todo para ganar y en un descuido —por ir a reclamar—, Sarah aprovecha y me rinde. Me salí de la Arena y todavía no analizaba que había perdido la máscara. Sé que actué mal porque al fin y al cabo el público pagó por ver a Dark Angel rapada o a mí sin tapa, según fuera el caso (…). Ahora la aceptación es más grande de lo que era con máscara. Creo que soy una de las rudas consentidas del público. Me siento acogida por la afición; por ejemplo, ahora he ido a arenas en las que no había luchado y la gente me apoya y gritan mi nombre y es en esos momentos cuando dices ¡Caray, mi trabajo vale!”.

“Desde un inicio comencé como Amapola”, dice mientras platicamos de su inicio en el deporte del pancracio. “La inquietud de ser luchadora surgió del ser aficionada: yo veía las luchas por televisión y asistí a una arena, y ahí fue a donde vi lucha de mujeres, pero en mi casa no querían, no me permitían ser luchadora, hasta que yo entregara el título de la carrera que estaba estudiando”.

(…)

“A veces parece que son las mujeres las que (sic) realizan un trabajo impecable.  Últimamente en las arenas a las que he asistido y hay programada alguna lucha de mujeres, el público está expectante ante cada movimiento y los aplausos son más que los abucheos; sin embargo, hay que recordar que este deporte, así como el pugilismo, es bastante complicado para las féminas que incursionan en él y deciden hacer carrera. (…) Otro problema ha sido las barreras a las que nos enfrentamos dentro de este deporte.  La lucha femenil, antes, estaba un  poco limitada, pero a raíz de que el CMLL nos vuelve a dar la oportunidad el 1 de julio del 2005, hemos demostrado que la lucha femenil merece estar en un buen cartel  y tener un lugar respetable, y creo que lo hemos demostrado las que estamos en el CMLL y nos estamos consolidando.”

 

¿Cómo conjunta Amapola sus triunfos y sus éxitos con la vida de Guadalupe?

“Trato de separar la vida personal de la profesional. Los tiempos para estar en casa, con la familia son tan cortos que prefiero olvidarme que soy Amapola y convivo con mi familia, voy al súper, voy al doctor, descanso de los desgastantes viajes y de los entrenamientos.  Si no mantienes esa separación, te pierdes.  Mucha gente piensa que siempre estamos rodeados de personas, pero llegando a tu casa estás en un cuarto de cuatro paredes y te das cuenta de que Amapola, o cualquier otro personaje, es el que tiene a la gente y Guadalupe está sola y esa soledad es necesaria muchas veces”.

 

Y con respecto a los fans ¿Repartes muchos besos?

Jajaja, sí algunos. Incluso he recibido propuestas de matrimonio; sin embargo, hay que deslindar, insisto, lo profesional de lo personal: nunca he salido con ningún fanático. Hay límites y por respeto al personaje y a tu vida propia debes mantener esa línea profesional por respeto a tu trabajo.

 

 

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