Saxo Bank considera que la compañía finlandesa fue la ganadora de la adquisición, mientras que la norteamericana enfrenta un panorama incierto.

 

Mientras que Nokia puede sentirse ganador en la venta de su división de teléfonos móviles, para Microsoft esta adquisición puede resultar en un desastre, asegura Saxo Bank en un análisis.

El analista de mercado, Peter Ganry, indica que la compañía finlandesa obtuvo el mejor acuerdo posible por la venta de su división de móviles, y así se reflejó en el mercado, pues sus acciones subieron 40% después del anuncio del acuerdo.

Nokia, alguna vez líder en la venta de teléfonos celulares, se quedó rezagada tras la entrada de Apple con el iPhone, el primer teléfono inteligente que entusiasmó a los consumidores, y después Samsung lo sacó de la competencia con su amplia gama de teléfonos Galaxy.

Desde entonces, los ingresos operativos de Nokia se fueron en picada: de 7,700 millones de euros (mde) registrados en 2007, cayeron a 1,100 mde al cierre de 2012.

“Nokia se encuentra en una posición en estos momentos que le permitirá desarrollar nuevos emprendimientos”, agrega Peter Garnry.

Mientras que para Microsoft, la compra de la división de móviles puede resultar en un negocio ruinoso, pues además de entrar al muy competido mercado de smartphones, absorbe una plantilla laboral de 32,000 personas, seguramente no muy animadas de tener que trabajar ahora para la compañía norteamericana.

“Las ventas de su Windows Phone no están siendo lo que se esperaba y Nokia también está fallando en sus cifras de ventas; la marca no está logrando que los consumidores cambien sus teléfonos inteligentes Apple y Samsung. Será necesario un recambio enorme en su división de telefonía celular para justificar la adquisición y lograr obtener un buen retorno sobre la inversión”, agrega Saxo Bank en el análisis.

Microsoft pagó más de 7,000 millones de dólares (mdd) por la división de móviles de Nokia, pero el futuro del negocio de es incierto, considera Saxo Bank: “Tradicionalmente, la compañía no es de hardware, y crear una cultura que involucre la colaboración tanto de ingenieros especializados en software como en hardware, es difícil.  Esta estrategia habría sido perfecta para Microsoft, pero llegó demasiado tarde”.

 

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