Los años 80 parecen estar de regreso. Los homenajes están a la orden del día y por todos lados. Desde los guiños musicales de cintas como Está detrás de ti (2014) o los saturados neones de Drive (2011), los guiños metanarrativos de Stranger Things (2016 -) o el regreso de amadas franquicias como Los cazafantasmas. Era inevitable el regreso de Karate Kid, sobre todo pensando en que el último intento por revivir a la franquicia con el hijo de Will Smith no causó el furor esperado. Además, ni siquiera era sobre karate.

La serie Cobra Kai (2018) intenta borrar ese mal sabor de boca retomando a los personajes que hace más de tres décadas conquistaron al público, transformando al villano de entonces, Johnny (William Zabka), en el foco de la nueva trama. Las acciones arrancan mostrando a Johnny como un adulto lleno de fracasos, alcoholizado y sin un rumbo claro en la vida, todavía sufriendo por las consecuencias de su derrota frente a Daniel LaRusso (Ralph Macchio), quien, a su vez, se ha convertido en un empresario exitoso gracias a varias concesionarias automotrices y en un cretino profesional. El rumbo de Johnny cambiará cuando conozca al impetuoso, aunque tímido, Miguel (Xolo Maridueña), un joven que desea aprender karate para enfrentar a los acosadores de su escuela.

De esa manera la dinámica cambia o, al menos, se difumina entre los protagonistas. Si en 1984 sólo existían buenos y malos, hoy día las líneas que los separan se han desdibujado. Ni Johnny, ni Daniel son quiénes su versiones jóvenes parecían pronosticar. Ése es, quizá, el punto más interesante de la serie, así suene a cliché. El mundo de la versión ochentera (como muchas de las producciones de la época) tendía a la idealización, a los contrastes absolutos a costo de tener personajes más profundos. Cobra Kai, incluso con sus propias limitaciones, se aleja de ese tratamiento.

A lo largo de 10 capítulos, dos ideologías se enfrentan y muestran las restricciones de sus alcances. Por un lado, el dojo de Johnny se basa en hacer frente al enemigo siempre, pegar primero y sin misericordia. La enseñanza perfecta para un grupo de muchachos buscando cómo defenderse del mundo y superar introversión, encontrar fuerza en sí mismos (suena ñoño, lo sé, pero así es). Enfrente están las lecciones del señor Miyagi que se enfocan en encontrar un equilibrio entre las fuerzas que nos atribulan como individuos, usar nuestros conflictos internos/emocionales como una puerta para encontrar la paz con quién somos. Aunque se odien a muerte (es un decir), son dos lados de la misma moneda.

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Cobra Kai retrata la manera en que nuestra juventud y sus sucesos (magnificados por la inexperiencia) nos predisponen en la vida adulta. Si el anhelo de Johnny era triunfar en el torneo de karate para validarse como persona frente a su pernicioso padrastro, su victoria como sensei no resuelve esos problemas que carga como una cruz. Acabar con la comida del refrigerador no resuelve la depresión crónica.

Las huellas de nuestro pasado nos acompañarán el resto de nuestros pasos, pero, de ninguna manera, definen nuestra existencia. Bienvenido de vuelta, Cobra Kai.

Foto: YouTube / Cobra Kai

 

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